El problema del dolor

El dolor es un misterio universal e inevitable que sobrecoge al ser humano. Lewis se sumerge en el dolor para extraer esperanza con las cualidades que le han ganado el aprecio de los lectores: estilo directo, sentido práctico y el poder de convicción de los hechos.

Ediciones

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2004
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Cuando el hombre choca con el dolor es natural que se pregunte qué sentido tiene. Y que se lo plantee cara a Dios –con esperanza o rebeldía–, pues ninguna otra instancia puede ofrecer una respuesta. La formulación del problema no ha cambiado mucho desde tiempos de Job. De modo que este libro publicado en 1947 por C.S. Lewis (1898-1963), el célebre profesor de literatura medieval en Oxford y admirado escritor cristiano, sirve también para el hombre de hoy.

En su forma más simple, el problema puede resumirse como lo hace el autor: "Si Dios fuera bueno, querría que sus criaturas fueran completamente felices; y si fuera todopoderoso, podría hacer lo que quisiera. Mas como las criaturas no son felices, Dios carece de bondad, de poder o de ambas cosas". Para contestar a la objeción, C.S. Lewis comienza por explicar qué debe entenderse por omnipotencia y bondad divinas, nociones desfiguradas cuando pretendemos enjuiciarlas con criterios a ras de tierra.

Lewis profundiza en el problema con agudos razonamientos intelectuales que aportan claridad a un tema propicio a las reacciones puramente sentimentales. Lo hace siempre dentro del marco de la fe cristiana, si bien su estilo tiene poco que ver con el de un teólogo profesional. De este modo, ofrece respuestas coherentes al problema intelectual del dolor. Otra cosa es la capacidad de aceptar el dolor cuando se siente en propia carne, como le ocurrió después a Lewis a raíz de la muerte de su esposa (Una pena observada). En tales momentos, reconoce Lewis, "la más leve tintura de amor de Dios [ayuda] más que cualquier otra cosa".