Cuando fui skin

El escritor Asís Arana dialoga con Pablo, sacerdote católico que había militado en el movimiento skin. Éste le cuenta cómo fue captado para el movimiento, las fechorías que llegó a realizar en él y posteriormente su conversión y llegada al sacerdocio.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2010
383
978-84-08-09422
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.5
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Imagen de acabrero

La historia de Pablo, el cura que fue skin, es verdaderamente sorprendente. Pablo es ahora un sacerdote diocesano que trabaja en la diócesis de Madrid. En su día, cuando era un chaval, se metió, por una serie de casualidades, en un movimiento skin. El relato es apasionante. Las diversas vicisitudes de su vida, las barbaridades cometidas, el efecto del alcohol y de las drogas, son temas que aparecen con estremecedora realidad, no como contenido de una novela. Su proceso de conversión y posterior ordenación sacerdotal surge como algo sorprendente, inimaginable. Hay que decir que la técnica de relato seguida por el autor, que se mezcla de vez en cuando en el relato, es mala. Las primeras páginas se hacen soporíferas, lentas, sin interés. Realmente uno sigue porque sabe dónde va a terminar. Es bueno tenerlo en cuenta para no desanimarse. Cuando el libro entra en el meollo de los acontecimientos es difícil dejar de leer. Sólo queda una duda: ¿qué es ficticio en el relato? Está claro que en lo esencial el libro cuenta una historia verdadera, pero el autor admite la intromisión de ficción. Quizá esto pueda quitar un tanto de fuerza a la historia. Pero en todo caso merece la pena leerlo.

Imagen de enc

Edith Stein fue una filósofa judía, discípula de Husserl, que se convirtió al catolicismo y murió en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. Cuenta en su autobiografía que hallándose en casa de unos amigos tomó de la biblioteca la Vida de Santa Teresa de Jesús, la leyó y al terminar dijo: "Aquí está la verdad". Es la misma impresión que se recibe al terminar de leer "Cuando fui skin".

Hay, sin embargo, un detalle que cuestiona esa impresión inicial: El protagonista, hoy sacerdote, no puede identificarse públicamente a causa de su pasado y el libro ha sido redactado por otra persona, el escritor Asís Arana. Éste advierte que ha novelado algunos extremos sin advertir cuales, por lo que el libro pierde valor como testimonio. Aun así y a expensas de saber cuál sea la aportación del autor (posiblemente la reconstrucción de los diálogos), el relato es hermoso y convincente dentro de su dureza.

Lo primero que nos enseña la historia de Pablo es que las ideologías no son inocuas como se pretende. Las hay que van a favor del hombre y de la sociedad y las hay que van en contra. Hoy se suele afirmar que en una democracia se pueden defender todas las ideas siempre que se haga por medios no violentos. Sin embargo una ideología que inspira el odio es mala en si misma. Vemos como los gobiernos no permiten que virus letales circulen libremente por un territorio sino que tratan de aislarlos, combatirlos, advertir a la población e inmunizarla contra ellos. Hay ideologías y  actitudes –"por sus obras las conoceréis"- que son como virus en el cuerpo social y causan daños individuales y colectivos. No son indiferentes y hay que combatirlos con la verdad.

Pablo describe la soledad a la que le conduce la ideología que ha adoptado, el enfrentamiento permanente con su familia y con sus mejores amigos a los que causa daños profundos, su adicción a los fármacos. Sólo en el seno del grupo se siente valorado. Sabe que su vida ya no tiene remedio y busca un desenlace rápido. Finalmente es un grupo de jóvenes de su Instituto que frecuentan una parroquia, los que consiguen que Pablo se comporte como una persona consigo mismo y con los demás. El resto es gracia de Dios.

Nos encontramos ante un libro bien escrito, que se lee de un tirón -más allá de las primeras páginas en las que se desvela la duplicidad entre protagonista y narrador-. Un libro iluminador sobre la verdad que sigue estando donde ha estado siempre: en el bien, el respeto a los demás y en los Sacramentos que Jesucristo dejó a su Iglesia, entre otros la confesión y el sacerdocio.