Memorias de guerra de un sacerdote

Durante la Segunda Guerra Mundial el sacerdote alemán Bernard Häring fue incorporado a la Wehrmacht como sargento de Sanidad. En Rusia fue condecorado por su valor al atender a los heridos y moribundos y él mismo resultó herido. Testigo de las matanzas perpetradas por el ejército alemán, también encontró militares profesionales que le apoyaron en su tarea sacerdotal y humanitaria. Cuando terminó la guerra buscó los medios para volver a Alemania, mientras que todo un cuerpo de ejército, estúpidamente retenido en el Este y abandonado por sus mandos, emprendía el camino de Siberia donde muchos encontrarían la muerte. La imagen y el título que figura en ella son de la edición francesa de 1996, ya que en España el libro no ha sido reeditado.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1978
164
978-8425407369
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Este breve y conmovedor libro está lleno de enseñanzas históricas y sacerdotales. Häring afirma que si no hubiese sido por la crueldad de la que hizo gala el ejército alemán en Rusia el resultado de la guerra pudiera haber sido distinto. Cuando se supo que en su rápido avance los alemanes no hacían prisioneros, la resistencia militar se endureció y la población civil dejó de colaborar con quienes inicialmente pensaba que habían venido a liberarles del comunismo.

Muy pocos alemanes dominaban el idioma ruso por lo que la relación con la población ocupada fue a través de amenazas, represalias y hechos consumados. Häring se esforzó por aprender el idioma lo cual facilitó su labor en medio de la población civil. Resalta el carácter caritativo y cristiano del pueblo ruso a pesar de que llevaba veinticinco años privado de sus sacerdotes.

El sargento Häring ejerce su misión sacerdotal, pero no sin antes haberse esforzado al máximo como sanitario. De acuerdo con los Tratados Internacionales presta sus servicios igualmente a los soldados alemanes y a la población rusa ocupada. Aprecia la liturgia ortodoxa y con el tiempo –actuó como teólogo en el Concilio Vaticano II- sacará consecuencias de ello para tratar sobre el ecumenismo, la liturgia y la labor pastoral de los sacerdotes.

Sin embargo existe una gran diferencia entre los tiempos de guerra y la paz. Los ortodoxos, que durante la guerra recibían al sacerdote alemán y le llevaban a sus hijos para que los bautizara, no actuarán de la misma forma en el futuro. Por su parte los soldados alemanes de religión evangélica, que asistían a la Misa del P. Häring y recibían de él la absolución de sus pecados, no lo harán cuando se haya restablecido la paz. Es lógico y debe ser así.

Una cosa deja clara el autor y es que el sacerdocio hay que vivirlo sin complejos. Los nazis le respetaban porque sabían que les hacía frente, pero se ensañaban con quienes les temían. Dice el proverbio: "Los valientes mueren una vez, mientras que el cobarde muere todos los días". También deja claro el autor que las órdenes injustas e inmorales no deben ser obedecidas en ningún caso. Häring sufrió repetidas denuncias por ejercer su ministerio sacerdotal o por utilizar los suministros médicos para atender a la población civil y siempre encontró apoyo en los mandos profesionales contra la vesania de los oficiales nazis.