Crónicas berlinesas

El volumen reúne una selección de los artículos que Joseph Roth dedicó al Berlín de los años veinte. En ellos el periodista recrea con mano maestra la peculiar atmósfera que reinaba en la capital alemana durante la República de Weimar. Ningún ambiente de la ciudad le es ajeno, se interesa tanto por los grandes almacenes, los parques públicos y la naciente industria del espectáculo como por los medios de transporte, los barrios pobres en los que vivían los inmigrantes judíos, los baños turcos y los garitos frecuentados por delincuentes de medio pelo. «Yo dibujo el rostro del tiempo» afirmó en una ocasión refiriéndose a su cometido como reportero. Nada más cierto: de la lectura de estos textos, en su gran mayoría inéditos en castellano, escritos entre 1920 y 1933 y publicados en distintos periódicos, emerge el poderoso retrato de una metrópoli inquieta y deslumbrante en uno de los momentos más críticos de su historia.
 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
292
84-95587-29-9
Valoración CDL
3
Valoración Socios
4
Average: 4 (3 votes)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

3 valoraciones

Comentarios

Imagen de enc

Roth es un observador del Berlín de los años veinte. Trabaja como periodista y escribe maravillosamente. Siente curiosidad por aquellas cosas en las que los demás apenas se fijan: los viajeros de un vagón de tren o los patios de las casas, y escribe sobre ellas. Para Roth las crónicas periodísticas deben ser sintéticas, ir al fondo humano de la cuestión y tener valor literario (pág.252). A lo largo de la historia son pocos los periodistas que han logrado ese nivel de excelencia en sus columnas, dándoles así un valor intemporal. El humor, la ironía suponen un plus en esa calidad literaria.

El periodista visita los barrios de Berlín en los que se hacinan los judíos llegados del Este escapando de los pogromos. Escribe sobre el asesinato por jóvenes nacionalistas del Ministro de Asuntos Exteriores de la República, Walter Rathenau, judío y patriota aleman. Habla de "esas muchachas en flor, rubias como el trigo, que han nacido para ser madres y se convierten en furias de la política" (pág.204) y se burla de la inauguración del Parlamento, remedo de democracia, en la que nazis y comunistas cantan simultáneamente "Deutschland úber alles" y La Internacional tratando mutuamente de ahogarse las voces (pág.211).

El último artículo de esta antología, "El auto de fe del espíritu", lo escribió en 1933, cuando los nazis ya habían tomado el poder, proscrito a los autores judíos y quemado públicamente sus obras declarándolas anti-alemanas (pág.223). Roth está exiliado en París y reivindica a los autores judíos como los más alemanes, siendo a la vez europeos (pág.232). Denuncia el militarismo prusiano y se burla del mariscal Hindenburg, dos veces Canciller de la Republica, que reconocía públicamente que jamás había leído un libro (pág.228). Hindenbug dió paso a Hitler en la Cancillería.

La gran pregunta es qué puede hacer un intelectual contra la barbarie. Qué pudieron hacer los intelectuales judeo-alemanes salvo huir, que es lo que hicieron Roth, Döblin, Thomas Mann, Stephan Zweig y tantos excelentes autores. Por primera vez -afirma el autor- los judíos son perseguidos no por matar a Cristo sino por haberlo engendrado (pág.232). Lamenta que la Iglesia católica acabe de firmar un Concordato con la Alemania nazi y critica que los judíos alemanes hayan tratado de asimilarse en la sociedad alemana, en vez de acudir a sus raíces religiosas y culturales para hacer frente al antisemitismo.

Imagen de wonderland

Joseph Roth entre los años 20 y 30 escribió varios centenares de artículos, que fueron publicados en el Frankfurter Zeitung. En este libro se nos ofrecen algunos de esos artículos, frutos de su actividad periodística, que describen el Berlín entre guerras desde la perspectiva del escritor. Precisamente no le gustaba Berlín, sobre todo veía con desilusión y nostalgia los estragos que iba causando el creciente progreso, el materialismo. Los artículos están agrupados según su temática. Nos habla de su comunidad judía, del ajetreo de las calles, de las comisarías berlinesas, de los mercados y, en fin, de la crisis de la República de Weimar. Pero además refleja su conocimiento de la vida social, cultural de la gran ciudad, pues habla del cine, los grandes almacenes, la industria del entretenimiento, los cafés, el ambiente literario, el tráfico, el ritmo de la ciudad... Y todo en un tono más o menos irónico y sobre todo, escéptico, frente a los avances del progreso. “Crónicas Berlinesas” es un buen ejemplo de su talento periodístico y del alto concepto que tuvo de este oficio: "Yo no hago comentarios divertidos. Yo dibujo el rostro del tiempo. Y esa es la tarea de un gran periódico". La presente edición incluye además fotos de la época y un posfacio en el que se ofrece una breve visión de la vida de Roth como articulista y escritor, y de su relación con Berlín.

Imagen de Artemi

Después de pasearme por el barrio de Malá Strana y de disfrutar de los cuentos de Jan Neruda me he leído Crónicas berlinesas, de Joseph Roth. Ha sido un paseo muy distinto, más deshumanizado, aunque en apariencia debía ser lo contrario, dado que se trata de una selección de crónicas de la vida cotidiana del Berlín de los años veinte. Los artículos pretenden dar cuenta de toda la realidad urbana de aquel Berlín, cosmopolita, bohemio y burgués, con sus barrios y sus cafeterías, con su tráfico y sus grandes almacenes. Las cinco primeras páginas justifican la edición de este libro, especie de canto poético y épico a la vida cotidiana, retomando el tópico de la ciudad frente al campo, de la civilización frente a la barbarie, tan habitual en la literatura latinoamericana del siglo pasado. Interesante el artículo que dedica a la estación de ferrocarriles, poema en prosa que suscribirían Marinetti y compañía. Más humano el artículo que dedica al camarero encargado de la prensa en una cafetería, o al barrio judío o a la piscina que abre en verano. Si quieres darte un paseo por Berlín, años veinte, he aquí el libro, con muy buenas fotografías.