Dios y la ciencia: hacia el metarrealismo

Desde la antigüedad más remota hasta nuestros días, los pensadores han estudiado la posibilidad de tender puentes entre el mundo visible y el invisible. Siempre han existido dos grandes bloques: unos niegan que existan tales puentes y sostienen posiciones que van desde el materialismo hasta el agnosticismo, y otros afirman que los puentes existen y son transitables. En la época moderna, estas discusiones se encuentran frecuentemente relacionadas con el progreso de las ciencias.

El prestigioso pensador francés Jean Guitton pertenece al segundo bloque, el de quienes afirman la existencia de puentes, y pretende fundamentar sus razonamientos en los conocimientos científicos actuales. En este libro mantiene un amplio diálogo con dos astrofísicos, los hermanos Igor y Grichka Bogdanov, que comparten las ideas de Guitton y les prestan la base científica.
 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1998
0

Coatures: Grichka Bogdanov e Igor Bogdanov
4ª edición

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No son pocos quienes, en nuestros días, afirman que existen puentes entre la ciencia y la religión. Sin embargo, no todos los puentes son sólidos y ni siquiera llevan siempre al mismo lugar. Por ejemplo, Paul Davies escribía en 1983 que en la actualidad la ciencia proporciona un camino más seguro para llegar a Dios que el ofrecido por la religión tradicional, pero el puente de Davies conducía, en aquellas fechas, a una especie de panteísmo en el que se venían a identificar el universo y la divinidad en una mezcla incoherente y explosiva. Davies admite en la actualidad que el puente puede llevar a un Dios personal. Son abundantes las publicaciones en las que científicos, filósofos y teólogos tratan estas cuestiones con éxito desigual.

El puente de Guitton está diseñado para conducir hasta un Dios personal creador. Esta construido sobre pilares firmes: sobre la convicción de que el progreso científico manifiesta la existencia de un orden muy notable, y el orden del universo remite a un Creador inteligente. Lo que resulta problemático es el rigor de las argumentaciones, el paso de la física a la metafísica, o sea, el puente mismo.

En la contraportada del libro se dice que en la actualidad , la ciencia plantea cuestiones que, hasta una fecha reciente, pertenecían a la teología o a la metafísica, y se añade que esto es unaevidencia. Es lo mismo que en los últimos años viene repitiendo Stephen Hawking. Las respuestas de Hawking y Guitton son muy diferentes, incluso opuestas, pero en ambos casos se tiene la sensación de que se lleva a la ciencia demasiado lejos, haciéndole decir cosas que realmente no está en condiciones de afirmar.

En efecto, como todo mortal, el científico se plantea problemas metafísicos, que a veces le vienen sugeridos por su trabajo, sobre todo si estudia el origen del universo, de la vida o del hombre. Pero no está claro que esos problemas pertenezcan a la propia ciencia. El motivo es que cada disciplina científica adopta puntos de vista particulares y los interrogantes metafísicos, en cambio, se dirigen a las cuestiones más radicales de la existencia; por tanto, exigen un tratamiento especial que supera las posibilidades del método científico. Cuando no se distinguen suficientemente las dos perspectivas, el puente se queda a medio hacer; en consecuencia, el transeunte que no se detenga caerá en el vacío. En el libro de Guitton, los tres autores exponen reflexiones interesantes, pero en más de una ocasión da la impresión de que pueden caer en el vacío: a veces, porque hacen decir a la ciencia cosas que no está en condiciones de decir, y en otros casos, porque aventuran explicaciones cuya coherencia es dudosa