El conde de Montecristo

El conde de Montecristo es una sólida novela de aventuras. Naufragios, mazmorras, fugas, ejecuciones, asesinatos, traiciones, envenenamientos, suplantaciones de personalidad, un niño enterrado vivo, una joven resucitada, catacumbas, contrabandistas, bandoleros...todo para crear una atmósfera irreal, extraordinaria, fantástica, a la medida del superhombre que se mueve en ella.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
1055
978-84-667-1743
2003
1154
2016
1176
978-84-9105-242
Valoración CDL
4
Valoración Socios
3.913044
Average: 3.9 (23 votes)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

23 valoraciones

Género: 

Libros relacionados

Comentarios

Imagen de acabrero

Una de las mejores novelas que se pueden leer sobre la profundidad psicológica de la persona, sobre la capacidad de odiar, de amar, perdonar y de vengarse. Casi 1.200 páginas para mostrar a un hombre a quien no se puede definir en ningún momento de la larga novela como asesino, como cruel, como buen cristiano, como ladrón, como codicioso, como amable o como mentiroso. Se le puede definir como vengativo, como amante, como caritativo. El Dios de la venganza y el Dios de la misericordia, llega a definirse, con un sentimiento de desprecio a Dios que resulta escandaloso.

Después de los años pasados en la cárcel, cuando consigue huir, dedica muchos de su vida únicamente a preparar la venganza.  Se siente vengativo desde el mismo momento en que el abate Faria le hace ver, con un simple racionamiento, quienes son los causantes de su desdicha. El mismo abate se arrepiente de habérselo hecho ver, pues de inmediato le cambia la cara. Desde ese mismo momento en el corazón de Dantés solo hay odio y deseos de encontrarse con sus enemigos. Lo tremendo del relato es como Dumas es capaz de meter al lector en los sentimientos del protagonista, poniéndole de su lado.

Es una historia en la que aparecen todos los pecados capitales. Es tremendo pensar que la envidia, sin más, sin motivaciones previas, es capaz de destrozar a una persona, de una manera consciente y vil como lo traman Danglars y Fernando. La injusticia manifiesta de un hombre, Villefort, que tendría que impartir justicia y no le importa meter a un hombre en el calabozo de por vida con tal de salvar su honor. La codicia, que aparece en todos los personajes, prácticamente, excepto en Montecristo, que lo tiene todo y es magnánimo con sus bienes. La avidez de la Carconte y su marido, que matan para obtener el doble del regalo riquísimo, inesperado e inmerecido.  

Son contados los personajes que se salvan de ese ambiente de avaricia y afán de aparentar. Hay una ridiculización del afán de notoriedad, de la tendencia a ponerse títulos, cuando toda aquella nobleza de París no se da cuenta de que el príncipe Cavalcanti no es más que un presidiario. Pero al mismo tiempo se resalta de modo extraordinario la bondad de los Morrel, y son premiados desmesuradamente por el Dios de la misericordia en que se erige el Conde.

Es una novela sobre Dios. Se le niega, se le insulta, se le denigra, pero al mismo tiempo Dantés pretende ser Dios. Si la Providencia de Dios no existe, yo seré el Dios de la misericordia y el Dios de las venganzas. “Por segunda vez en el término de una hora invocaba el nombre de Dios. No le había sucedido otro tanto en diez años” se dice de Danglars casi al final de la novela. La facilidad con que muchos de los personajes se suicidan o piensan en hacerlo muestra el agnosticismo presente. Y sin embargo las consideraciones sobre la muerte de las últimas páginas manifiestan un cambio radical y una intencionalidad.

Casi al final menciona a El Quijote, lo que me lleva a reafirmarme en la idea de Dantés como un nuevo desfacedor de entuertos. Y de la misma manera que al Hidalgo manchego le echan en cara que se encomiende a su Dulcinea en lugar de dirigirse a Dios ante los grandes peligros, Dantés parece que quiere remedar a Dios y ejercer de tal. Hasta que al final el corazón de su querida esclava le permite reencontrarse con la realidad.

Imagen de acabrero

Seguramente hay que valorar una novela por la huella que produce en uno mismo. Al terminar esta novela se siente, diría yo, como un zarpazo. Es como salir de un mundo perfectamente creado por el autor, con unos personajes muy vivos, que se meten en la vida del lector después de mil doscientas páginas.

El Conde de Montecristo es un hombre siniestro y tierno, vengativo y cariñoso, poderoso y tremendamente frágil. Edmundo Dantés, después de invocar al Dios vengativo, como el sustento de su atribulada vida, sabe perdonar y, lo que es más importante, sabe arrepentirse. Durante muchas páginas –cientos- se va uno compadeciendo de la amargura de un hombre que busca castigar. Que se siente llamado por Dios para producir el dolor. Y al mismo tiempo el lector va descubriendo, poco a poco, la dimensión de un corazón grande.

Hay una lectura superficial de esta inmensa novela: la de quien se pone del lado del vengador. Hay tantas personas que realmente son vengativas en esta vida; hay tantas novelas y películas que se quedan en la pura venganza como todo argumento, que algunos lectores serán capaces sólo de disfrutar de la mano certera de Montecristo, que destroza a quienes le hicieron daño, y ayuda a quienes le ayudaron. Pero Dumas nos va mostrando cómo el hombre creyente, aun cuando quiera engañarse acudiendo a un Dios a su medida, termina descubriendo que Dios es Amor.

