Adiós, muñeca

Moose Malloy, un gigantón sentimental, acaba de salir de prisión donde ha cumplido una condena de ocho años. Ahora busca a su pequeña Velma con la que iba a contraer matrimonio cuando le encerraron. Una pretensión tan razonable, pero ocho años tarde, desencadena una ola de asesinatos. El detective privado Philip Marlowe se ve involucrado en el caso porque pasaba por allí y Moose Malloy le cae simpático.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2010
287

Publicada originalmente en 1940

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La base de la novela negra está en la descripción de un ambiente y de unos personajes característicos. Tiene que haber un investigador y unas víctimas; pero también suele haber policías, intermediarios que saben más de lo que aparentan, porteros, taxistas y bares. La trama ha de ser sencilla, la acción rápida y la solución bien fundada deberá irse desvelando paulatinamente ante los ojos del lector. Los años de la depresión en USA fueron buenos para la novela negra igual que lo fueron para el cine. Chandler, que tenía una buena formación literaria pero escasos medios de vida, abordó este género en 1933 y ya no lo abandonó hasta su muerte en 1959. El detective privado Marlowe no es un personaje refinado, su profesión no se lo permite, y bebe whisky como si le fuera la vida en ello, pero no carece de detalles de caballerosidad y sabe moverse también en los ambientes elegantes de Los Ángeles. En "Adiós, muñeca" la trama se complica innecesariamente y la acción se ralentiza con escenas y personajes superfluos. Malos "de película" como el vidente Amthor, un vulgar estafador, el doctor Sondeborg, un médico corrompido, y Brunette, dueño de un casino flotante, nos anticipan parcialmente lo que luego serán las novelas de Ian Fleming.