La felicidad de la tierra

El periodista Manuel Leguineche ha comprado la casa El Tejar de la Mata, en Brihuega (Guadalajara). Punto de partida y llegada de sus correrías profesionales, es un antídoto contra las guerras y desastres sobre los que informa habitualmente. En su diario escribe sobre la naturaleza que le rodea, los vientos y las nubes, los perros y las aves. En ocasiones son evocaciones del pasado o reflexiones sobre el presente. Es un diario ecológico, literario y humanístico. Comienza en 1986 y es fácil que se extienda una decena de años, aunque el autor ha eliminado las referencias temporales. Soltero, Leguineche frecuenta la taberna donde se empapa de sabiduría rural, chismes, mus, comida y vino. También se informa sobre las palabras castellanas olvidadas. Para terminar, relata un viaje por la ruta de Don Quijote.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2001
476
84-663-0165-8
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
Average: 3 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

3
Género: 

Comentarios

Imagen de enc

Un Diario es aquel libro que todos desearíamos escribir y nadie tener que leer, y es que la dificultad del diario es que carece de argumento y frecuentemente incorpora hechos que solo interesan al autor. No obstante "La felicidad de la tierra" tiene valor literario; está muy bien escrito, lo que acredita lo que una vez dijo Kipling, que el periodismo es una buena escuela para hacer literatura.

El autor se encuentra en el último tercio de su vida y disfruta de la vida en el campo que le recuerda a su Vizcaya natal: "Leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar, vino añejo para beber, amigo anciano para conversar y libro antiguo para leer" (pág.334). En conversación con los naturales escucha opiniones sobre la evolución de los tiempos: "Desde el punto de vista material se vivía peor, se pasaban muchas penas, qué me vas a contar, pero la vida era más llevadera, más solidaria, más reposada, había menos problemas y menos angustia" (pág.339).

El sistema democrático ya es una realidad en España, pero el sentido común intuye que no puede haber democracia sin valores morales individuales: "Los buenos modales y el sentido moral -opina Miguel- es algo que está desapareciendo en España, algo con lo que ya no se cuenta... Julia se rebela enfurecida contra los malos modos y la violencia gratuita: Vamos a peor -asegura con convicción-. Tanto progreso, tanto progreso y la gente se cría peor educada" (pág.398). Norberto, pastor de ovejas, cierra la ronda de opiniones: "Hay mucho vicio y mucha bribonería" (pág.463). Y es que la democracia se construye día a día con las virtudes morales y sociales de cada uno de nosotros. Esa es nuestra auténtica participación en un sistema democrático, desde una reunión de la Comunidad de Propietarios hasta mantener limpias las calles. Frente a ello el voto es secundario, ocasional y falible.

Siguiendo la ruta de Don Quijote el autor llega al Campo de Criptana, donde el caballero se enfrentó con los molinos. Al encargado de la oficina de turismo su trabajo le curó de una depresión de caballo: "Me sentía muy mal, hundido. Sube a los molinos -me recomendaron- allí estarás entretenido en la oficina de turismo. Fue mano de santo. Yo no tengo novia; mi novia son los molinos y los visitantes. Me enrollo con ellos, les atiendo... Yo no hablo sus idiomas, pero los entiendo, los entiendo. Me escriben poesías, dibujan" (pág.269); y concluye: "Cuesta poco hacer felices a los demás ¿verdad usted?"