Lo que está pasando
Revista Electrónica editada por la Asociación Club del Lector, inscrita en el Registro de Asociaciones de la Comunidad de Madrid, nº 28826.
  
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Educar mejor: el previsible informe PISA
Consuelo Martínez-Priego

    

Puesto que procedo del ámbito educativo por partida doble -doy clase en la facultad a alumnos que serán maestros y psicopedagogos- me atrevo a opinar; es decir, aportar algo sin la argumentación completa que haría de cada afirmación una verdad que infundiera certeza. Señalo algunas realidades para ser consideradas en su conjunto por los lectores.

Desde que se inician las grandes modificaciones legislativas con la democracia, además de ponerse en tela de juicio la primacía de la libertad de la educación por entenderse la universalidad de este derecho como necesariamente procedente de la escuela como "servicio público" -asunto francamente cuestionable-, se introducen cambios en los pilares pedagógicos y psicológicos que las sostienen. Señalaría dos:

A. Primacía del aprendizaje de procedimientos en detrimento de los contenidos.

B. Sobrevaloración del punto de partida del alumno frente al punto terminal.

A todo esto conviene añadir la variable oportunista de contenidos y el positivismo -pérdida de lógica interna de los mismos frente a la mera presentación de datos so capa de objetivismo-.

Si todas estas propuestas pedagógicas y psicológicas son de suyo discutibles teóricamente y de probada ineficacia práctica -ya se había educado así en otros países-, la democratización de la escuela -el complejo democratizador- supone un ingrediente distorsionador más. Presuponer que las relaciones educativas, ya sea en la institución ya en el aula, son mejores si reduplican los procedimientos democráticos, es simplemente un error. Hace ya demasiados años se –en la primera mitad del siglo XX- vio claro: no implica una mejora de la calidad y eficacia educativa, sino más bien al contrario. La pérdida del criterio de diferencia entre maestro y alumno, entre padres e hijos, implica la pérdida de la relación enseñanza-aprendizaje en sentido propio.

Un último elemento: el maestro debe poder ejercer la "co-acción" -actuar con, hacer que se haga-, no sólo "proponer actividades". Forma parte del ejercicio del poder: lo ha de tener por el papel social que ocupa dentro del aula; y es necesario que lo ejerza por simple requerimiento de justicia -los demás deben poder aprender cuando algún alumno distorsiona el clima del aula-. También ha de poder estimular y despertar el deseo de imitación y seguimiento (autoridad), para lo cual la conciencia de sí del maestro tampoco puede ser de corte democrático, sino "aristocrático" (valga la expresión). Obviamente esto es imposible en contextos de zafiedad, de minusvaloración de la manifestación de educación en el trato, de respeto y signos de reconocimiento de esa autoridad.

Resumiendo: 1. La educación como responsabilidad estatal y no familiar sitúa su influencia en segundo plano teórico y práctico, y esto es un problema. 2. Considerar que lo importante es que el alumno simplemente mejore y no que alcance objetivos es también un problema. El niño tiene que esforzarse y aprobar o suspender, llegar o no. 3. Los contenidos son condición de posibilidad para el aprendizaje de procedimientos. Una cosa es que la mera memorización aporte poco rendimiento educativo y otra que los alumnos no tengan nada sobre lo que pensar, memorizar, razonar, o que esto sea francamente escaso. 4. Dejar los contenidos en manos de los políticos, que puedan recortarlos a su arbitrio o utilizarlos como arma ideológica es todo un problema. En general les suele interesar más la ignorancia que la libertad de pensamiento, dominar que dejar hacer. 5. El objetivismo reduccionista: es requerido por una escuela en la que no se comparten valores sino que se buscan mínimos comunes para convivir levemente; o porque se imponen valores desde el estado y no se permite a las familias que los enseñen, que tengan la iniciativa y la independencia correspondientes. Esto rompe la solidez de la autoridad del maestro y de los padres. 6. Considerar que toda institución ha de ser democrática -es casi el modelo populista lo que se instaura- es contrario a la naturaleza de la educación.

Y todo esto no es más que un pequeño argumento para sostener que es posible, lógico y, a todas luces real, que la educación en España está en una situación francamente lamentable.

Consuelo Martínez Priego

Prof. Antropología

Leer más:

A. Llano, Repensar la universidad

http://www.clubdellector.com/fichalibro.php?idlibro=4526

I. Enkvist, Repensar la educación

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L. Polo, Ayudar a crecer

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10-12-2007









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