La agonía del psicoanálisis

Introducción, desarrollo, crítica e influencia de la rama de la psiquiatría conocida como psicoanálisis. Fue desarrollada por el neurólogo vienés Sigmund Freud (1856-1939). Sus obras más importantes son: "La interpretación de los sueños" (1900); "Tres ensayos para una teoría sexual" (1905); "El porvenir de una ilusión" (1927) en la que declara su ateísmo y "El malestar en la cultura" (1930).

Ediciones

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1951
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Comencemos por señalar que López Ibor en el título de esta obra no utiliza la palabra “agonía” en el sentido de finalización o término, sino en su sentido original de lucha. “La agonía del psicoanálisis” explica la aparición de esta disciplina médica que, de ser rechazada en sus inicios, pasó a alcanzar una gran influencia en el ámbito médico, cultural y social, hasta el punto de ser uno de los pilares de lo que en un momento se conoció como la “revolución sexual”. Las causas inmediatas de este éxito se encuentran en la proliferación de las neurosis, la habilidad literaria de Freud y en el carácter esquemático de su base teórica. Toda terapia se basa en un concepto del hombre y de la vida humana y la concepción freudiana es elemental, prescindiendo de todo lo que no sea la motivación sexual hasta el punto de denunciar el “malestar creado por la cultura”; todo aquello que exceda de los instintos primarios del hombre. Los discípulos de Freud, menos interesados que éste por el sexo, buscaron otras motivaciones en el subconsciente humano como puede ser “el afán de poder”. López Ibor reconoce en Freud el mérito de haber señalado cómo en la parte oculta de la mente, el subconsciente, puede estar el origen de determinadas enfermedades mentales. En el subconsciente anidan los miedos, las fobias, los impulsos y deseos reprimidos, todos los cuales Freud reúne bajo la denominación convencional del “ello”. Al “ello” se superpone el “yo”, la subjetividad consciente y visible del individuo. Para Freud todavía existe un tercer nivel que sería el “superyó”, conjunto de normas y costumbres que le son impuestas al sujeto o que este mismo se impone. De la armonía de estos tres niveles –deseos, realidades y obligaciones- nace una personalidad saludable. Por el contrario, cuando estos tres niveles se enfrentan entre si hasta el punto de desequilibrar la personalidad hablamos de enfermedad. Resulta obvio señalar que Freud no estudia las enfermedades de base orgánica, sino los desequilibrios mentales por más que estos puedan tener un reflejo en el cuerpo. El psicoanálisis como método tiene dos limitaciones o puntos flacos que sus seguidores y el propio López Ibor no dudan en señalar. En primer lugar reducir todos los impulsos y fobias al deseo sexual reprimido. El autor habla de “unilateralidad” de la antropología freudiana. En segundo lugar la terapia psicoanalítica, tal como Freud la desarrolló, se basa en la exploración del “subconsciente profundo” a través de la interpretación de los sueños. Freud suponía que en la fase de ensoñación aflora el “ello” y el terapeuta ha de interpretar los sueños dándoles un significado de naturaleza sexual, lo cual no es demostrable y por lo tanto no es científico. Lo más interesante del libro de López Ibor es su claridad expositiva y que, publicado en 1951, conserve su valor como introducción al psicoanálisis.