Asesinos sin rostro

El inspector Kurt Wallander, entrañable e inolvidable personaje de las nueve novelas que protagoniza. Siendo esta la primera de la serie. Kurt Wallander atraviesa uno de los momentos más sombríos de su vida personal (sus relaciones familiares son un desastre, está ganando peso, bebe mucho y duerme poco) cuando debe ponerse al frente de la investigación del asesinato de un apacible matrimonio de ancianos en una granja de Lenarp. El marido ha sido horriblemente torturado y la mujer muere estrangulada poco a poco, con el tiempo justo de pronunciar antes de morir la palabra «extranjero». Kurt Wallander y sus colegas deberán enfrentarse no sólo a un asesino muy especial, que tiene la sangre fría de alimentar a los caballos del establo después del crimen, sino a una comunidad irascible, presa de insospechados prejuicios raciales. Wallander sabe de sobra que la pacífica apariencia de algunas personas oculta a veces un auténtico monstruo, de modo que no se hace ilusiones acerca de la sociedad en la que vive... La novela está bien escrita, con seguridad, estilo lacónico y buen sentido de la intriga, que consigue interesar en todo momento.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
344
2006
304

3ª Edición

2006
306
2001
304

Título original: Mördare utan ansikte. Traducido por Dea Marie Mansten y Amada Monjonell Mansten.

2008
301
978-84-8383-520
  • Encuadernación: Rústica
  • Colección: Maxi
  • Idioma: Español
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.3125
Average: 3.3 (16 votes)
Interpretación
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16 valoraciones

Comentarios

Imagen de enc

Las novelas policiacas son novelas de entretenimiento. Simenón, que fue maestro en este género, nos hizo ver cuales han de ser sus características: una prosa sencilla, unos personajes con los que el lector se pueda llagar a familiarizar, reproducción del ambiente y cierto interés en la trama. Mankell cumple con todos esos requisitos para entretener al lector. Una explicación de pasada, por ejemplo que el inspector H. gasta su dinero en las carreras de caballos, proporciona el elemento humano que nos acerca a los personajes. El autor capaz de reproducir un ambiente tiene, por fuerza, que haberse aproximado al mismo, pero desconozco si Mankell se ha movido en los ambientes policiacos suecos.

Imagen de Rubito

(de Ángel García Prieto) Es una novela con todos los ingredientes clásicos del género, que se enriquece con un ambiente y una personajes distintos, ya que se desarrolla en una pequeña ciudad de la región escandinava de Escania, en la última década del s.XX. Pero, sobre todo, el relato pretende ser algo más que una novela negra y consigue convertirse en un retrato social en el que se perfilan de una manera clara y convincente algunos de los problemas sociales y deficiencias morales del mundo occidental, como el divorcio, las ligerezas de costumbres amorosas, la precariedad de las relaciones intergeneracionales, la xenofobia y la soterrada violencia que puede latir tras las frustraciones de algunos ciudadanos...Temas muy candentes hoy en el pulso de nuestra sociedad y que son expuestos, sin moralinas, de una manera cruda, pero también serena e incluso hasta cierto punto simpática.

Imagen de Guille

El racismo, la xenofobia, e incluso el fascismo con su mecanización de la muerte, son los temas de esta novela. Narrada con convicción y habilidad, va desgranando las diversas vueltas de esta investigación doble, llena de callejones sin salida, donde la intuición más que la lógica parece ser la aliada fiel del detective.

En esta novela de tantos personajes, uno destaca especialmente. Se trata de Rydberg, un detective particularmente minucioso, protagonista de algunas de las mejores escenas, que no deja que los sentimientos le cieguen ante la realidad que tiene ante los ojos. Es un hombre que simplemente no cae ni en un extremo ni en el otro.

El personaje protagonista, Kurt Wallander, sostiene toda la narración y es realmente su problemática personal lo que impulsa la novela. Enfrentado a unos crímenes que no entiende y con una vida personal desbaratada, es su lucha por resolver esos dos aspectos lo que mantiene la atención del lector. Al final, la recompensa no está tanto en la resolución de los crímenes, como en comprobar la reacción del policía ante el mundo nuevo que descubrió al entrar por primera vez en aquella habitación salpicada de sangre por todas partes.

Asesinos sin rostro es una novela ágil y efectiva, apasionante en la interacción de los personajes (porque realmente acción física hay muy poca), que no vacila en reflexionar sobre los cambios sociales de su país de origen y, por extensión, en el resto de Europa. El mundo simplemente cambia, y las formas de matar también, pero un asesinato sigue siendo un asesinato.