Los caminos del desengaño

Eugenio Vegas Latapie, que había luchado denodadamente durante la República en el campo ideológico, siente que durante la Guerra no tiene nada que hacer en la España nacional. Su objetivo es la restauración de la Monarquía en la persona del Príncipe de Asturias, don Juan de Borbón, pero en la España sublevada el ambiente no es monárquico.

Los nuevos falangistas -de todas las procedencias- lo ocupan todo y no permitirán conspiraciones monárquicas, democristianas y ni si quiera de los "camisas viejas" de Falange. El factotum de la nueva situación es Ramón Serrano Suñer, antiguo diputado de la CEDA y cuñado de Franco.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1987
530
84.7273.135.9

Edición póstuma. Subtírtulo: Memorias políticas (II) 1936-1938.

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El autor reproduce en varios lugares el aforismo según el cual son las ideas las que mueven el mundo, pero en el segundo volumen de sus Memorias políticas (1936-1938) queda claro que Acción Española, movimiento católico e intelectual inspirado por él, no tenía cabida en el Nuevo Estado. Lo que contaba en aquel momento era conseguir el poder y ganar la guerra.

Vegas se descompone al comprobar como políticos de todas las ideologías de antes de la guerra se habían integrado sin dificultad en la nueva situación y vestían la camisa azul: republicanos como Mola o antiguos diputados de la CEDA como el mismo Serrano Suñer, dueño ahora de la situación. Los nuevos falangistas lo llenan todo y se han adaptado al régimen de cargos y prebendas -los emboscados-, mientras tanto la juventud muere en los frentes de forma heroica. Vegas recupera a su familia, pero su hermano José ha muerto en Somosierra y su madre en Madrid.

Eugenio siente que su lugar está en el frente, pero repetidamente se le convoca en Salamanca para desempeñar cargos civiles, en la Comisión de Cultura y Enseñanza o en la Delegación de Prensa y Propaganda. Se le respeta, pero no confían en él. El autor se despacha criticando a unos y otros mientras mantiene una intensa relación con la Casa Real, en Roma. Está en contacto con sus antiguos amigos de antes de la contienda, pero se le vigila y es cesado como Consejero de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, el partido único surgido del Decreto de Unificación de las fuerzas políticas.

Vegas relata el drama de Manuel Hedilla, sucesor de Jose Antonio Primo de Rivera al frente de la Falange, que por las disensiones internas fue condenado a dos penas de muerte. Indultado, padeció prisón en Las Palmas y destierro en Baleares. También relata la lucha -no muy interesante- por la titularidad de "El Debate", periódico católico y de la CEDA inspirado por don Angel Herrera Oria. Este se encontraba en Friburgo y no se atrevía a volver a la zona nacional porque se había opuesto a la sublevación. Por el libro desfilan numerosos personajes, interesantes sólo para la pequeña historia.

Advierte el autor cómo es necesario el transcurso del tiempo para juzgar una situación histórica (habían transcurrido casi cincuenta años desde la Guerra Civil cuando se escribieron estas Memorias) y cómo aquella fue una reacción social de defensa, apartidista, frente a la revolución, el desorden social y el comunismo disfrazados de legalidad republicana. Como prueba, Ortega y Gasset afirma que el ochenta y ocho por ciento de los catedráticos de universidad se habían pasado a la zona nacional. Tanto Ortega, como Marañon y Pérez de Ayala habían contribuído a la consolidación de la Republica, pero desengañados, abandonaron la zona controlada por el Gobierno y se posicionaron a favor de Franco.

El autor acompaña como Apéndice un interesante ensayo del doctor Marañón bajo el título de "Liberalismo y Comunismo (Reflexiones sobre la revolución española)", en el que denuncia la debilidad de los liberales republicanos -entre ellos él mismo- por no haber visto el peligro que se les venía encima. Afirma que el 12 de mayo de 1931, con la quema de iglesias y conventos sin que el Gobierno reaccionase, se inició el declive de la República. El resto de los documentos incorporados como Apéndices carecen de interés.

Como ya se ha dicho, el autor se pierde en ocasiones en detalles poco interesantes, pero refleja el ambiente en la zona sublevada. Para historiadores de la República y de la Guerra Civil.