La sangre de los inocentes

Soy espía y tengo miedo. Así empieza la crónica que escribe Fray Julián, notario de la inquisición, cuando recibe la misión de relatar los enfrentamientos acaecidos en Montsegur (Francia) a mediados del siglo XIII. Las luchas de poder entre los cátaros y el control que, en nombre de la fe, lleva la inquisición, propiciarán que la crónica del fraile sea un valioso tesoro a descubrir. Su última frase - algún día, alguien vengará la sangre de los inocentes - se convertirá en un enigma a descifrar de generación en generación. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Ferdinand verá con sus propios ojos como el mundo se desintegra. Tiempo después, a principios del siglo XXI, Raimón de la Pallisiére, hijo del aristócrata francés, recurrirá a El Facilitador, un hombre que desde la sombra maneja los hilos de poder, para un único fin: cumplir la sed de venganza por tanta sangre derramada a lo largo de la Historia.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2007
780
Valoración CDL
2
Valoración Socios
3.125
Average: 3.1 (8 votes)
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Comentarios

Imagen de JORGEEC

Novela histórica muy larga y de fácil lectura. En algún lugar he leído que existen demasiados personajes que acaban olvidados en el transcurrir de las páginas y estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación. Nos relata la organización de unos atentados, el odio y por otro lado la coordinación de los servicios de inteligencia internacionales para frenar la masacre. La historia comienza con la grandísima historia de Montsegur, que es mencionada en otros libros, por ejemplo Brida, y continúa sinuosamente como las aguas de un río por Alemania en la Segunda Guerra Mundial, Italia, Bruselas, España y muchos otros países. En todos ellos aparecen personajes algunos tan maravillosos como Laila abogada granadina hermana de Amir, uno de los terroristas islámicos. La fuerza y la convicción de esta mujer sobresale al igual que doña María que lucha por sus ideales y defiende a su familia hasta la muerte. En general me ha gustado el libro. Lo recomiendo.

Imagen de wonderland

La tesis que recorre el volumen con insistencia podría enunciarse así: el fanatismo es un cáncer de la humanidad que rebrota con nombres diversos y contra el que la tolerancia libra un combate decisivo.


Los personajes son exhibidos sin pudor: malvados, fascistas, o islamistas que no dudan en acuchillar a sus parientes; buenos con media aureola sobre su cabeza.


Todo ello viene servido con un estilo a ras de suelo, los diálogos vuelan a la misma altura, abandonando sólo la vaciedad para sumirse en la moralina. Tan sólo la estructura tripartita y su vuelo a través de los siglos puede fascinar al lector novel. Pero esta estructura se tambalea porque la última parte presenta un formato de "thriller" que es ajeno al resto de la obra, de tal modo que parece otra cosa.


La clave del éxito habrá que buscarla en el mensaje. Resulta sugestivo, para la mentalidad dominante, el mezclar a la Iglesia con el nacionalsocialismo y con Al-Qaeda en el saco de la intolerancia.


Pero, para ser justos, hay que reconocer que la Iglesia contemporánea resulta bien tratada en la tercera (y más extensa) parte de la novela. De hecho, es un jesuita quien da con la clave de los atentados y tanto este como los demás sacerdotes que aparecen en esta parte se nos muestran como honrados creyentes y hombres razonables.


"La sangre de los inocentes", con su tosquedad de lenguaje, con la puerilidad de sus razones, es un manual para catecúmenos del relativismo. Sólo los que aún sigan escogiendo la asignatura de Religión podrán saber que la sangre del Inocente por antonomasia fue derramada por el primer relativista del que se tiene noticia.

Imagen de acabrero

Novela
poco histórica, excesivamente larga, que contiene una intención moralista en
torno a la violencia. Se presentan diversas situaciones de persecuciones y terrorismo,
ambientadas en momentos muy diversos de la historia, con un enlace un tanto
pintoresco. La calidad literaria no existe, la extensión no está justificada,
pero la intención de la autora es buena. La última parte, de tres muy
desiguales que tiene el libro, se comporta como una historia policíaca de intriga.
Es más de la mitad del libro, y al final el ritmo es trepidante. A quien le
gusten estos argumentos de novela de acción le style='mso-spacerun:yes'> 
quedará al final buen sabor de boca, y una
idea: la violencia la causan unas cuantas personas que ganan mucho dinero
provocando guerras. (Más comentarios en href="http://www.clubdellector.com/articulos.php?id_articulos=177">http://www.clubdellector.com/articulos.php?id_articulos=177)

Imagen de cdl

Lo que convierte a esta novela en promocionable se halla en el fondo. "Temo a los hombres que no dudan", dice la cátara doña María, una de las buenas más buenas de la obra. Y Julián, el fraile en crisis por culpa de las hogueras, acaba confesando: "No sé qué Dios es el verdadero". A lo largo de toda la novela encontramos un planteamiento similar: "No te olvides de que no importa cómo se llame a Dios ni de qué manera se le rece. No te vuelvas un fanático". Es la confusión radical, que lleva a muchos a pensar, como al profesor Arnaud, que la religión solo sirve para dividir a los hombres. La confusión entre el estar convencido de algo y el imponerlo por la fuerza. Pensar que cualquier convicción es susceptible de desembocar en las hogueras. Para no ser fanático conviene que la fe no sea muy profunda.

"La sangre de los inocentes", con su tosquedad de lenguaje, con la puerilidad de sus razones, es un manual para catecúmenos del relativismo. Sólo los que aún sigan escogiendo la asignatura de Religión podrán saber que la sangre del Inocente por antonomasia fue derramada por el primer relativista del que se tiene noticia.

Imagen de aita

La crónica de Fray
Julián un dominico secretario de la Inquisición sobre la muerte de los últimos class=SpellE>cátaros en el siglo XIII, sirve como hilo class=SpellE>condictor para condenar la violencia en el siglo XX.
Desfilan por este libro, a modo de "muestrario de violencias" las
atrocidades de los nazis, jusios, musulmanes, la
guerra de Bosnia, etc. La novela está bien escrita y mantiene el pulso
narrativo. La descripción de la muerte de los cátaros
está retocada para subrayar las atrocidades de la Inquisición, con una presencia
"extraña" de los templarios, del Santo Grial y hasta de la Magdalena
(otra vez). Aunque la actuación de la Iglesia está tratada con respeto, no
menciona la petición de Juan Pablo II de perdón por la violencia a lo largo de
la historia. Una novela que ayudará a pensar y que vale la pena leer. (Para más
información href="http://www.clubdellector.com/articulos.php?id_articulos=168">http://www.clubdellector.com/articulos.php?id_articulos=168)