De profundis

De Profundis es, sin duda, el texto más íntimo de Oscar Wilde (1854-1900) y en el que la inspiración lírica está libre de los preciosismos que aparecen en sus obras. En esta larga carta que dirigió desde la cárcel de Reading a su amante lord Alfred Douglas, se revela la parte más viva y más honda no sólo de su clara inteligencia sino también de su compleja personalidad humana. De Profundis marca el punto culminante de la vida y filosofía personal de su autor y evidencia cómo todas las experiencias adquirían para él significado artístico. Wilde, que había luchado por huir tanto del dolor como de la degeneración del espíritu, que había perseguido siempre el placer estético y logrado la máxima brillantez social, tuvo que vivir en los últimos años de su vida el escándalo, la vergüenza de un terrible proceso que lo envió a la cárcel, el desprecio y las burlas de sus múltiples enemigos. Pero, durante su permanencia en prisión, Wilde descubrió por primera vez el significado del dolor, un mundo hasta entonces desconocido para él y que, como algunos críticos señalan, de haber continuado por ese camino nos habría proporcionado sus verdaderas obras maestras.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
132
2011
296
978-1-84022-40
1982
209
84-7520-056-7

Traducción de Margarita Nelken. Introducción de Carmelo Sánchez Castro.

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En el centenario de la muerte de Oscar Wilde, año 2000, se dijeron tantas cosas sobre Oscar Wilde que no cuadraban con mi percepción de ávido lector de su obra, que decidí investigar las circunstancias de su vida y de su muerte: una vida de búsqueda anhelante de Dios con final feliz. El resultado de aquella investigación fue un artículo que puede leerse en ESTE ENLACE.

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Leemos en el Prólogo a la edición de 1982 que, "en 1884 Oscar Wilde se vio enfrentado a serios problemas económicos, y ello le obligó a contraer un matrimonio sin amor, basado en puras conveniencias" (el subrayado es mío). De ese matrimonio nacieron dos hijos. En otoño de 1891, el autor conoce a un joven estudiante de Oxford de 21 años de edad: Lord Alfred Douglas, "Bosie". Wilde contaba entonces 37 años y "se siente encandilado por los supuestos encantos del caprichoso Bosie, iniciando con él una amistad que le llevaría a la ruína moral y económica" (pág.13).

Cuenta el autor cómo la relación duró tres años y llegó a contraer numerosas deudas para obsequiar a Bosie. Finalmente, el padre de Lord Douglas lleva a Wilde ante los tribunales y éste es condenado a dos años de prisión: "Por actos sumamente indecentes con personas de sexo masculino". En mayo de 1895 ingresa en la cárcel de Reading. Cuando escribe su Carta a Bosie ("De profundis"), Wilde está a punto de cumplir la condena. Reprocha al joven Lord que no le haya escrito en ese tiempo, relaciona sus desdichas y recuerda al joven que se encuentra encarcelado por culpa de él.

Wilde desarrolla una teoría sobre la humildad y el dolor. Considera que él ha llegado a ser humilde gracias a la prisión. A continuación hace un batiburrillo muy poco decoroso, sobre la figura de Nuestro Señor Jesucristo. Para Wilde el Señor fue un poeta. Cita al francés Renán que había publicado una obra desmitificadora sobre la "Vida de Jesús". Wilde era irlandés, posiblemente de origen católico, y expone toda suerte de ideas sobre la Religión, la Cruz y la Gloria, unas más acertadas que otras. Concluye que "ni la religión, ni la moral, ni la razón pueden prestarme auxilio" (pág.116).

Que Wilde no aprendió nada de esta experiencia ruinosa lo demuestra el hecho de que al salir de la prisión se trasladó a Francia de nuevo con unos amigos, se entrevistó varias veces con el tal Douglas, lo que le supuso nuevos perjuicios, y finalmente murió en París, a los 46 años de edad, pobre y alcoholizado.

Pienso que esta obra puede ser un buen ejemplo, si no de Literatura de inconsecuencia moral, y que como tal debía ser estudiada. El autor es vanidoso como un pavo real y se pone como ejemplo y paradigma de una generación. Posiblemente confunde la fama con la excelencia, pero se ve a sí mismo por encima de otro romántico célebre: Lord Byron (pág.111). Si hemos de creer a la Introducción, contrae matrimonio debido a necesidades económicas y contando con tendencias homosexuales. Eso sí que es un delito. Por último se deja arrastrar por el demonio meridiano, aquel que nos ataca durante la madurez para persuadirnos de que todavía somos jóvenes. Ello le lleva a malgastar su poco o mucho dinero en obsequiar a su joven amigo perdiendo cuanto tenía. Él mismo lo razona: "Esto sólo podía ser hecho por un hombre dotado de una incomparable bondad de corazón o una infinita estupidez. Por desgracia, en mí uníanse perfectamente ambas cosas" (pág.185. El subrayado es mío).

No quiero decir que esta obra no tenga algunos momentos de lucidez, otros conmovedores y algún rasgo de valor literario, pero tampoco demasiados. Se lee con facilidad.