El escritor y sus fantasmas

Este libro, nos dice Ernesto Sabato en su prólogo, está constituido
"por variaciones de un solo tema, tema que me ha obsesionado desde que
escribo: ¿por qué, cómo y para qué se escriben ficciones?" No se
responde a ello con una teoría formulada externamente como cuerpo de
doctrina orgánico aunque ciertamente sí lo sea, y con ejemplar rigor
y lucidez, en lo profundo, sino en una forma particularmente viva, al
ritmo de los estímulos externos o interiores, en apuntes que como
señala Sabato «tienen algo de "diario de un escritor" y se parecen
más que nada a ese tipo de consideraciones que los escritores han
hecho siempre en sus confidencias y en sus cartas».

Ediciones

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2002 Seix Barral
224
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En las palabras preliminares a la primera edición de "El escritor y sus fantasmas", Sábato explica el porqué de su libro: “Este libro está constituido por un solo tema, tema que me ha obsesionado desde que escribo: ¿por qué, cómo y para qué se escriben ficciones.” En las primeras páginas Sábato explica cómo no se puede renegar de la herencia cultural, cómo para crear hay que mirar atrás, no ya olvidar o dar la espalda a todo el legado histórico y cultural, sino abrazarlo y crear a partir de él, no es sólo necesario, dice, sino imprescindible. Su negación ha dado a la literatura latinoamericana sus peores momentos culturales; América es Europa. En cuanto a la dicotomía que se suele establecer entre novela social y novela psicológica Sábato la desestima por el hecho de que en toda novela psicológica el personaje es un individuo que vive inmerso en una sociedad. Dice Sábato que “Para bien y para mal, el escritor verdadero escribe sobre la realidad que ha sufrido y mamado, es decir, sobre la patria; aunque a veces parezca hacerlo sobre historias lejanas en el tiempo y en el espacio”. Citando a Baudelaire, “la patria es la infancia”, Sábato parte del hecho de que toda novela es realista y autobiográfica, coincidiendo en este punto con la teoría novelística del peruano Vargas Llosa y yendo más allá que él, pues según el argentino toda novela podría entenderse bajo estos parámetros, no sólo la de corte realista.
Sobre el asunto del “cómo” se escribe una novela la conclusión más clara de Sábato es que “nada en la novela debe sacrificar la verdad”. En definitiva, son decadentes, explica, los que prefieren el cómo al qué. Sin embargo, no desestima la forma y más adelante explicará algo más sobre esto.
Un asunto al que Sánbato dedica varias reflexiones es a sacrificada vocación del escritor y dice que el escritor debe ser un fanático: “tiene que tener una obsesión fanática, nada debe anteponerse a su creación, debe sacrificar cualquier cosa a ella. Sin ese fanatismo no se puede hacer nada importante”.
Más interesante resultan las reflexiones de Sábato sobre el carácter epistemológico de la novela: de la Ciencia a la Poesía. Sábato entiende que la filosofía sólo explica la realidad fragmentada, pero que es incapaz de realizar “la síntesis del hombre disgregado”. Para el argentino, la verdadera ciencia epistemológica se encuentra en el arte, y más concretamente en la novela: “La auténtica rebelión y la verdadera síntesis no podía provenir sino de aquella actividad del espíritu que nunca separó lo inseparable: la novela. Esto se debe a la hibridez del género, donde ideas y pasiones tienen cabida, como no ocurre en la filosofía. A esta concepción de la novela, retomada de los románticos alemanes pero conceptualizada de forma más compleja y completa, se le podría llamar, según Sábato, “Neorromanticismo fenomenológico”.