La santa misa

Gran parte de los cristianos se encuentran hoy en un estado de “analfabetismo religioso”, según una expresión bien gráfica de Benedicto XVI, que se corrige no solo mediante la enseñanza espiritual: es necesaria también una alfabetización litúrgica.

Cincuenta años después del Concilio Vaticano II todavía quedan en él riquezas por descubrir. Su reforma litúrgica no pretendía simplemente cambiar unos textos, sino más bien renovar una mentalidad: hacer de la Misa el centro y la raíz de la vida cristiana. El autor ofrece en estas páginas una ayuda para lograrlo, partiendo de cada palabra y de cada gesto de la celebración.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015
284
978-84-321-4548
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3
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Imagen de José Ignacio Peláez Albendea

En esta primera edición, el libro va acompañado de un elocuente Prólogo del Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, que subraya la contribución de la liturgia en la nueva evangelización, y las características que ha de tener: adoración a Dios, contribuir a satisfacer la sed de Dios y de espiritualidad del hombre contemporáneo, mediante el encuentro con Dios en las celebraciones litúrgicas; la participación activa en la liturgia, la belleza y el cuidado de la celebración… Y agradece al autor un ensayo tan oportuno cuando se cumple el 50 aniversario de la constitución Sacrosantum Concilium.

El autor señala como motivo del libro unas palabras de San Juan Pablo II en un seminario romano, citadas por el Papa Francisco: “¡Aprender a vivir la Santa Misa!; a esto nos ayuda estar en adoración delante del Señor eucarístico en el sagrario y recibir el sacramento de la reconciliación”. Y busca contribuir a curar el “analfabetismo religioso”, en palabras de Benedicto XVI, que aflige a muchos cristianos, por medio de una formación litúrgica y espiritual, que ayude a que los fieles –laicos, religiosos y sacerdotes- puedan profundizar en este “camino de identificación con Cristo que pasa por la escuela de la Santa Misa, por el aprendizaje vital de las palabras y los gestos de la celebración”.

El método es “mistagógico”, desde los ritos. Y las fuentes del trabajo, además de la ordenación General del Misal Romano, el Magisterio contemporáneo de Juan Pablo II y el Papa Francisco y el Catecismo de la Iglesia Católica, con especial hincapié en el magisterio litúrgico de Benedicto XVI; son frecuentes las referencias a los Padres de la Iglesia (entre otros, a San Agustín, S. Cipriano, S. Justino, S. Ambrosio y S. Gregorio Magno);  y a los santos, en especial, a San Josemaría Escrivá en sus homilías sobre la eucaristía; y a autores contemporáneos, como Mons. Javier Echevarría, Arocena, Barba, Marini, Müller y un largo elenco de autores citados en la bibliografía básica al final del ensayo.

Los capítulos del libro son: Ritos iniciales de la Santa Misa, La  liturgia de la Palabra, Liturgia Eucarística, La Plegaría Eucarística, Rito de la Comunión, Rito de Conclusión.

En conjunto es un excelente texto de formación mistagógica para ayudar a vivir la Santa Misa, a la adoración eucarística y a la conversión del fiel cristiano, que le lleve a transformar el mundo. 

Imagen de acabrero

Este libro sobre la Misa no es uno más. Como es lógico, la estructura puede ser semejante a otros libros del estilo que se hayan escrito, porque lo que hace el autor es examinar minuciosamente cada parte, desde el principio al final, pero la novedad, si se puede hablar de tal cosa en la liturgia, es que en este libro están citados los últimos documentos oficiales del tema, junto con la enseñanza de los últimos papas, incluido el Papa Francisco. Quizá llama la atención la riqueza de citas de la teología de Ratzinger/Benedicto XVI, pues no en vano es uno de los máximos especialistas en la materia. Por lo tanto, entre los textos de este papa y los del Papa Francisco, los de Juan Pablo II y de Pablo VI, con la Institución General del Misal Romano (IGMR) y los textos del Concilio, citados todos ellos con gran profusión, dan una riqueza inigualable y totalmente al día de la liturgia latina. Merece la pena leerlo despacio, meditarlo, para no perder detalle pues son muchos los que se van dejando caer a lo largo del libro que le dan una gran riqueza.