Cinco horas con Mario

Una mujer acaba de perder a su marido y vela el cadáver durante la noche. Sobre la mesilla hay un libro -- La Biblia -- que la esposa hojea. Va leyendo los párrafos subrayados por el hombre que se ha ido para siempre. Una oleada de recuerdos le viene a la mente y empieza un lento, desordenado monólogo en el que la vida pugna para hacerse real otra vez. La pobre vida llena de errores y torpezas, de pequeños goces e incomprensiones. ¿Ha conocido Carmen alguna vez a Mario? Escuchemos el irritante discurrir de la pequeña y estrecha mentalidad de la esposa. Otro hombre irá poco a poco descubriéndose, para todos menos para ella, con toda su desesperanza y su fe en la vida. Cinco horas con Mario es una novela de profunda indagación psicológica que, a través del alma de una mujer puesta al descubierto, llega hasta el fondo de la sociedad española de nuestro tiempo. Sólo un escritor de la categoría de Miguel Delibes podía enfrentarse con este difícil tema y presentar propuestas de envergadura.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2000
296
9788423302703

Primera edición de 1968

2010
280
978-84-233-4256
  • Colección: Destino Clásicos
Valoración CDL
4
Valoración Socios
3.444444
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"Cinco horas con Mario" tiene algo de biografía de Delibes y otro tanto del retrato de una época. Una época que fue conservadora en las ideas y que, quizá sin darse cuenta, evolucionaba hacia un modelo más igualitario y con un mayor bienestar económico. Uno de los exponentes de esta nueva sociedad más confortable fue la generalización progresiva del uso del vehículo particular, el más difundido de los cuales fue el Seat 600. Carmen, la viuda de Mario, había suspirado toda su vida por disponer de un "seiscientos", pero había sido en vano. Su marido era un Quijote, un paladín de la justicia a su pequeña escala provinciana, y ello le había hecho perder muchas oportunidades para desesperación de su esposa. En los años sesenta, a partir del Concilio Vaticano II, se introdujeron en España las ideas de un progresismo cristiano que en el ambiente conservador se confundieron con ideas de izquierdas. Quienes las sustentaron fueron muy criticados y algunos terminaron por abandonar la Iglesia para encomendar su alma a la política. No fue el caso de Delibes. El compromiso de los cristianos con la justicia, tal como lo plantea el autor a través de la caricatura del difunto Mario, todavía hoy es una asignatura pendiente para los católicos. Como había dicho Mario con gran escándalo de las señoras del ropero de caridad: "La caridad debe tapar los huecos a los que no alcanza la justicia". Al tratarse de un monólogo, "Cinco horas con Mario" podría alargarse indefinidamente e incluso hacerse pesado para el lector, sin embargo el estilo de Delibes, bajo el que se oculta un humor innegable, cautiva la atención del lector mientras Carmen recita sus quejas y sus desgracias ante al cadáver del esposo difunto.

Imagen de Mon

A mí me atrae mucho la manera en que Delibes consigue describir a los personajes sirviéndose de esos espejos deformados: la conversación "tendenciosa" de Carmen va retratando a Mario. Una técnica semejante la emplea en "Señora de rojo sobre fondo gris" aunque al revés: describiendo a su mujer, el narrador se retrata a sí mismo. En "Cinco horas con Mario" además, hay una sugerente gradación, una intensidad creciente que se percibe por detrás de lo que, en apariencia, son reiteraciones y reiteraciones. Tanto Carmen como Mario resultan muy humanos y cargados de limitaciones. Aludiendo a la pregunta con la que m castro cierra su reseña, también podría preguntarse al terminar la novela ¿Era consciente Mario de que estaba casado con Carmen?

Imagen de m castro

Una mujer acaba de perder a su marido y vela el cadáver durante la noche. Sobre la mesilla hay un libro -- La Biblia -- que la esposa hojea. Va leyendo los párrafos subrayados por el hombre que se ha ido para siempre. Una oleada de recuerdos le viene a la mente y empieza un lento, desordenado monólogo en el que la vida pugna para hacerse real otra vez. La pobre vida llena de errores y torpezas, de pequeños goces e incomprensiones. ¿Ha conocido Carmen alguna vez a Mario?