El comienzo de la madurez

Un bellísimo texto autobiográfico de Henry James sobre el fin de su juventud y el comienzo de su vida en Europa. Un retrato perfecto de la segunda mitad del siglo XIX.No hace falta haber leído ni una sola frase de Henry James para deleitarse con la prosa y las ideas de este brillante y envolvente libro sobre las impresiones de un norteamericano culto que, con menos de treinta años, se instala en Inglaterra. Cierto suceso ocurrido a principios de 1870 habría de marcar el final de la juventud del protagonista y autor de estas páginas, que en El comienzo de la madurez se ve obligado, sin embargo, «a proporcionar algún que otro matiz sobre esta afirmación tan tajante»: «La juventud es un libro en numerosos volúmenes que constituye apenas una mera estantería en la enorme biblioteca de la vida».Lo que el aún desconocido escritor neoyorquino vivió al llegar a Londres fue el comienzo de una relación singularísima con «la gran figura» de esta ciudad, con la que siempre mantuvo una distancia reverencial que, sin embargo, no le impidió amarla al mismo tiempo que la diseccionaba: James miró a su alrededor como pocos otros escritores lo han hecho, con la curiosidad de sus años, la distancia del extranjero y el sentido crítico del artista, según escribiera Virginia Woolf.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2014
112
9788492865963

Tapa blanda

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En esta obra, Enry James, trata de relatar el impacto que produjo su encuentro con la cultura europea en su viaje a Inglaterra, y especialmente sus primeros pasos en Londres, a través de las impresiones que le suscitaron el trato con todo tipo de personas, de diversos ambientes sociales, y con el mundo de la cultura.

Pretende hacer partícipe al lector del choque y el cambio que le produjo la vida londinense en contraste con la mentalidad de su país, EEUU. Lo lleva a cabo desarrollando un análisis introspectivo que, en mi opinión, resulta banal y falto de verdadero contenido: no consigue sintonizar con la realidad del espíritu humano, quedándose en puras sensaciones expresadas en un retruécano continuo que hace difícil la lectura, y oscurece los valores del espíritu que no consigue individuar, mostrar y expresar, quedándose en un circunloquio amorfo sin contenido claro.

Escrito de no fácil lectura: hay que proponerse seriamente llegar al final, a pesar de que el libro no es largo. He logrado terminarlo leyendo la última parte en diagonal, sin encontrar en ningún momento una idea clara y positiva acerca del espíritu humano.