Le llamé Corbata

En el banco de un parque se encuentran dos perfectos desconocidos: el joven Hiro, un hikikomori, veinteañero japonés que ha vivido recluido en su habitación los últimos años, y un hombre mucho mayor, un salaryman, un oficinista como tantos otros. ¿Qué hacen allí, fuera de sus habituales refugios? Día tras día van contándose sus vidas el uno al otro. Ambos son marginados que no soportan la presión de la sociedad, y al experimentar de nuevo el afecto y que tras la tristeza puede esconderse la risa, retoman fuerzas para la despedida definitiva y emprender un nuevo comienzo.
Le llamé Corbata es una novela bellamente escrita sobre gente que habla de cosas que normalmente silenciamos, que conjura el miedo a todo lo que se sale de la norma y nos muestra la enorme fuerza anárquica de la renuncia. Una historia sobre el Japón contemporáneo, que es a la vez una historia sobre la vida cotidiana de todos nosotros.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015
128
978-84-16396-08
Valoración CDL
3
Valoración Socios
4
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Imagen de Azafrán

La autora, nacida en Austria, de madre japonesa, escribe esta novela en la que integra lo japonés, términos de vocabulario, costumbres, alimentos, etc., en el cosmos de lo europeo.

Los protagonistas principales son un joven, Taguchi, que lleva dos años aislado en su habitación, (en Japón, estos jóvenes reciben el apelativo de hikikomori) y un slaryman, un empleado de oficinas, despedido por haberse dormido durante el trabajo y bajo rendimiento.

Ambos coinciden una mañana sentados en un parque, en bancos opuestos. Durante los días sucesivos, ambos regresan al parque. El joven observa al hombre perfectamente trajeado, con corbata gris a rayas rojas, que come a la hora del almuerzo la bentó-box preparada por su esposa.

La situación repetida día tras día hace que el oficinista se dirija al joven y se presente como Ohara Tetsu y que comience a contarle su historia: el motivo por el que viene al parque mientras su esposa Kyoko continúa levantándose a las siete para prepararle la bensó para el trabajo, como conoció y pidió en matrimonio a Kyoko, cómo es ella, etc.

Ante estas confidencias, el joven Taguchi comienza a contarle los sentimientos más angustiosos de su vida y que son los que le han llevado a alejarse de la sociedad en un intento de acallar su conciencia. Le habla de su amigo Kumakoto Akira, un joven inteligente que quería ser poeta y a quien la incomprensión de su familia y de sus compañeros le llevaron a plantearse el suicidio. De hecho, convocó a Taguchi para que asistiera a su suicidio y cuando le vio llegar se lanzó debajo de los automóviles. Este suicidio junto con el asesinato de su amiga y vecina, Yukiko Miyajima, la niña nieve, le causaron un terrible dolor.

Yukiko vivía con su familia en unas condiciones tercermundistas. Los compañeros la rechazan por el olor. Las agresiones suben de intensidad y terminan con su asesinato.

En los dos casos, el joven Taguchi se abstuvo de auxiliar a sus amigos. Miró para otro lado. Esa es la causa primera de su remordimiento y de su aislamiento.

Por su parte, el salaryman Tetsu, reconoce que el cansancio anímico que le llevó a dormirse en el trabajo se debía a la no aceptación de un hijo que había tenido con su esposa Kyoko y que nació con discapacidades. El niño vivió unos meses y él nunca lo tomó en brazos, ni le dedicó una caricia. Cuando murió el niño, Tetsu comprendió lo que suponía su actitud de rechazo y lo que había perdido.

Los diálogos y las confesiones de sus problemas personales les ayudan a admitir sus errores, a aceptar la realidad y a superar la situación de aislamiento en la que viven.

Imagen de polvorista

Ocurre a veces que comienzas a ojear un libro y casi sin advertirlo estás inmerso y contemplando un mundo cotidiano que te ha sacado del tuyo. Esto me ha pasado con “le llamé corbata”, para mí una joya literaria que te encuentras sin ser consciente. Además de la belleza con que Milena Michiko escribe, llena de cierta poesía y sobriedad, transmite los sentimientos, vacíos, soledades, heroísmos y miedos con una contundencia tal que al acabar una frase, tienes que pararte a saborearla: “Al igual que antes, la cuestión era estar solo. No quería encontrarme con nadie. Encontrarse con alguien significa implicarse. Quedar anudado a un hilo invisible. De ser humano a ser humano. Nada más que hilos. En todas direcciones. Encontrarse con alguien hace que te conviertas en parte de su tejido; precisamente esto era lo que trataba de evitar. (cap 8)” Al hilo de una conversación de gestos y miradas hasta que días más empiezan a manar las palabras, en esta breve novela se va desgranando la vida interior de dos personas singulares, Un Hikikomori: En Japón persona que se niega a salir de casa de sus padres, se encierran en su habitación y reducen al mínimo el contacto  con su familia. Y un Salaryman: En Japón, empleado varón de una empresa que se encuentran a diario en un parque. La alternancia de historias es desgarrada y al mismo tiempo conmovedora.