A su amigo Maximiliano, muy al final de la historia, le hace ver que sólo desde el dolor se puede descubrir la vida. “Sólo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa es la vida”.

Y, cómo un resumen lacónico de toda la historia, Montecristo le pide a su amigo: “Decid a [Valentina] que ruegue alguna vez por un hombre que, semejante a Satanás, se creyó un instante igual a Dios, y ha reconocido con toda la humildad de un cristiano, que sólo en manos de la Providencia está el poder supremo y la sabiduría infinita”.

Es sorprendente cómo una novela tan extensa puede interesar en todas y cada una de  sus páginas con esa tensión que dificulta dejar la lectura para otro momento. Hay algún capítulo en que el lector puede pensar que el autor se entretiene demasiado en una historia aparentemente colateral, y luego siempre descubre que esa historia era fundamental para la comprensión de toda la trama.

No se puede leer como una novela de aventuras sino como una ocasión de asomarse a la profundidad y complejidad del alma humana. “No olvidéis nunca que hasta el día en que Dios se digne descifrar el porvenir al hombre, toda la sabiduría estará resumida en dos palabras: ¡Confiar y esperar!”.

 

 

 

Imagen de rochi84

Es uno de mis libros preferidos. Alejandro Dumas es un genio a la hora de manejar a los personajes. Sabe explicar las cosas sin ser obvio es decir, permite a los lectores llegar a conclusiones sobre la historia y los personajes, conduciendonos pero sin tomarnos por tontas. Me he leido varias obras de Dumas, Los Tres Mosqueteros, Veinte Años Despues, La Reina Margot y alguno más sin duda esta es la mejor y una de las grandes obras de la literatura francesa del siglo XIX.

Imagen de rocio meca

El Conde de Montecristo es una sólida novela de aventuras: naufragios, mazmorras, fugas, ejecuciones, asesinatos, traiciones y envenenamientos, suplantaciones de personalidad, un niño enterrado vivo, una joven resucitada, catacumbas, contrabandistas, bandoleros, tesoros, amoríos, reveses de fortuna, golpes de teatro, todo para crear una atmósfera irreal, extraordinaria, fantástica, a la medida del superhombre que se mueve en ella. Y todo ello arropado en una novela de costumbres, digna de medirse con las contemporáneas de Balzac. Pero, además, toda la obra gira en torno a una idea moral: el mal debe ser castigado. El conde, desde esa altura que le da la sabiduría, la riqueza y el manejo de los hilos de la trama, se erige en "la mano de Dios" para repartir premios y castigos y vengar su juventud y su amor destrozados. A veces, cuando hace milagros para salvar al justo de la muerte, el lector se sobrecoge de emoción. Otras, cuando asesta los implacables hachazos de la venganza, nos sentimos estremecidos. En definitiva, una novela que nos atrapa de principio a fin.

La historia de la vida de Edmon Dantés, el Conde de Montecristo, es la historia de una persona que sale de un sufrimiento humano muy profundo – traición, odio, mentira, etc. – para convertirse en una persona justa, aunque en ocasiones se respire demasiado el deseo de la venganza. Nuestro personaje acaba reconociendo que su vida ha sido un proyecto premeditado en el que termina por descubrir que la sabiduría humana nunca iguala a la sabiduría de Dios y que, por tanto sólo es Dios el que puede juzgar los hechos humanos de las personas concretas.

El personaje del Conde de Montecristo aparece como un héroe que se va forjando poco a poco, en la soledad, en la miseria humana, en el sufrimiento, pero también en la compasión y en la misericordia. Su personalidad atrae a todas las personas que le rodean pero principalmente llama la atención del lector, que, aunque quiera es incapaz de seguir pasando páginas para ver cómo transcurre la historia de este misterioso personaje, que esconde detrás de sí una persona cargada de sentimientos, afectos, recuerdos, etc.

Aunque es una novela clásica, su contenido es profundamente moderno y actual porque refleja cómo es la naturaleza humana en las diferentes situaciones y circunstancias de la vida.

Imagen de farruco

Este libro engancha desde el principio, la primera parte es increible, no tiene nada que ver, como en la mayoría de los casos, con las distintas peliculas que se han hecho de el. Si has visto alguna y te ha gustado el libro te apasionará. Además esta escrito en estilo folletín, por lo cual su lectura es muy amena, aunque en principio asuste su extensión. Lo recomiendo a todo el mundo. Un saludo.

Imagen de rocio ro

Me encantó, me enganchó y lo leí después de leer una preciosa novela, la reina del sur, la protagonista se aficiona a la lectura leyendo en la cárcel la novela del conde de montecristo, sus ganas de seguir leyendo y su gran curiosidad hicieron que la curiosidad me entrara a mi, y no me arrepiento, la leí casi tan rápido como la reina del sur, es de esos libros por los que sabes que siempre te gustará leer y sumergirte en las páginas llenas de vida.

Imagen de rodri

Libro para todas las edades, lo recomiendo por varias razones: Su manejo del tiempo y del espacio es bastante intrigante ya que teje varias historias y las va hilando continuamente para desarrollar finalmente una trama muy compleja y muy entretenida. Es una aventura tras otra con un poco de drama y mucho de suspenso. El Conde, Edmundo, tal vez es un poco agrandado pero finalmente es el héroe de la historia, suceden tantas cosas al mismo tiempo que con una sola leida no se alcanza a dimensionar por completo toda la cantidad de detalles que Dumas integra en el libro. Al finalizar se sentirá usted tan cerca a los personajes que llorará y reirá como si fueran sus propios amigos.