Cuentos de la Alhambra

El libro está compuesto por una serie de capítulos que se abren con la descripción el viaje desde Sevilla, llegada a Granada e instalación en la Alhambra, deliciosamente salpicados de observaciones sobre las costumbres, indumentaria y comidas e impresiones personales, y entre las que ocasionalmente y a cuento de cualquier observación, una cruz en el camino o una puerta tapiada, surge la leyenda.

El cuerpo del libro lo constituyen las leyendas propiamente dichas, todas las cuales giran en torno a la Alhambra. En ellas no improvisa. Se asesora. Elige a sus informantes entre los "hijos de la Alhambra", los miembros de familias que durante generaciones han habitado en ella.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1991 Miguel Sánchez
345

Publicado en Londres en 1832. Edición americana ampliada en 1857. Título original: La Alhambra. Una serie de leyendas y apuntes sobre moros y cristianos.

2004 Edimat
222
1951 Padre Suarez
356
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.6
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Washington Irving fue secretario del Consulado norteamericano en Madrid entre 1829 y 1832. En ese periodo viajó por el país y conoció la ciudad de Granada. Atraido por el ambiente moro que aún se respiraba en la ciudad, se alojó en la Alhambra: "Isla de sueños y arrayanes"- la llamará. Escribe sobre la vida y peripecias de sus ocupantes y se hace narrar las leyendas que tienen como escenario la fortaleza.

El relato comienza en la primavera de 1929, cuando el autor viaja entre Sevilla y Granada. Acompaña a los viajeros un mozo vizcaino, encargado de las monturas y las vituallas. Hacen el camino en varias etapas, pernoctando en posadas. El autor describe el carácter de sus ocupantes, la pobreza y la fiesta. Para mí es la mejor parte del libro.

El viajero llega a Granada y se aloja en la Alhambra, Real Sitio y fortaleza mora medio abandonada. La vigilan soldados inválidos y la ocupan familias humildes y vagabundos. A través de ellos conocerá el autor las leyendas que giran alrededor de la fortaleza. La mayor parte se refiere a encantamientos, pasajes subterráneos y tesoros escondidos. En este sentido resultan algo repetitivas. En alguna se cita a Boabdil, último Rey de Granada, de la dinastía nazarí que sin embargo había dado grandes gobernantes al Reino. En la Leyenda del Peregrino de Amor el autor introduce a un buho circunspecto y a un papagayo charlatán. El detalle recuerda a las fábulas y cuentos centroeuropeos.

En mi opinión, lo mejor de los "Cuentos de la Alhambra" es su estilo literario. El traductor, Ricardo Villa-Real, en el Prólogo a la edición de 1953 reprocha a Irving "el uso y abuso del adjetivo con valor artístico y estilístico" (pág.7). A mí me encantan sus metáforas, comparaciones y adjetivos que dan lugar a expresiones nunca leidas anteriormente; como cuando llama a la guitarra "talismán de la alegría española" (pág.293), o dice de alguno de sus personajes que es "alegre y activo como un saltamontes" (pag.296). El profesor Villa-Real utiliza en su traducción términos castellanos de la literatura clásica, que dan calidad al texto. Se incorporan grabados sobre la Alhambra de artistas románticos y dibujantes de la época.

Considero que lo mejor de esta obra es la reproducción del ambiente decimonónico en España y el lenguaje que se utiliza para describirlo. Para estudiantes de filología y literatura.

Imagen de acabrero

Creo que tiene un gran interés histórico para entender un poco de la evolución de la Alhambra. Sitúa mucho sobre los diversos espacios del edificio y llama la atención la situación de descuido en la que se encontraba en la época en la que la visita el autor. Los cuentos son desiguales, pero en todo caso mantienen muy bien el ritmo y la atención del lector.

Imagen de Joliex

Es una obra simpática y generosa, cuya concepción supera el trabajo usual de reunir una serie de narraciones e integrarla con base en una visión de género. Por principio de cuentas, el autor se incluye en el texto como personaje, estableciendo así un enfoque personal, de relación directa con el ámbito de lo narrado. En segundo lugar, la estructura dada al material habla de cómo llegó a Granada, de por qué la Alhambra fue lugar de residencia del autor, y de la tristeza sentida cuando los asuntos lejanos hicieron obligatoria la partida. Tercer aspecto, Irving nos ofrece un retrato cordial y amable de las personas reales con quienes compartió su estancia en el lugar.
De esta manera, el libro avanza llevado por una mezcla de dos tiempos distintos: el presente, tiempo al que corresponde el universo de la realidad cotidiana (1829), rico en descripciones de edificios, calles, gente, costumbres, comidas, paisajes, etcétera, que constituyen un testimonio de primera mano sobre la España meridional de aquel momento. Y, desde luego, está el tiempo de los cuentos y las leyendas, generalmente indefinido, pero enclavado en un ayer muy lejano. A él corresponde el mundo de la fantasía, con clara huella de su procedencia oriental, pero injertado ya de esencia española.
El tejido de ambas realidades, la cotidiana y la del folclore, se da en el libro de Irving sin problemas de costuras demasiado visibles o puntos de inverosimilitud extrema. El autor ha creado un ámbito de gozos y sorpresas. Que el lector disfrute esta incursión en el universo literario de Washington Irving.