El príncipe perdido

La figura del príncipe Baltasar Carlos, cuyo retrato pintado por Velázquez se conserva en el Museo del Prado, inspira esta novela infantil, que narra la imaginaria escapada del príncipe un día de verano. La obra evoca de modo expresivo la vida madrileña en la primera mitad del siglo XVII.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2004
153
978-84-216-9234
Valoración CDL
3
Valoración Socios
4
Average: 4 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

Género: 

Comentarios

Imagen de ANASARABATURE

La viuda miró otra vez al niño sucio que tenía delante y no hizo más preguntas. Sabía que había muchos niños sucios y solos en Madrid. Algunos, la mayoría, se convertían en pícaros; pero no podía dejar que aquel durmiera en la calle. Lo que sí preguntó con amable sonrisa fue:

 

-¿Qué ha sido de tus ropas?

-Se las quitó para bañarse y ahora no las encuentra- explicó su hijo.

-Pues si es tu amigo y ha perdido sus ropas, tendremos que dejarle alguna cosa tuya.

 

El hijo de la viuda no tenía mucho donde elegir: solo dos pantalones y solo dos camisas; pero aquel niño no tenía ni una cosa ni otra. Por eso sacaron de un arca de madera pantalón y camisa; zapatos no pudieron ofrecerle porque tampoco los tenía el hijo de la viuda.

 

El príncipe jamás se había vestido de aquel modo: pantalón remendado y camisa zurcida; pero lo agradecía, y muy de corazón, porque la noche de junio era fresca. Tampoco había cenado nunca sopas de cebolla. Le supieron a gloria, pero de segundo plato también había sopas, y de tercero ¡lo mismo!. La viuda y su hijo solo cenaban ¡sopas!, y eso extrañaba al príncipe, porque él cenaba al menos seis platos distintos cada noche…

________________________________________________________________________________________________________________________________
Este texto es un fragmento de la obra de Concha López Narváez y Rafael Salmerón: El príncipe perdido. (Pág. 87-88)

El tema de este texto es por un lado la generosidad de la viuda y su hijo al acoger y prestar vestiduras y dar de cenar al príncipe, y por otro lado la sorpresa que se lleva el príncipe al ver como le han tratado, con qué hospitalidad y entrega, aun teniendo tan poco.

En primer lugar, me resulta entrañable este fragmento porque me cuesta muy poco imaginármelo. No puedo evitar asociarlo a momentos en los que a mí me han cuidado con tanto cariño y generosidad. Te sientes completamente indigno pero al mismo tiempo infinitamente agradecido. He tenido la suerte de ir a África durante tres años, y ahí siempre me impresiona la generosidad de la gente. Sin tener nada, lo tienen todo. Sin embargo yo, muchas veces aquí, teniéndolo todo siento que no tengo nada. Tienen muy poco, pero no dudan en ofrecértelo para que te sientas mejor, más acogido. Es por eso que en ese relato se revela la riqueza, valga la redundancia, de la gente sencilla.

En segundo lugar imaginarme al príncipe vestido con esas ropas y cenando sopas de cebolla, algo impensable para él, por la educación recibida, me hace cierta gracia. Las apariencias engañan y vuelvo a insistir en la generosidad de esta familia que no tenía más que lo necesario para vivir.

Es fácil sentirse identificado con este relato siendo niño o adulto pues en algún momento de nuestra vida nos veremos necesitados y ojalá tengamos a alguien que nos tienda la mano con esa incondicionalidad como la que mostraron la viuda y Juan hacia el Príncipe.

Imagen de cdl

El príncipe perdido es una preciosa recreación histórica del Madrid del siglo XVII a través de una sencilla historia protagonizada por el príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV. Cansado y aburrido de su monótona vida en palacio decide salir una tarde, aprovechando un hueco en una puerta. Ante su sorpresa, unos niños pobres juegan y se bañan en el río, donde él se unirá a sus juegos. Allí conocerá a su primer y único amigo. Éste le ayudará cuando más tarde nadie reconozca en él al futuro rey de España, y compartirá con él lo poco que tiene, su comida, su cobijo y su tiempo. Escrito con la soltura y la sencillez de la prosa de Concha López Narváez, este libro narra una pequeña aventura imaginaria que podría haber ocurrido, original y muy tierna, a la vez que interesante y entretenida. Inspirada en el famoso retrato del pequeño príncipe de Velázquez, introduce a los niños en el aprecio al arte y a la historia.

Imagen de cdl

el cuento desarrolla la bonita historia de una amistad generosa y desinteresada, con personajes mitad ficticios mitad reales, bien armonizados entre sí