Caligrafía de los sueños

Historia ambientada en un bar donde Ringo, un joven de quince años de mediados de los cuarenta, se pasa sus momentos libres repasando sobre una mesa las lecciones de piano que su familia ya no le puede pagar.
En ese mismo bar, Ringo es testigo del comienzo de la relación entre Vicky Mir y el señor Alonso quien se va a vivir con ella a la vivienda donde también habita Violeta, la hija de la señora Mir. Sin embargo, la tranquilidad de ese hogar se altera cuando un domingo Vicky se suicida echándose a las vías del tranvía. El señor Alonso desaparece, mientras Ringo aprende a leer y a escribir.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2011
440
Valoración CDL
2
Valoración Socios
1.5
Average: 1.5 (2 votes)
Interpretación
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Género: 

Comentarios

Imagen de Rubito

Después de la reseña tan completa de Porto poco me queda por decir, solo un par de cosas de forma telegráfica: Novela triste y deprimente. A excepción de Ringo, que no es ni bueno ni malo, los demás personajes carecen de cualquier tipo de valores, se mueven a ras de tierra-en dos dimensiones- y carecen virtudes humanas. De las otras mejor ni comentar. Creo que el autor exagera para dar más morbo a la obra pues parece imposible que entre todos los personajes que aparecen, ninguno tenga un cierto sentido del deber, de la lealtad, de la amistad, la honradez, etc. Para dedicar unas horas a la lectura hay bastantes obras mucho mejores donde elegir.

Imagen de Porto

En la presentación del libro el mismo Marsé confiesa que se trata de “mi novela más autobiográfica” y uno de los protagonistas, Ringo, tiene muchos rasgos que recuerdan al propio autor, quien recrea sucesos verídicos de su infancia y adolescencia. Ringo es un chico adoptado que delira con ser pianista, quiso ser escritor y acaba torrefactando café de madrugada en un garito y trabajando en las llamadas entonces tiendas de ultramarinos. Como otras novelas de Marsé la acción transcurre en la Barcelona de postguerra.
La ridícula y apasionada historia de amor frustrada entre Viky una de las vecinas del barrio, sanadora, masajista, quiniesóloga y experta en dolencias lumbares y uno de sus clientes, el exfutbolista Abel Alonso, sirve de pretexto para contar una historia difusa pero sobre todo para volver a ese mundo desarraigado y popular que tan bien conoce, de los años 40 en Barcelona. Y así la vida diaria del barrio popular, los bailes, los cines, la bodega Rosales como centro de cotilleo e información, el franquismo y antifranquismo y los dardos anticlericales siempre presentes en las novelas de Marsé dibujan todo un panorama desolador y pesimista, lleno de tristeza y en el que apenas se trasluce esperanza. Pero hay belleza en la narración y aunque no pasa casi nada y el tiempo parece que se estanca, se lee con gusto porque la maestría del autor en este tipo de novelas tan suyas es innegable.
El personaje Ringo es interesante, es el rebelde frente al padre amargado y alimenta “una nostalgia de futuro y una creciente hostilidad hacia el entorno” acrecentado por sus numerosas y caóticas lecturas. Es un soñador solitario y fantasioso, que se va distanciando de sus amigos y del determinismo social innato al destino de muchos de ellos. Ringo le saca partido estético a su sentimiento de desarraigo y soledad. Poco a poco abandona su ilusión de ser músico por la de escritor, lo que le permite “reinventarse a sí mismo y repeler el entorno hostil” en el que crece.
A diferencia de otras novelas de Marsé, al ser la acción más difusa y menos consistente, se da mayor entrada a las digresiones abandonando su peculiar y atrayente realismo vital, como si el propio autor se sintiese saturado de un mundo dependiente en exceso de la memoria personal.
Resumiendo: aunque no falten en Caligrafía de los sueños ninguno de los famosos ingredientes del autor, incluidos con mucho oficio y mucha experiencia, hay también un embeleso en la repetida recreación de un escenario, unos personajes siempre perdedores y unos temas que ya bordean el estereotipo.