El final de Sancho Panza y otras suertes

Al morir don Quijote, quedaron sus parientes y amigos, entre ellos Sancho y el bachiller Sansón Carrasco, su sobrina Antonia y el ama Quiteria, en el mayor desconsuelo y desconcierto. La muerte del caballero trajo a todos transformaciones asombrosas: aprendió a leer Sancho, que leyó su propia historia y la de don Quijote en los libros que publicó Cervantes, colgó sus hábitos el bachiller y se enamoró Antonia de él, llevando en su vientre al hijo de otro, y la vida en su aldea se estrechó tanto para los cuatro, que decidieron partir a las Indias, buscando fortuna y poner un poco de espacio al desamparo en que les dejó a todos la muerte de don Quijote.

Pero el camino emprendido se llenará de aventuras, no todas venturosas. Conocerán el mar, sus tormentas y corsarios, la ilusión de un paraíso y el temor de perderlo antes de alcanzarlo, prosperarán y fracasarán en cuanto emprendan, y verán cómo la vida nueva se entrelaza con la antigua, pues la sombra de don Quijote, y aun de Cervantes, y cuanto a uno y a otro sucedió, les seguirá hasta el Perú, con personajes que el lector del Quijote y de la vida de Cervantes conoce bien, y allí en las Indias la mayor parte de ellos acabarán sus vidas.
Es una historia que, como tantas vidas, sólo se puede resumir contándose entera, y donde el sentido se nos da en los grandes sucesos tanto como en los pequeños. Por eso la llamamos una novela.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2014
432
978-84-233-4867
Valoración CDL
2
Valoración Socios
2.666668
Average: 2.7 (3 votes)
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Comentarios

Imagen de cattus

Me gustó mucho "Al morir don Quijote" y también esta novela, que es su continuación. Prosa muy cuidada y cervantina, tono aventurero y un buen homenaje a Cervantes.

Imagen de amd

Segunda parte de la novela “Al morir don Quijote”, con la que el autor conmemora y recuerda el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote de Cervantes (1615). En esta nueva novela, Andrés Trapiello continúa la historia de los personajes más cercanos y allegados a don Quijote: el ama, la sobrina, el bachiller y su escudero, el propio Sancho Panza. Todos ellos, desengañados de su vida monótona en la aldea  y animados por el bachiller que quiere ir a Perú (donde un tío suyo ha hecho fortuna), deciden salir a buscar nuevas aventuras y un futuro mejor. En efecto, es esta una novela de aventuras, aunque probablemente no es la auténtica y verdadera novela de aventuras en la que el lector se siente conquistado y cautivado por el héroe, que crece, se transforma y madura. Aquí hay un sinfín de aventuras, pero hacia dónde van los personajes, para qué viajan, cuáles son sus  virtudes, dónde están sus ideales.

Desde el principio, se suceden las dificultades en el viaje, tanto hacia su primer destino que es Sevilla, como después en la travesía por el océano y su llegada a las tierras americanas (ese viaje que Cervantes tanto anheló y nunca consiguió realizar). Pero la sobrina de don Quijote, embarazada y ahora esposa de Sansón Carrasco, tiene una sola preocupación en buena parte de la novela: la incertidumbre sobre la paternidad del hijo que espera, cómo será este niño y a quién se va a parecer; pues, antes de casarse, tuvo un desliz amoroso: unas desafortunadas relaciones con el gañán Cebadón y cree que este puede ser el padre.

Con respecto a los otros personajes, aunque por el título parece que el personaje principal va a ser Sancho Panza, el protagonismo se lo lleva el bachiller Sansón Carrasco: le falta confianza, claridad y seguridad en sí mismo, quijotizado y perdido en su melancolía (transformado en un eco lejano de don Quijote), nostálgico y desengañado, desaparece durante varios años al final del relato; y mientras tanto, su hija se va a criar con el ama y la tía, sin tener el cariño, el apoyo y la protección de su padre en todos esos años.

Por último, el final de Sancho Panza no es más halagüeño: después de haber perdido una pierna a consecuencia de una herida (el propio autor juega con los términos “el manco de Lepanto” y lo compara con “el cojo de Arequipa”), de repente fallece durante un terremoto, una muerte súbita y sin sentido, un desgraciado final para este pobre escudero en tierras lejanas y extrañas. Probablemente, supone un final precipitado en el que el autor debe cerrar y atar muchos cabos sueltos, después de haber recreado un juego literario técnicamente muy complejo donde se mezclan realidad y fantasía, metaliteratura y ficción, verdad y mentira. Aunque la obra recuerda el estilo literario de Cervantes, en su ambientación, descripciones y personajes (el autor tiene muy bien asimiladas la sintaxis y la variedad léxica del Siglo de Oro), carece de los ideales de Cervantes y provoca en el lector un sentimiento de amarga nostalgia.