El Talmud

Recibe el nombre de Talmud la recopilación de la ley oral de Israel o tradiciones de los antiguos ("mishnah"), junto con los comentarios a la misma realizados por los maestros más célebres y autorizados. En el Nuevo Testamento se cita repetidamente esta ley oral, así como la interpretación que hacían de ella los doctores y maestros de la Ley. La "mishnah" fue terminada de poner por escrito aproximadamente en el año 200 después de Cristo. El Talmud, la ley con sus comentarios autorizados, se terminó de recopilar aproximadamente en el año 500 de la era cristiana. Existen tres versiones distintas de las cuales sólo las dos primeras se consideran oficiales: El Talmud de Jerusalén, el Talmud de Babilonia y la Tosefta o "suplemento". Cesar Vidal explica la formación del Talmud, al que atribuye un valor cultural, y acompaña el relato con una pequeña selección de sentencias de los maestros: suficientes para reconocer la futilidad de algunas y la espiritualidad de otras.

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2000 Alianza Editorial
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Las leyes que dio Moisés al pueblo se componen de tres tipos de preceptos: El Decálogo de Yahveh, que es Ley natural y por lo tanto universal e inderogable. Las leyes que promulgó Moisés antes de su muerte para organizar la vida del pueblo en la tierra de Canaán. Y un gran número de preceptos ocasionales que fue dictando a lo largo del viaje por el desierto y que se encuentran dispersos en el Pentateuco. El conjunto de estos tres tipos de preceptos forman la Torah, el Libro de la Ley, que materialmente se identifica con el Pentateuco. A lo anterior hemos de añadir la "mishnah" o compilación de las tradiciones de los antiguos, y los comentarios autorizados a la misma. Una ley tan compleja es forzoso que se convirtiese en una ley externa, ritual, en la cual se hacía difícil distinguir lo importante de lo no importante, lo que procedía de Dios de lo que tenía su origen en los hombres. Ya en el Antiguo Testamento, mediante los profetas, Dios manifiesta su desagrado por la forma como se está cumpliendo la Ley: "Vuestros sacrificios me asquean"; "Misericordia quiero y no sacrificio". Cuando de acuerdo con el designio eterno de Dios se presenta Jesús ante su pueblo, comprueba como la religión de Israel ha evolucionado en un sentido ritual, no espiritual. "Dios quiere adoradores en espíritu y en verdad" -dice a la mujer samaritana. A los escribas y fariseos les reprocha su ceguera y que sean capaces de anular los mandamientos de Dios con sus interpretaciones; por ejemplo el precepto de honrar al padre y a la madre. Por su parte los sabios del Talmud, ya en la era cristiana, aborrecen a Jesucristo y a sus seguidores. El Talmud regula minuciosamente la vida de los judíos ortodoxos -es también ley civil y mercantil-, pero existe en él una raíz espiritual, no despreciable, que tiene como objeto la oración y adoración del Altísimo. El Talmud estaba incluído en el Index de los libros prohibidos de la Iglesia católica hasta que éste se suprimió.