El río del Francés

Lady Dona St. Columb tiene veintinueve años y está casada con un baronet frívolo y satisfecho de sí mismo. Ocupa un lugar destacado en la corte de Carlos II, tiene muchos admiradores y cuando se aburre se disfraza de bandolero y asalta a ancianas condesas. Un día se lleva a sus dos hijos y se instala en Navron House, la casa familiar de su marido. En su camino se cruza un pirata francés que es el terror de la región: no tardará en pensar que son «el uno para el otro, dos trotamundos, dos fugitivos sacados del mismo molde». En El río del Francés (1941), Daphne du Maurier plantea si para una mujer la libertad equivale forzosamente a una huida, y si en cualquier caso es posible alguna vez «convertirse en otra persona».

Novela ambientada en el siglo XVII en Cornualles (Inglaterra), con cierta intriga y toques románticos.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2019
243
978-84-9065-559

Edición cuidada, de la colección Rara Avis de Alba, con traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera.

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Septiembre, 2019

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Imagen de amd

Novela romántica con toques de aventura y de misterio. La acción está ambientada en Inglaterra, especialmente en el Condado de Cornualles, durante el reinado de Carlos II. Los protagonistas son una dama aristocrática, Lady Dona St. Columb, y un pirata francés llamado Jean Benoit Aubery: “Que tú eras Dona St. Columb, la mujer de un baronet inglés y madre de dos hijos, y que yo era el francés, un proscrito, un ladrón que robaba en tu país, un enemigo de tus amigos” (p. 272). Como es propio de las novelas de este género, el amor surge entre ellos inevitablemente y la fuerza de este sentimiento transformará para siempre sus vidas. Aunque la obra termina con un final abierto, la sensación de haber superado los obstáculos y de un futuro posible para los personajes queda entre las opciones probables.

Más allá de la historia de amor, el planteamiento de fondo es el papel de la mujer y de la sociedad aristocrática en Londres a finales del XVII: una vida ociosa, intrascendente, de costumbres banales, de bailes y distracciones futiles, que se hacen monótonas y aburridas repetidas día tras día: “Había desempeñado demasiado tiempo un papel indigno de ella… un ser encantador y superficial que andaba, hablaba y se reía, que aceptaba los halagos y la admiración en homenaje a su belleza con un encogimiento de hombros, con descuido, con insolencia” (p. 24).

El tedio y la búsqueda de nuevas emociones llevan incluso a los personajes a cometer actos delictivos, que provocan en Dona unos sentimientos de “desprecio por mí misma y degradación". Por otra parte, en el caso del Francés, sus deseos de libertad le llevan a enarbolar la bandera de la piratería para salir de la rutina sin sentido: “En este nuestro mundo se ven forzados a unos hábitos, a unas costumbres, a unas reglas de vida… el hombre se convierte en piñón de rueda, parte de un sistema. En cambio, el pirata es un rebelde, un marginado que se libra del mundo. No tiene ataduras ni principios impuestos” (p. 89).

En esta obra, publicada por primera vez en 1941, ya sobresale uno de los elementos característicos de las novelas de la autora, Daphne du Maurier (1907-1989): la descripción del paisaje de Cornualles, que será escenario de sus relatos en varias ocasiones. De esta forma, los bosques, los acantilados, las rías, el mar se convierten en coprotagonistas de la trama que se impregna de su misterio y de su exuberancia. Así pues, aunque el argumento a veces resulta muy predecible y no alcanza la complejidad de otras novelas como “Mi prima Rachel” (1951), la lectura se ve recompensada por las magníficas descripciones de los espacios, de una naturaleza magnífica que propicia la exaltación de los sentimientos: “La costa de Cornualles era una línea delgada en el horizonte, lejos; se acercaron las primeras gaviotas a recibirlos… y ellos sabían que no tardarían en percibir el olor de los montes lejanos, que el sol perdería fuerza y después se abriría entre ellos el gran estuario de Helford, mientras el sol se ponía, brillante, rojo y dorado por encima de las aguas” (p. 205).

Imagen de cattus

La editorial Alba está recuperando a Daphne du Maurier, una buena escritora, ensombrecida tal vez por el éxito de algunas de sus obras al ser llevadas al cine. El río del Francés es una historia ambientada en el siglo XVII en Inglaterra, tras la restauración de la monarquía después de Cromwell. Novela muy bien ambientada en Cornualles, donde la autora vivió, con descripciones magníficas del lugar, en la que se mezclan la aventura, con piratas bretones bastante corteses, y la pasión amorosa de la protagonista, que huye de Londres, cansada de su marido y del ambiente cortesano, y se refugia en la mansión de Navron House y se convierte en valedora encubierta del capitán de los piratas y sus hombres. Du Maurier sabe contar historias y, además, capta bien la psicología de los personajes. Esta novela parece bastante apropiada para disfrutar con un buen libro durante las vacaciones.