La familia de Pascual Duarte

Pascual Duarte, campesino extremeño hijo de un alcohólico, nos cuenta su vida mientras espera su propia ejecución en la celda de los condenados a muerte. Víctima de una inexorable fatalidad, Pascual Duarte es un ser primitivo y elemental dominado por la violencia, única respuesta que conoce a la traición y al engaño. Pero esa siniestra apariencia no es más que la máscara que oculta su incapacidad para luchar con la maldad de los demás y la desvalida impotencia que alberga en el fondo de su alma.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
192
84-233-4278-5
2016
184
978-84-233-5020
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2
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Imagen de pepo

Tristeza y pesimismo y miseria y crimen llenan la novela, aunque en un contexto de correcta valoración ética de lo que se narra.

Empieza el relato con la frase “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”. Lo malo es que se lo cree y así le va su vida rodeada de muerte fortuita y no tanto.

En algún momento de su trágica supervivencia hay  algún toque sucinto de arrepentimiento, pero en eso se queda.

Lo único que me ha parecido más atractivo es que te mete fácil en el ambiente rural de la época. Y algunos de los diálogos, no todos.

Yo leería otra cosa, hay tantas y tan interesantes.

Imagen de angela

En estas supuestas memorias, un hombre encarcelado y próximo a sufrir la última pena narra su vida marcada por la miseria y el crimen. En la novela, de compleja estructura bajo su aparente sencillez lineal, se da una sabia gradación de los elementos de violencia y de las reflexiones de reposo y meditación, así como una utilización estilística del lenguaje, que adopta a veces un aire de rusticidad y otras un tono lírico y meditativo de gran calidad.

Imagen de ross

Es su primera novela, publicada en 1942, y la que más fama le ha dado junto con La colmena y los episodios de Viaje a la Alcarria. El novelista ofrece la transcripción de las memorias de Pascual Duarte –un asesino que espera la ejecución en la cárcel de Badajoz-, avisando de que es "un modelo de conductas", pero "un modelo para huirlo". El famoso comienzo de estas memorias –"Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo"- señala ya la congoja de un hombre que puede ser tomado como una hiena o como un manso cordero, "acorralado y asustado por la vida". Una extraña sed de sangre le impulsa en los momentos más desafortunados a matar a quien le hace daño: primero a su perra, en la que ve de pronto una mirada "escrutadora y fría"; luego a la yegua que provoca el aborto de su primer hijo; después a El Estirao, que ha corrompido a su hermana y adulterado con su mujer. Tras un odio larvado a lo largo de los años, termina matando a su propia madre. Sucesivas desgracias van rompiendo el equilibrio de Pascual: la muerte del padre por rabia, la del hermano tonto al ahogarse en una tinaja de aceite, la del segundo hijo por un "mal aire traidor". Una y otra vez parece que el destino le fuerza a actuar bárbaramente, olvidando que había nacido para "rosa en un estercolero". Esperando la muerte, junto con el frío ejercicio de la memoria que registra crímenes, injurias y huidas, le invade un rudo arrepentimiento, que no deja de ser sincero: "Cuando la paz inunda las almas pecadoras es como cuando el agua cae sobre los barbechos, que fecunda lo seco y hace fructificar el erial". Terrible en su tremendismo, exacta en desvelar un alma desgraciada, la novela se abre paso entre la dureza de la vida, lacónica, impactante.