Cenizas de plata y sangre

Una mujer enfrentada a dos amores y un destino trágico en el Cádiz de los años cuarenta.

Cádiz, 18 de agosto de 1947. La terrible explosión de un polvorín de la Armada envuelve la ciudad en una inmensa bola de fuego y destrucción. Calles enteras son reducidas a escombros y cenizas. Mueren ciento cincuenta personas y hay más de cinco mil heridos. ¿Accidente o sabotaje? El gobierno, en plena posguerra, echa tierra sobre la tragedia y el misterio sobre la explosión de Cádiz perdura aún en nuestros días.

Almudena de Arteaga ha investigado a fondo y ha descubierto viejos documentos que le han dado la pista para reconstruir lo que realmente pudo ocurrir. Y con sus dotes de novelista, ha devuelto a la vida a tres personajes inolvidables inmersos en un peligroso triángulo amoroso: Ingrid, una doble espía alemana; Frías, un anarquista español, y Guillermo, capitán de corbeta, en unas páginas llenas de intriga y una pasión desbordantes.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2018
348
9788491644293
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Imagen de Azafrán

Novela de espionaje e intriga que se desarrolla entre Francia, el norte de África y la ciudad de Cádiz. El hecho histórico sobre el cual Almudena de Arteaga construye su obra es la explosión del polvorín de la Armada que tuvo lugar en la ciudad de Cádiz el 18 de agosto de 1947.

Comienza la novela con una introducción en la que Almudena de Arteaga conoce a una anciana, Ingrid, quien le confiesa su participación en la explosión que causaría 157 muertes y la destrucción de una parte considerable de la ciudad de Cádiz.

¿Cómo llegó Ingrid a tomar parte en aquella explosión?

Ingrid había nacido en Colonia y allí se había establecido. Regentaba una tienda de antigüedades. Vivía con su madre y sus cuatro abuelos, cada uno de los cuales le enseñaron sus lenguas maternas: ruso, español, francés y alemán, que además era la lengua en la que se desenvolvía en Colonia.

La noche del 20 de mayo de 1942, Colonia fue bombardeada. Ingrid perdió a toda su familia, su hogar y su tienda de antigüedades. En su huida se trasladó a París donde contactó con la resistencia. Su oculta intención, ayudar a los suyos, los alemanes, revelando los planes de la resistencia.

Su enlace en París era un español, Manolo, un activista republicano huido al acabar la guerra civil española. Ella se presentó como Sophie. Se presentó y se entregó a Manolo para ganar su confianza. El fin justifica los medios, aunque no sean moralmente buenos.

Su primera misión fue destapar al grupo de la resistencia con el que vivía. Recibió la orden de abandonar la buhardilla antes de las doce de la noche. A última hora le dio pena entregar a Manolo y preparó una estratagema para que él se salvase. Poco después Manolo, en otra misión, fue preso y enviado a un campo de concentración nazi.

Los alemanes la enviaron a Tánger porque en París ya la conocían algunos miembros de la resistencia. Llegó a Tánger el día de Reyes de 1944. Y el cónsul alemán le facilitó un trabajo en una tienda de porcelana. Así, Sophie volvió a ser Ingrid. Su trabajo consistía en descubrir la información que por esa tienda circulaba entre los miembros de una red de espionaje española, cuyo cabecilla era un oficial de la armada española, Guillermo, quien recababa información sobre las logias masónicas que intentaban acosar a Franco. Ingrid, rápidamente, se unió afectivamente a Guillermo y este le pidió que trabajase con él como espía tanto en Tetuán como en Tánger. Así la introdujo en toda clase de reuniones de alta sociedad y ella, por un lado, informaba a Guillermo sobre las acciones de la masonería y, por el otro, informaba al cónsul alemán y a la Gestapo de cómo podían desarmar moralmente a los aliados.

Terminada la guerra, Guillermo retornaba a Cádiz, e Ingrid, embarazada se empeñó en ir con él. Guillermo le solucionó el tema de la vivienda, pero una vez en Cádiz, desapareció. Ingrid recibió una invitación a trabajar para la KGB rusa.

Pasaron los meses e Ingrid decidió necesitó trabajar ante la prolongada ausencia de Guillermo. Averiguó que un local situado debajo y con una escalera interior que daba acceso a su piso estaba vació y pertenecía a una de las familias más pudientes de la ciudad. En él pretendía pintar y restaurar porcelana que era lo que sabía hacer. Consiguió darse a conocer a un grupo de la alta sociedad de Cádiz y abrió su local donde ofrecía clases de pintura sobre porcelana.

Dos meses después apareció Guillermo. Ingrid le comunicó su embarazo y él mostró su rechazo. Una gran decepción para Ingrid.

Ingrid decidió continuar su vida y su embarazo. Sus nuevas amigas, de las familias más pudientes de Cádiz la ayudaron al creer que era una viuda joven. La invitaban a toda clase de acontecimientos en la ciudad. En uno de esos acontecimientos conoció a una mujer embarazada, como ella, que resultó ser la esposa de Guillermo. Tras la conmoción aceptó el trabajo para la KGB.

Una de sus amigas quiso ofrecer un regalo a un convento de monjitas. Como supuso que a Ingrid le vendría bien un apoyo económico, le encargó que pintase una imagen de la virgen en el convento.

El 22 de febrero nació Dolores, su hija. Y las monjas le enviaron a Carmela, una mujer viuda con hijos que trabajaba para el convento. Carmela le contó que el hermano menor de su difunto marido le había pedido matrimonio justo antes de partir para la guerra, como miembro de la División Azul. Pero, no había vuelto a saber nada de él desde que había ingresado en un campo de concentración en Moscú. Ya habían transcurrido seis meses desde que la KGB le ofreciese el trabajo. Ahora le proponen preparar el terreno a un espía que va a provocar una explosión. Su misión requería de ella que hiciese las paces con Guillermo, para sonsacarle información de la base naval, donde éste desempeñaba su trabajo.

El agente enviado resultó ser Manuel, el conocido de la resistencia en París.

Ingrid consiguió hacer creer a Carmela que Manuel era su novio desaparecido en un campo de concentración en Moscú, que volvía para casarse con ella. Iba a vivir en la casa de Carmela y a trabajaren la base naval, en los astilleros.

Ingrid, igualmente, consiguió un informe que llevaba en la cartera Guillermo, sobre la cantidad de explosivos almacenados por Alemania en la base naval de San Fernando, en previsión de un ataque aliado desde África.

Y esa cantidad de explosivos abandonados serán los que Manuel hará explosionar provocando 157 muertes, heridos y la destrucción de media ciudad de Cádiz.

La novela termina cuando Ingrid confiesa su participación en esta catástrofe a la escritora a quien le pide que lo ponga por escrito.

La trama está bien tejida. La carencia del sentido moral del bien conlleva que las personas busquen alcanzar sus objetivos personales, prescindiendo del daño que pueden causar a los demás. Conlleva igualmente, la utilización de los otros como meros instrumentos en sus proyectos.