La ciudad y las sierras

Jacinto Galión es un rentista portugués nacido y residente en Francia. En su país de origen cuenta con extensas propiedades que le permiten vivir con gran lujo. Fanático del progreso, ha introducido en su casa de París todo tipo de adelantos técnicos. Su lema es Suma ciencia x Suma potencia = Suma felicidad. Pero poco a poco esa felicidad parece más vacía. Finalmente resuelve conocer Tormes, en Portugal, solar de sus antepasados.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2007
288
84-206-6137-7

Original de 1901.

Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
Average: 3 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

3
Género: 

Comentarios

Imagen de enc

Novela decimonónica, escrita por Queiróz en París, donde ejercía funciones consulares. Se encontraba en la recta final de su vida y ya nunca iba a volver a Portugal. La tesis de la novela está en la náusea que siente el autor ante la vida en la ciudad -París a finales del siglo XIX- y la añoranza que siente por sus sierras en Portugal, donde piensa que la vida es auténtica y tiene sentido.

El lector se identifica con la crítica que hace el autor a la vida en la capital francesa. Vemos cómo el protagonista se envilece paulatinamente entre diversiones y adelantos técnicos. Estos, que iban a hacer feliz a la humanidad, a su propietario le aburren. Jacinto llega hasta pensar en la muerte; las diversiones ya no le divierten y los lujos ya no le excitan. "¡Qué fastidio!" es su frase favorita y se agarra a la amistad de su compatriota Zé Fernandes.

Queiroz describe los placeres sofisticados de la beau sociétè parisina: marquesas promíscuas, banqueros cornudos, poetas y nobles rusos. Estos combinan la diversión con la profesión de ideologías de moda, que hacen más soportable el engorro de vivir. Jacinto -el millonario rentista- se declara socialista. Socialismo es -aclara- "estar por los pobres" (pág.202).

Cuando Jacinto llega a Portugal descubre de dónde salen las rentas que pródigamente llenan sus bolsillos: veintisiete familias trabajan sus tierras en medio de la más absoluta miseria. Pasan hambre y viven en cubiles donde penetra el agua y la luz entra por la puerta. Enfermos, no llaman al médico porque -explica el administrador- "si no tienen para pan mal tendrán para remedios".

"Lo que yo pregunto -inquiere trastornado Jacinto- es si aquí, en Tormes, en mi propiedad, dentro de estos campos que son míos, hay gente que trabaje para mí y que tenga hambre" (pág.175). La respuesta es afirmativa. "No es bueno -explica el administrador- acostumbrar a tanta liberalidad a esa gente. Después todos querrían, todos pedirían..." (pág.178). "Pero es que todos han de tener" -concluye el autor por boca de Jacinto; y se compromete a sanear todas las viviendas, "morada del hambre, de la enfermedad y la tristeza" (pág.176) y a procurar los servicios de un médico.

Finalmente Jacinto va a contraer matrimonio con Juanita, prima de su amigo Zé Fernandes. Él, que en París mantenía a una cocotte que le costaba tres mil francos mensuales y pensaba que iba a ser el último de los Galión, tiene ahora dos hijos y se siente definitivamente feliz.

La prosa es excelente aunque morosa. Cada sustantivo lleva a hombros a un adjetivo como un broche brillante. Nos recuerda, aunque posiblemente en mejor, a Josep Pla y a Wenceslao Fernández Flórez. Con éste último comparte un humor subterráneo galaico-portugués, que hace que la crítica no sea nunca amarga y el final sea previsible y feliz.