La hija del ministro

Una misteriosa y aristocrática anciana fallece en su magnífica casa del paseo marítimo de Las Arenas. Aunque siempre la ha perseguido el rumor de un amor inconfesable, nadie conoce su pasado. El descubrimiento fortuito de sus cuadernos de juventud, revela a Nelsy, su última cuidadora, la inesperada historia de una mujer fascinante y la memoria de una época marcada por la tragedia.

Las páginas de Elvira Bossana arrancan en el Madrid convulso de los años veinte. Su padre, ministro del último gobierno de Alfonso XIII, le dio una vida acomodada hasta la proclamación de la República, que trastocó la existencia de una familia singular y de hondas convicciones. Aunque el mundo de Elvira se resquebraja en una marea de odio, ella tratará de no rendirse gracias a la aparición de un amor que alterará su destino, hasta convertir a los protagonistas de La hija del ministro en actores de un drama épico que evoca un mundo en el que aún eran posibles las grandes pasiones.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2009
512
84-9734-911-6
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.444444
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Imagen de AOM

Texto muy bien elaborado. Resulta natural. Es una de las muchas historias anónimas que se vivieron en el primer tercio del sigol XX. ¿Cuántas personas se vieron obligadas a reiniciar sus vidas con el recuerdo de los seres queridos desaparecidos en la guerra? Y, mas aún, ¿cuántas de ellas pudieron haberlos recuperado, de no ser por haber rehecho ya sus vidas de otra manera? Deslices como situar los Jardines de Sabatini, cuando en su lugar estaban las caballerizas reales; llamar parroquia a la iglesia de San Manuel y San Benito, cuando no lo fue hasta 35 años después o, usar la puerta de la montaña artificial del Retiro, cuando no existía, no deslucen el conjunto de la obra. Es de esas novelas que deja buen sabor de boca y da pena que se termine. Los personajes son muy humanos, tienen alma.

Imagen de Azafrán

La realidad pluricultural de nuestro país y, tal vez, el interés por conquistar los mercados hispanohablantes, llevan al autor a elegir a Nelsy, una joven ecuatoriana, como testigo de que la ficción de que este relato es sólo aparente. También es Nelsy el punto de encuentro entre el mundo de la protagonista, la joven Elvira hija de un ministro –uno de los del último gobierno que Alfonso XIII encomendó al almirante Aznar, allá por el año 1930- y las reacciones que la vida de esa joven, vapuleada por la convulsiva España de los años de la segunda república, van produciendo en el lector.

Desde 1808, fecha en al que los españoles se rebelaron contra Napoleón, ya no dejaron de hacerlo contra todo aquello que les desagradaba. Me refiero a las duras circunstancias en las que vivía el 80 % de la población ocupada en trabajar las tierras de grandes latifundios. El reinado de Fernando VII (1814-1833) fue una continua disputa del poder entre un rey absolutista y un pueblo que quería una monarquía constitucional –la de 1812-.

El apoyo que la mayoría de la clase política dio a su hija Isabel II, a pesar de la ley sálica- se debió al miedo al retorno a una monarquía absolutista bajo el reinado de Carlos, el que hubiera sido V, el hermano de Fernando.

Bajo el reinado de una mujer, mejor de una niña, les fue fácil a los liberales y a los moderados repartirse jirones de poder. Y ya se sabe, el que reparte se lleva la mejor parte. Así las clases que reclamaron las desamortizaciones de 1822, de 1837, entre otras, se hicieron con la mayor parte de las tierras a bajo coste y se convirtieron en las nuevas clases dominantes. Mientras, el campesinado continuó su vida dura de asalariado, sin derechos políticos pues carecía de voto todo aquel que no pagase impuestos directos al estado.
Las industrias textiles en Cataluña y la metalúrgica vasca (construcción de vías del ferrocarril y de barcos) comenzaron a atraer campesinos hacia estas dos regiones. Y al tiempo surgieron partidos políticos y fuerzas sindicales que aglutinaron su descontento dando lugar al sexenio revolucionario 1868-1874 durante el cual se aprobó la constitución de 1869, la "gloriosa", que reconocía el sufragio universal y las libertades de culto, prensa y reunión. Isabel II huyó a París y abdicó en su hijo Alfonso XII, pero el general Prim consiguió que Amadeo de Saboya fuera coronado rey. El asesinato de Prim, su principal valedor, contribuyó a que Amadeo sólo reinase cuatro años y tras su abdicación dio comienzo la primera república que en dos años conoció cuatro presidentes, Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall y Nicolás Salmerón (Pi y Margall dio alas a los federalistas y el movimiento cantonal fue tan contundente que Nicolás Salmerón tuvo que dar marcha atrás y dimitir tras cuatro meses de represión) y Emilio Castelar. Este periodo terminó con la sublevación del general Pavía y los gobiernos de los generales Serrano y Zavala. Zavala y el general Martínez Campos consiguen la restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII (1874-1885). Después, a su muerte, dieciséis años de regencia de María Cristina de Austria.
De telón de fondo continúan las guerras carlistas en un constante intento por sentar en el trono a los herederos de Carlos, el que hubiera sido V. Así mismo, Cuba y Filipinas comienzan su lucha por la independencia y el protectorado de Marruecos también intenta librarse de España.
Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-1930), los partidos dinásticos (los que querían que España continuase siendo una monarquía constitucional) se suceden en el poder: Maura (1907-1912) y Canalejas (1912). Pero Canalejas es asesinado ese mismo año y el general Primo de Rivera da un golpe de poder.
Primo de Rivera pierde apoyos y en 1930 se ve obligado a dimitir ante Alfonso XIII quien intenta volver a un gobierno constitucionalista. Así pide al general Berenguer (1930) y al almirante Aznar (1931) que formen gobierno. Mientras, las izquierdas supieron canalizar el descontento del campesinado y de los trabajadores concentrados en las zonas industriales; pactaron una coalición republicana entre partidos de izquierda y sindicatos que consiguió ganar las elecciones municipales de 1930. Alfonso XIII abandonó España para evitar baños de sangre. Y comenzó así la segunda república. Desde 1808 hasta 1930, la lista de generales y militares implicados directa o indirectamente en el gobierno reúne nombres como Martínez de la Rosa, Espartero, Prim, Serrano, Martínez Campos, Primo de Rivera… Todos ellos lograron restablecer la unión, la convivencia, la paz necesarias para que España pudiese progresar.

