Historia de Cataluña

Dos meses antes de su fallecimiento, el Catedrático Joan Reglá (1917-1973) entregó al editor esta Historia de Cataluña para lectores de lengua española. No se trata de un manual -escribe en la Introducción-, sino de las líneas maestras de la historia del Principado en su entorno peninsular y europeo. Explica cómo ha procurado ser objetivo al examinar las relaciones entre Cataluña y Castilla "preocupado por contribuir a un futuro mejor para todos" (pág.20). Concluye señalando la "permanente necesidad de un diálogo peninsular abierto y constructivo, que contribuya a un mejor conocimiento entre todos los españoles" (pág.21). Prólogo de Jesús Pabón.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1974
223
84-206-1502-1
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Resumiendo mucho, las líneas maestras de la historia de Cataluña según Reglá podrían ser las siguientes: a) Cataluña tiene una personalidad histórica y política propia, condicionada por la vecindad con Francia, el carácter mediterráneo y su perfil económico y sociológico.

b) Esta personalidad ha estado políticamente incompleta. Cataluña no ha tenido reyes sino que ha estado unida sucesivamente al Imperio Carolingio, a la Corona de Aragón y a la monarquía española. Se ha visto ocupada por ejércitos franceses, e incluso en 1705, recibió jubilosamente como soberano al Archiduque Carlos de Habsburgo.

c) Aún así su personalidad es expansiva. Inicialmente se extiende a ambos lados de la frontera pirenaica, participa hacia el sur en el esfuerzo militar de la Reconquista y sus barcos navegan por el Mediterráneo estableciendo relaciones con los gobernantes de Egipto, Orán y Fez.

d) Esta expansión es más comercial que territorial. Sorprende leer que la ciudad de Barcelona estuvo enfrentada desde antiguo con la ciudad italiana de Génova, núcleo comercial y bancario al otro lado del Golfo de León.

e) La unión de Cataluña con el resto de los reinos peninsulares es una unión matrimonial y dinástica. Se produce por el matrimonio del Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón; y posteriormente por el enlace de Fernando de Aragón con Isabel de Castilla. Cataluña hubiera deseado mantener su personalidad propia y régimen de autogobierno, pero a partir de ese momento su suerte va a ir ligada, muy contra su voluntad, a la del resto de los reinos hispánicos.

f) Alguien ha hablado de la "ineptitud catalana para entenderse con el poder" (pág.143). Llama especialmente la atención el enfrentamiento del Principado con el rey Juan II de Aragón. Los catalanes decidieron "destronar" al Rey y ofrecieron la corona sucesivamente a Enrique IV de Castilla, al Condestable Pedro de Portugal y al francés René de Anjou (págs.76 y ss). Una voluntad errática y obstinada que no iba a beneficiar al Principado.

Esta falta de empatía con la Corona se produce nuevamente a la muerte del último de los austrias, Carlos II. Mientras la mayor parte del Reino acepta como rey a Felipe de Anjou, nieto de Luís XIV, Cataluña opta por el candidato imperial, el Archiduque Carlos, y le abre las puertas de Barcelona. Es de imaginar que después de ocupar militarmente el Principado, Felipe V no iba a llevar regalos a los súbditos rebeldes.

La situación se repite durante la IIª República española. Después de ser aprobada la Constitución de 1931 y dos años después del Estatuto de Nuria, Lluys Compayns decide proclamar el Estado Catalán (pág.210). Cada uno que juzgue como quiera este hecho. A lo anterior podríamos añadir lo que ha ocurrido en 2017, con una Constitución española distinta y un nuevo Estatuto catalán.

g) Los problemas de Cataluña con la monarquía española frecuéntemente han sido de tipo económico. Relata el autor como en tiempos de Felite IV "los ingresos normales de la monarquía en Cataluña eran muy reducidos, insuficientes incluso para el pago de los gastos que originaba la administración del país" (pág.107). Las rentas reales en el Principado ascendían a 37.000 libras anuales; mientras tanto la ciudad de Barcelona disponía de 80.000 libras y la Generalidad de unas 184.000 (Elliott). Estas cantidades demuestran que la ciudad y el país disfrutaban de un alto nivel de autogobierno.

Cuando el Conde-Duque de Olivares propuso que todos los Reinos y Señoríos contribuyesen a los gastos de la corona en función de su población y riqueza, la Diputación General del Principado declaró la República ("España nos roba") y se colocó bajo la protección del rey Luís XIII de Francia. En ese momento Francia se encontraba en guerra con España, y por la Paz de los Pirineos (1652) el rey francés arrebató a sus devotos súbditos catalanes, que no habían querido contribuir a los gastos de la guerra, el Rosellón y la parte norte de la Cerdaña. Más tarde intentarían inútilmente recuperarlos.

h) Reglá destaca el conflicto idiomático que enfrenta a Cataluña con la España hispano parlante. En el contexto de los Decretos de Nueva Planta, Felipe V ordena a los corregidores de Cataluña y Mallorca "se procure mañosamente ir introduciendo la lengua castellana en aquellos pueblos" (pág.151). Posteriormente, a finales del siglo XIX, se produce la Renaixença o renacimiento literario de la lengua catalana. Lo que se inició con versos -leemos- acabaría saltando al escenario político (pág.176). El autor lamenta el desconocimiento general que existe en España de la lengua catalana; "no sólo por el hombre de la calle, sino por los mismos universitarios y estudiosos en general" (pág.18).

i) Reglá explica la falta de entendimiento entre Cataluña y la España contemporánea por el distinto perfil sociológico de ambos pueblos Durante la Restauración, en Cataluña se había consolidado la burguesía como clase dominante, en tanto que en el resto del país predominaba la "aristocracia del trigo y del olivo" (pág.177). Algunos autores llegan incluso a invocar el pesimismo de los intelectuales españoles ante el Desastre de 1898, que contraponen al "optimismo burgués" (?) (pág.187).

j) Reglá concluye que, después de la unificación y especialmente con la dinastía borbónica, el liderazgo político en España ha correspondido a Castilla  y la hegemonía económica a Cataluña y el País Vasco (pág.139). Nada que objetar por nuestra parte, pero el propio autor menciona "las contradicciones de la burguesía catalana". Cuando navegan por el Mediterraneo son librecambistas, pero cuando se inician en la producción industrial solicitan del Gobierno el establecimiento de aranceles. No quieren saber nada con España pero aspiran a dominar el mercado interior, y cuando comercian con las colonias americanas manifiestan que son españoles y no deben estar sujetos a las mismas limitaciones que los ciudadanos extranjeros (pág.125).

Una lectura interesante, y, seguramente, tan objetiva como pretendía el autor. La historia se detiene en 1936. Pienso que los hechos que se han producido después de esa fecha no contradicen, sino que confirman las conclusiones que apunta el autor. Yo me fijaría, ante todo, en la cuestión idiomática como aspecto más fácil de abordar.