La India

Como una carta escrita desde la India, el autor, sacerdote católico residente en ese país, va desgranando los problemas que se plantean después de que el país asiático obtenga la independencia en el año 1948.

Explica las diferencias filosóficas y culturales que encuentra en el país respecto de Europa, y del hinduismo respecto al cristianismo.

El afán del autor por hacer una síntesis religiosa le llevó a querer incorporar a su vida las religiones orientales. Antes de morir renunció a cualquier error y se reintegró a la Iglesia católica.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1959
138

Subtítulo: Gente, cultura, creencias.

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Entre las cuestiones que plantea el libro es interesante el problema de las lenguas en la India (capítulo II). Parece claro que un país necesita de una lengua que lo vertebre y haga posible la comunicación interior.

Si creemos a Panikker en la India "aparte de innumerables dialectos, hay una docena de grandes idiomas con larga tradición y literatura propias" (pág.30). El idioma mayoriatario es el hindi, aunque sólo lo habla el 42% de la población. La solución que han dado las autoridades indias al problema es la siguiente: "Utilizar las lenguas regionales para todas las actividades de los Estados [la India es un Estado federal], aprender y utlizar el hindi para las relaciones nacionales [federales], conservando el inglés como tercera lengua para intercambios culturales internacionales" (págs.34-35). Sin embargo, el autor considera que este reparto de lenguas y competencias peca de optimismo (pág.35).

Las diferencias entre la India y Europa en cuanto a filosofía y modo de vida son importantes.  En Occidente la filosfía es racionalista y la estructura social tiende al igualitarismo. En cambio en la India la filosofía es más intuitiva, vitalista, sacralizada, en la que el hombre es un elemento más de la naturaleza. En cuanto a la estructura social está jerarquizada a través del sistema de castas. Para el autor, en la cultura India se hace preciso distinguir lo que obedece a un impulso religioso auténtico y lo que son excrecencias culturales -incluso supersticiones-, como puede ser el propio sistema de castas o el respeto a la vida animal que puede llegar a ser agobiante e incluso ridículo; p.e. respetar la vida de un mosquito.

El hindú piensa que todas las religiones son iguales, como ríos que desembocan en el mismo mar, y vincula el cristianismo con las sociedades occidentales. Panikker defiende que lo que procede es purificar el hinduismo para acercarlo al cristianismo. Desgraciadamente no se trata de un problema filosófico, sino que es la gracia de Dios a través de los santos, p.e. santa Teresa de Calcuta, la que puede pasar por encima de las diferencias culturales.

Panikker se obsesionó con algo que es cierto, que "un hombre religioso de buena fe -aunque su religión sea objetivamente falsa- está más cerca de Dios que un incrédulo y materialista sin religión" (pág.91). A partir de ahí trató de incorporar a su vida hinduismo y budismo hasta perderse en un sincretismo sin salida.