Jaime Balmes, Pbro

Biografía del clerigo y filósofo español Jaime Balmes (1810-1848).

Al terminar la invasión napoleónica España quedó en una situación inestable. Fernando VII trataba de ejercer un poder absoluto, pero el pueblo había entrevisto la libertad que le prometía la Constitución de 1812. El Rey designa como sucesora en el trono a su hija Isabel, pero el hermano de Fernando, el infante Carlos, invoca la ley que prohibía reinar a las mujeres. En 1833 muere el Rey y tiene lugar la primera guerra carlista, que duraría siete años.

Ante la debilidad de la Patria, Balmes se manifiesta como escritor político y reclama la unidad de los españoles por el bien de España y de la Monarquía.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1941
168
84-261-0194-5
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
Average: 3 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

3

Comentarios

Imagen de enc

Estudiar el siglo XIX español es asomarse a un pozo de problemas que perduran hasta nuestros días. Se resumen en la división irreconciliable entre los españoles: Patriotas y afrancesados, liberales y absolutistas, carlistas y cristinos, progresistas y moderados, monárquicos y republicanos, católicos y masones. Sacerdote y filósofo, Balmes ha pasado a la historia por sus esfuerzos en pro de la reconciliación entre los españoles.

El pensamiento de Balmes es tradicionalista. Dirá: "Defendí los buenos principios religiosos y monárquicos" (pág.59). Publica varias revistas de contenido político y cristiano. En Barcelona "La civilización" y "La sociedad"; posteriormente se traslada a la capital del reino y en Madrid publica "El pensamiento de la nación". En el año 1940 da a la imprenta dos escritos de contenido político: "Observaciones sociales, políticas y económicas sobre los bienes del clero" y "Consideraciones políticas sobre la situación de España".

El autor hace una radiografía de los partidos que actúan en la escena política: "Tanto los progresistas como los moderados que formaron en primera línea eran sujetos de bien -afirma-; pero en la segunda y tercera línea de los progresistas viéronse hombres furibundos, inconsiderados, enemigos del orden y amigos de revolucionar; al paso que en la segunda y tercera línea de los moderados se agregaron hombres hipócritas, egoístas, enemigos de cuanto se oponía a su plan e irreconciliables con quien no pensaba como ellos" (pág.49). Diríase que igual que hoy.

Nada teme más la gente de orden que a una revolución. En 1840 escribe Balmes: "Una revolución en España carece de motivo, ya que las formas políticas son amplias y populares, no hay una idea que no tenga expresión libre ni interés que no esté representado" (pág.74). Parece que estuviéramos hablando de la Constitución de 1978 y no en la de 1837. ¿Cuál es entonces la causa del impulso revolucionario? El autor responde: "La debilidad del poder es la causa de la enfermedad que padecemos" (pág.72).

A lo largo de la historia se ha tendido a menospreciar la influencia de la religión en la población española; siempre con resultados nefastos. Denuncia Balmes: "En una nación religiosa se ha ofendido a la Religión" (pág.73). Y a los que se denominan a sí mismos progresistas les dice que progresar no es dividir, sino marchar hacia la perfección y unidad de los sentimientos: "Unidad en el mundo, unidad en Europa, unidad en España. La división es la muerte. Por la división no progresaba España" (pág.130). Añade que "el defecto de la vida política está generalmente en que la política se considera un fin en sí misma... y no un medio" (pág.137).

Se necesita un liderazgo que inspire confianza a los españoles. Afirma: "Sin inspirar confianza no hay esperanza" (pág.74). Para ello es necesaria: "Fuerza de convicción, lealtad de sentimientos, sinceridad de palabras, inspirarse en toda clase de hombres, pensar por sí y no decir jamás sino lo que se piensa" (pág.153). El autor hace una afirmación difícil de entender que él probablemente aplica a los carlistas: "No es tolerante quien no tolera la intolerancia" (pág.138). Hoy podríamos aplicarselo a distintos grupos políticos, pero no está claro cómo hacerlo y cuál sea el límite para esa tolerancia.

Una lectura para interesados en la historia de España y del pensamiento político.