Dios y mi ley

Hijo de un comerciante londinense, Tomás Becket (1117-1170) se educó en un convento de frailes agustinos. Estudió Leyes en París. Ejerció como Archidiácono de la Catedral de Canterbury y de allí pasó a la Cancillería real. Jurista, administrador y caballero prestó grandes servicios al rey Enrique II. La amistad entre ambos se rompió cuando Tomás se vió forzado a aceptar el Arzobispado de Canterbury, que llevaba unido el Primado de Inglaterra. Movido por su carácter inflexible Tomás pospuso todos los demás intereses a la defensa de los derechos de la Iglesia. El Arzobispo murió asesinado en su propia catedral en 1170. En 1174 el Papa Alejandro III le declaró santo y martir.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2001
317
84-7669-467-9

Subtítulo: Vida y muerte de Tomás Becket

Edición original inglesa en 1955.

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Entretenido libro sobre santo Tomás Becket que, después de haber sido Canciller del reino, fue Arzobispo de Canterbury y Primado de Inglaterra. Tomás Becket es conocido por su defensa de la libertad de la Iglesia. Canciller real, había aceptado contra su voluntad el Arzobispado de Canterbury. El Rey veía muy ventajosa la unión, en la persona de su Canciller, del poder temporal y espiritual del Reino. Tomás advirtió que como Primado no iba a transigir sobre los derechos de la Iglesia, componendas que conocía bien desde su cargo de Canciller. Prometió obediencia al Rey en todo lo que no afectase al "honor de Dios y de su Iglesia". Esto fue considerado por Enrique como desagradecimiento y traición; provocó el exilio de Tomás y un tiempo después su muerte. El pueblo le veneró como martir y en 1174 el papa Alejandro III le canonizó. Mientras tanto Enrique aceptó hacer penitencia y restituir sus derechos a la Iglesia. La vida y muerte de Tomás Becket, en tantas cosas paralelas a las de otro Canciller y martir de Inglaterra, Tomás Moro, quedaron en el imaginario popular y dieron lugar a numerosas obras literarias. Alfred Duggan publicó "Dios y mi Ley" (divisa de la monarquía inglesa) en 1955. Su antiguedad le quita al libro ese tufillo a oportunismo que tienen muchas obras actuales de fondo histórico. La historia está muy bien contada y se centra en describir el carácter inflexible de sus dos protagonistas, Tomás y el Rey. El telón de fondo de la obra es la Inglaterra del siglo XII, regida por reyes normandos, y la ambición de Enrique II de consolidar su reino a un lado y otro del Canal de la Mancha. Trata con amenidad pero sin detenerse el régimen feudal, que exigía una fuerte autoridad en el Rey pero también en el Arzobispo. Por último invita a reflexionar sobre el conflicto entre los dos poderes, el temporal y el espiritual; algo que resulta oportuno en la España actual.