Frankenstein

Publicada en 1818, cuando su autora contaba con veinte años, esta novela es un caso llamativo de precocidad, de aceptación popular y de una sostenida reticencia por parte de la crítica. Se trata de una historia básicamente original –no apoyada en mitos, como la posterior Drácula de Bran Stoker- que supone una resurrección de la novela gótica que ya declinaba. La imaginación de Mary Shelley nos lleva hasta el Polo Norte, donde el explorador Robert Walton recoge a un hombre en un estado lamentable. Se trata de Víctor Frankenstein, que a la pregunta de hacia dónde se dirige responde enigmáticamente: "Voy en busca de alguien que huyó de mí". Aquí arranca la terrible historia de un hombre que desde joven sueña con "eliminar de la humanidad toda enfermedad y hacer invulnerables a los hombres". Apasionado por la ciencia, se dedica frenéticamente a investigar el principio de la vida. Encerrado en su laboratorio llega a descubrir la manera de "infundir vida en la materia inerte". Loco por el hallazgo, soñando con ser el creador de una nueva especie, decide construir un ser humano. Pero al insuflarle vida, Víctor se da cuenta de la monstruosidad que ha cometido: ha creado un engendro abominable de dos metros y medio, y huye aterrado. A partir de ahí, el monstruo comienza su vida independiente: alejado de su creador, deberá aprenderlo todo, también el dolor y el rechazo. Se convierte en un ser sanguinario que pronto comenzará a dejar un horroroso rastro de sangre a su paso. La fama de Frankenstein, alimentada por excelentes versiones cinematográficas –inolvidable la imagen de Boris Karloff-, no sólo se sustenta en su condición de relato "de horror": también plantea interesantes cuestiones sobre los límites de la ciencia, el juicio por las apariencias, la soledad del ser rechazado por la sociedad.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2005
272
84-15717-60-7

5ª Edición

2007
304
9788420666495

Edición de Bolsillo: 8€

2014
70
978-84-677-221
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
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Género: 

Comentarios

Imagen de acabrero

Frankenstein es una novela echada a perder por unas películas. Me he dado cuenta que al sugerir su lectura a algunas personas me han mirado con cierto desagrado, como si estuviera sugiriendo algo aborrecible. En su momento muchos vieron alguna de las versiones cinematográficas y nunca llegarán a enterarse de qué iba la novela. Para empezar -y no deja de ser significativo- el nombre de la novela se identifica con el monstruo, pero el monstruo no tiene nombre y Frankenstein es el apellido de Víctor, el científico creador de aquel ser repugnante. Quizá lo que más se puede decir es: aquel pobre ser que viene a la vida por capricho de un científico, es un pobre desgraciado, solo en la vida. No tiene a nadie similar. Y esto recuerda a los primeros capítulos del Génesis donde se cuenta la creación de la mujer para que el hombre no está solo. Este pobre engendro innominado se vuelve cruel y terrible porque está solo, y como su creador hizo algo feo y detestable, ninguna persona quiere saber nada con él, y huyen ante su presencia. Leer artículo...

Imagen de wonderland

Dieciocho años tenía Mary Shelley cuando escribió las primeras líneas de Frankestein, una obra cuya popularidad, debida en parte al cine y al teatro, ha hecho disminuir notablemente el número de lectores, que no se deciden a leerla por considerarla harto conocida. Y sin embargo Frankestein es mucho más que la historia de un doctor un poco raro que un día creó un monstruo. Debajo de la aparente anécdota de terror, aparte los aspectos latentes de la crisis política, social y religiosa de la época, hay otra historia no menos angustiosa: la del ser monstruoso que intenta superar su deformidad por medio del lenguaje y la razón.

Imagen de paulo

Un libro leído, mientras me encontraba estudiando en EE.UU. Me impresionó por la fuerza y pasión del lenguaje utilizado por el monstruo rechazado, que solo un anciano ciego y un niño lo icieron sentir como un hombre.
Había conocido la película, por lo tanto al leer el libro me quedé pásmado de la "elegancia" y delicadeza del lenguje utilizado. Ciertos pasajes son de una sutileza conmovedora -cuando el monstruo se encontraba en el bosque- insospechados por mí para aquel entonces.
Las circunstancias en las cuales se escribió el libro resulta igualmente curiosas, según tengo entendido Mary Shelley junto a su esposo -famoso por igual- y Lord Byron entre otros de los presentes, en un lugar remoto CREO que de Suiza, se comprometen de común acuerdo realizar una especié de competencia referente a quién podría escribir la mejor historia de miedo.