El nihilismo

«Huésped inquietante» llamó Nietzsche al nihilismo. Huésped también inesperado, pues surgió cuando la razón y la técnica parecían abrir al hombre perspectivas fáusticas que volvían a dar actualidad al «seréis como dioses» que la Serpiente dirigió a la primera pareja humana. Y es un huésped, sobre todo, del que, una vez en casa, no hay forma de desentenderse. Pero ¿qué es realmente el nihilismo? ¿En qué momento de la historia surge? ¿Qué circunstancias y actores contribuyeron a su alumbramiento y a su sostenimiento? ¿Qué podría superarlo? Para responder a esas preguntas, Franco Volpi emprende un riguroso análisis histórico y conceptual en el que pasa revista a la Ilustración, el romanticismo, el existencialismo y el tecnicismo predominante en el mundo contemporáneo. Al hilo de ese análisis histórico, somete a examen el pensamiento de figuras tan relevantes como Turguéniev, Max Stirner, Dostoievski, Nietzsche, Heidegger, Jünger y otras que sirven para ilustrar las manifestaciones más importantes del nihilismo a lo largo de los siglos XIX y XX.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2007
224

Biblioteca de Ensayo

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Franco Volpi es actualmente profesor de Filosofía en la Universidad de Papua aunque ha ejercido como docente en Universidades de todo el Mundo. Su aproximación al nihilismo deviene del estudio de las obras de Heidegger y Nietzsche que serán dos de los autores en los que se centrará el libro. Pero no piense el lector que se va a encontrar un aburrido texto de filosofía. De hecho, su actualidad es inusitada: el nihilismo será el drama del siglo XXI, pues esta corriente –si es que podemos llamarla así- ha empezado a penetrar en todos los ámbitos de la realidad de nuestra civilización. Por eso, Volpi ha ensayado una especie de historia del nihilismo. Tampoco espere el lector que el autor intente proponer una solución o alternativa al nihilismo. Mas bien la sensación con la que uno se queda es que para el autor: “El nihilismo nos ha dado la conciencia de que nosotros, los modernos, estamos sin raíces, que estamos navegando a ciegas en los archipiélagos de la vida, el mundo y la historia”.

En una primera aproximación, Volpi analiza si la palabra “nihilismo” proviene realmente de Turgeniev que en su novela Padres e hijos, calificaba de “nihilista” al protagonista. Este atributo se aplicará a un cierto materialismo, desencantamiento y rebeldía contra los valores de los padres. Sin embargo, el concepto ya era muy popular, pues aparece en el romanticismo, el idealismo, en el anarquismo o en la mística revolucionaria rusa. En el orden filosófico, Nietzsche rematará la labor definiéndolo como: “falta el fin; falta la respuesta al ¿para qué?; ¿qué significa nihilismo? Que los valores supremos se desvalorizaron”.

Volpi analiza las fuentes en las que bebió el filósofo alemán para adentrarse en el nihilismo: Mainländer, Bourget o Dostoievsky. Hasta tal punto golpeó esta nueva idea a Nietzsche, que la bautizó como la enfermedad de Occidente. Pero aún así, el fillósofo se propuso ser el profeta de esta nueva religión atea: “Describo lo que vendrá: el advenimiento del nihilismo...” ... “Lo que cuento es la historia de los próximos dos siglos”. Se anunciaba así la futura influencia de la filosofía nihilista. Thomas Mann, años más tarde, declararía que: “quien toma en serio a Nietzsche, quien lo toma al pie de la letra y le cree, está perdido”.

Por otro lado, Heidegger nos será presentado como “el platónico más desenfrenado de la historia de la metafísica occidental” centrándose en la llamada “década nietzscheana” (1936-1946), donde encontramos sus dimensiones filosóficas más nihilistas. Un discípulo de Heidegger, Hans Jonas, será el autor que ha conectado la influencia gnóstica con la aparición del existencialismo y el nihilismo moderno. Volpi, por tanto, dedicará un capítulo a estas conexiones. Otro capítulo lo dedicará a la teología política y a Carl Schmitt. Otro capítulo –ya tratado por el autor en múltiples artículos y conferencias- se centrará en la relación entre técnica y nihilismo. Total, que se agradece el libro, al tratarse de uno de los pocos intentos de aproximarse al nihilismo en sus múltiples facetas. Se echa en falta que los capítulos profundicen y agoten los temas propuestos. Pero un libro de estas características debe luchar contra las limitaciones de espacio. Sin embargo, el texto nos queda como una colección de pistas, más que interesantes, para el que quiera adentrarse en este mundo.