Durante la segunda república existió un primer bienio de gobierno de izquierdas y un segundo bienio de gobierno de la derecha al que se accedió tras ganar las elecciones en 1933. Durante ese segundo bienio presidió Lerroux y ocupó la cartera de la Guerra Gil Robles. Fue Gil Robles quien convocó a varios generales para que restauraran el ejército (Franco, Fanjul, Goded y Mola). De ellos el único que sobrevivió al levantamiento de 1936 fue Franco.

Parace que el sino del ejército durante casi dos siglos ha sido frenar los desórdenes de las revoluciones y moderar los impulsos con los que las clases desheredadas reclamaron sus mejoras laborales y de vida.

La hija del ministro tiene como telón de fondo el gobierno del almirante Aznar. Uno de sus ministros es el padre de la protagonista. Asistimos a la vida de un hombre honrado que compagina sus deberes de gobierno con su vida familiar y sus relaciones de amistad. Elvira, una de sus hijas, es el testigo que permite al lector entrar en la sociedad convulsa del Madrid de 1930. Las consecuencias dolorosas para tantas familias de esta época también las sufre la familia del ministro con pérdida de alguno de sus hijos y de las amistades de estos que determinarán sus trayectorias vitales en los años sucesivos.

La novela se desarrolla en el Madrid y en el País Vasco principalmente pero existen referencias a otras ciudades muy relacionadas con los años de la segunda república y el avance del ejército de los nacionales.
El lector recordará los hitos de la historia de España casi sin darse cuenta a través de esta novela.

Imagen de JOL

Es una buena historia y está bien ambientada. Los personajes son de carne y hueso, no de cartón piedra, como en tantas novelas actuales. Así, la protagonista Elvira Bossana, la hija de un ministro de Alfonso XIII, Ventura Ortuño el amor de su vida, y el resto de la familia numerosa Bossana, junto con los amigos. Asistimos a la llegada de la República y el exilio del monarca. La furia desatada en Madrid contra todo lo anterior puede abrir los ojos a quienes no vivimos esa revolución. No carga las tintas el autor pero, con lo relatado, es suficiente para confirmar la información que ya tenemos por fuentes históricas y testimonios de primera mano, todavía vivos. Todo esto está muy lejos de la memoria hisitórica sectaria, incluídas las películas españolas jaleadas, donde los republicanos, el Frente Popular, los socialistas, etc. aparecen como hermanitas de la caridady víctimas de la represión franquista. Hubo una guerra terrible, como todas, y hubo consecuencias desgraciadas, casi siemprea nada cristianas. Hubo víctimas en ambos bandos, pero ni en el origen, ni el desarrollo, ni en el final fueron moralmente semejantes.

Vemos en esta obra la dignidad de la familia Bossana, las pequeñas y grandes virtudes del hogar, la bajeza de otros personajes, y los resentidos envenenados moralmente por la propaganda.

El relato viene de la mano de la empleda de una Elvira anciana que vive en Neguri (Bilbao), una inmigrante que descubre la vida de su señora, sus amores, su familia, y lo que pasó en la guerra. El lector disfrutará de los escenarios de Madrid y Bilbao.

Desde el punto de vista literario, la novela está muy cuidada y bien publicada. A veces el autor cae en la tentanción de hacer literatura un tanto artificiosa. Pero es poco y no merma la calidad de la novela.

Imagen de fcrosas

Es una novela fresca, que funciona, que se lee fácilmente. Ágil, entretenida.
Los personajes están bien caracterizados y el ambiente-espacio dramático bien dibujado.
Necesitaría un último pulido estilístico, con lo que mejoraría mucho.
Esta novela augura un buen futuro al autor.