La muerte de Iván Ilich

Al ver acercarse la muerte, Ilich, como tantos hoy, toma conciencia de la vacuidad de una vida centrada en las apariencias y una falsa seguridad en sí mismo.

Iván Ilich es un burgués de buena familia, que gracias a sus dotes sociales y su destreza en el trato con personas influyentes consigue lo que es el sueño de todo burgués y lo que todo burgués idolatra: el ascenso social. De oficial de grado medio se convierte en miembro del Tribunal Supremo. Su matrimonio, al igual que todo en su vida, es fruto de conveniencia y, aunque no le proporciona felicidad personal, se conforma con él, puesto que al menos le permite vivir "como debe ser".

Esta es la situación del protagonista y de su entorno previa al gran acontecimiento que causará en él un cambio interior radical (metanoia). Este cambio se produce a raíz de un golpe insignificante que, no obstante, causa un daño en algún órgano interno del protagonista y su estado va empeorando paulatinamente a pesar de los esfuerzos de los médicos.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2004
0
2011
320
978-84-206-7433
2013
160
978-84-15717-22
2016
120
978-84-9104-33

Subtítulo: Historia de un caballo

Colección: Libros Singulares

1992
95
84-87634-33-8
Valoración CDL
4
Valoración Socios
3.833332
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Género: 

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Imagen de Pipa

Iván Ilich muere con cuarenta y cinco años, cuando parecía que estaba en la flor de la vida, y después de una inesperada y rápida enfermedad sin remedio.
La sorpresa y rebeldía en la aceptación de la propia situación concentran un texto de máxima tensión psicológica en la que, entre dolor y dolor, el protagonista discurre y repasa su vida.
¿Por qué a él? ¿qué ha hecho mal? Cuando pensaba que todo lo había hecho bien ¡No puede ser que le toque la muerte cuando justo asciende y la vida parece que le sonríe un poco!
Su ambición, sus esfuerzos por ascender, por tener una vida plácida y tranquila, parece que no le ha salido bien.
Tal vez no era tan bueno aquello que buscó, o aquella conducta que tuvo, o… Se mortifica dándole muchas vueltas al tema. Y cayendo en un mal humor, odio hacia su mujer, por otra parte peculiar y no muy simpática, y lo único que le consolaba, como contrapunto, era su joven criado Guerásim, un chico joven, de mirada franca y que no le hace “ascos” a cuidarlo bien, incluso extra pasándose con él, porque, aunque no lo sabe, vive la caridad y el cariño hacia una persona enferma terminal.
Dentro de un contexto agnóstico, con cierto fondo cristiano, pero en una sociedad atea o, al menos, en la que no practican su fe, el discurso es muy angustioso. Sentido de culpabilidad.Todo lo ve negro. El enfermo se siente solo. Con una soledad brutal. Un miedo atroz a la propia muerte. Horror al sufrimiento. Y la lucha por apartar de las conciencias la reflexión sobre la propia muerte ¿Qué sentido tiene el dolor? Su orgullo se siente herido. Ante el momento más decisivo de su vida. Solo aparece un punto de luz, de esperanza, al final.
Siendo de origen humilde, de joven, admiraba a las clases altas, idealizándolas e imitándolas. Era todo un empeño externo. Se casó con su mujer. Y todo iba bien hasta que esta se quedó embarazada del primer hijo. Su carácter se agrió. Y fastidió la paz y armonía en la que aparentemente vivían. Los celos le devoraban. Y él, sorprendido se refugió en el trabajo…
Llama la atención, en los momentos siguientes a su defunción, la visión materialista, pura y dura de su entorno. La frialdad en el trato con él. La concepción de su trabajo dentro de la maquinaria oficial, él era un engranaje. No quería mezclar lo personal y lo oficial. Y a veces cuánto le costó esta rara actitud. Esta doble vida.
Esta breve novela maestra, está muy bien escrita, ágil y elegante. No es un hipocondriaco. Él sabe que se muere. Y nadie se da cuenta. Su entorno le hace creer en que estaría mejor si él muere. Es durísimo. Lliteratura buena. De la que hace pensar, además de ser fácil de leer.
Interesante para un libroforum, por las muchas facetas que se pueden sacar del análisis de los personajes.

 

Imagen de fcrosas

Pocas reflexiones sobre la muerte tan lúcidas como esta de Tolstoi a propósito de Iván Ilich. Se trata de un relato que invita a ser leído de un tirón, y que mantiene tensa la atención a pesar de no contener ni pizca de intriga, ya que la narración empieza por el desenlace; y por si nos quedaba alguna duda, el título es transparente. Soledad versus comprensión, egoísmo versus capacidad de amar. Me parece que es un texto utilísimo en estos momentos postmodernos en los que la muerte sigue siendo un tabú social.

Imagen de cdl

El constante declive de su salud obliga a Iván Ilich a enfrentarse con la visión de su propia muerte, lo cual, de por sí, resulta dramático y aterrador. Pero la principal revelación a la cual le lleva su nueva situación no se refiere a su muerte sino a su vida: se da cuenta de que ésta ha sido absolutamente vacía y exenta de cualquier valor. Con una terrible lucidez percibe la verdad sobre lo miserable de su condición moral. Con terror toma conciencia de esta verdad que antes estaba soterrada bajo las falsas apariencias de prestigio social, bienestar material y una distante seguridad en sí mismo. ¿Acaso no parece esta descripción un retrato perfecto de muchos de los llamados "hombres de éxito" no sólo del siglo XIX en Rusia sino también en la época actual y en cualquier lugar del mundo? No obstante, al final del relato Tolstoi se permite un momento de optimismo, más bien poco habitual en él, cuando muestra la posibilidad de superar el miedo a la muerte y la desesperación por el sinsentido de su propia vida gracias al encuentro de despedida de Iván Ilich con su hijo. En el segundo relato, la crítica se dirige contra todo tipo de discriminación basada en las apariencias. El protagonista del libro, el caballo Kolstomier es el más rápido, más hábil y el más inteligente de la yeguada pero su color pío (blanco con manchas de otro color) lo hace destacar de los demás, lo cual no es del agrado de su amo, quien lo vende a otra persona de menor relevancia social y así empieza la sucesiva "degradación social" de este caballo que era retoño de unos de los mejores corceles del Imperio. Sin entrar en la evaluación de las propuestas éticas sugeridas en ambos relatos (tarea a la cual invita José María Sánchez Alcón en las notas para "las actividades con los lectores jóvenes" incluidas en la edición), hay que reconocer que tanto en estos dos, como en muchos otros relatos de Tolstoi, su genialidad en la descripción de los caracteres humanos y su perspicacia en la observación sicológica y reflexión axiológica confieren a su obra un indiscutible carácter universal. (Marcin Kazmierczak, en ForumLibertas.com)