En torno al concepto de España

En 1951, el catedrático de Derecho Político Luís Sánchez Agesta pronunciaba una conferencia en el Ateneo de Madrid bajo el título de "En torno al concepto de España". En la misma, y dentro de los límites doctrinales que imponía el momento, identificaba el ser de un pueblo con su tradición y ésta con los valores practicados por ese grupo humano a lo largo de la historia.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1951
35

Colección dirigida por Florentino Pérez Embid.

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Es difícil imaginar que hoy pueda preguntarse alguien por el concepto de España, sin embargo es utilizado constantemente para afirmarlo o ponerlo en duda. Fuera de nuestras fronteras se admite comunmente. Por ejemplo en Alemania se dice "es orgulloso como un español", luego existe un estereotipo, más o menos acertado, sobre el ser de España como colectividad.

En 1951 no hacía tanto que había terminado la Guerra Civil y el país se encontraba empobrecido y aislado internacionalmente. En los momentos de crisis los países se preguntan por su razón de ser y su destino. Es lo que venía haciendo el nuestro desde el reinado de Isabel II y sobre todo desde que, en 1898, había sido humillado con la pérdida de sus últimas colonias americanas. Por eso Sánchez Agesta se remite a las corrientes de pensamiento regeneracionistas y tradicionalistas: desde Joaquín Costa y Menéndez Pelayo hasta Vázquez de Mella y Ramiro de Maeztu. A causa de la situación política no cita a autores tan destacados como Ortega y Gasset o Sánchez Albornoz.

Sánchez Agesta utiliza cuatro criterios definitorios en la continuidad histórica de un pueblo: Territorio, biología, vinculos espirituales y realizaciones históricas. Sólo desarrolla el tercero, al que denomina vínculos espirituales. Los descubre en la tradición: "Identidad del ser de un pueblo en la historia" (pág.23). Advierte que el espíritu de un pueblo puede ser objeto de desviaciones, lo que justificaría que no se manifieste en todos los momentos y todos los sujetos, y que pueda oscurecerse por causa de ideologías e incluso de intereses.

Nunca he comprendido a los autores que identifican el ser de España con el sentido cristiano de la vida, Sánchez Agesta lo hace. El carácter español es generoso pero no necesariamente religioso, y sobre todo es individualista. Los héroes en España han sido individuos actuando frecuentemente al margen, cuando no en contra de la voluntad de los gobernantes. Esto es así desde Mio Cid y Hernán Cortés al Alcalde de Móstoles y don Santiago Ramón y Cajal.

Esta falta de espíritu colectivo tiene consecuencias desagradables para el cuerpo social, como son el cuestionamiento permanente de las instituciones y la necesidad periódica de acudir a gobiernos autoritarios para remediarlo. También hay que reconocer que no todas las regiones españolas se ajustan a ese patrón de conducta individualista y generoso. Las hay que pueden llegar a actuar de forma pragmática aunque egoísta. Ello supone un factor más de disgregación en el cuerpo social. Es importante descubrir dónde están los problemas para ponerles remedio siempre que sea posible.