Las cruzadas vistas por los árabes

Basándose en los testimonios de los historiadores y cronistas árabes de la época, Amín Maalouf relata la historia de las cruzadas tal y como las vieron y vivieron en "el otro campo", es decir, en el lado musulmán, un punto de vista hasta ahora olvidado. Abarca el período comprendido entre la llegada de los primeros cruzados a Tierra Santa en1096 y la toma de Acre por el sultán Jalil en1291, dos agitados siglos que dieron forma a Occidente y al mundo árabe y que aún hoy siguen condicionando sus relaciones.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
392
2012
432
978-84-206-0900

Colección: Biblioteca de Autor

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Lo primero que hay que decir de "Las Cruzadas vistas por los árabes" es que no son distintas de las Cruzadas vistas por los cristianos. Llamamos Cruzadas a diez expediciones militares que se produjeron durante los siglos XII y XIII y que, partiendo de Europa occidental, tenían como objetivo aparente reconquistar Jerusalén de manos de los árabes. Los objetivos reales fueron variopintos: una Cruzada saqueó Constantinopla y otra puso rumbo a El Cairo sin ningún éxito. Los caballeros cristianos, hartos ya de luchar entre sí, se dirigieron a Oriente para guerrear contra los infieles. Unos trataban de demostrar su lealtad y compromiso con la religión; otros de conquistar territorios y todos de alcanzar botín. Europa se encontraba empobrecida por las guerras, mientras que eran míticas las riquezas de Oriente. Las Cruzadas son un movimiento militar nada original en la historia. Roma había conquistado los territorios alrededor del Mediterráneo, incluída Jerusalén. Los pueblos del Este habían arrasado Roma. El mismo Profeta Mahoma había dirigido a las tribus árabes en la conquista de Oriente próximo, norte de África y se había asomado a Europa. Por último su sucesor, el Califa Omar, había tomado Jerusalén de manos de los bizantinos en el año 638. Un movimiento militar oeste-este no tenía nada de original. Maalouf señala como los únicos damnificados por Las Cruzadas no fueron los árabes; los cruzados causaron más daños en Constantinopla que en Damasco. Igualmente el Califato tenía súbditos cristianos, armenios, nestorianos o griegos que fueron tan damnificados como los árabes y que frecuentemente se acogieron a la protección de estos. Del estudio de las Cruzadas, Maalouf obtiene determinadas conclusiones más bien favorables a Occidente. Él mismo es un católico libanés exiliado en Francia. La más significativa de estas conclusiones es que los musulmanes carecían de la capacidad de generar instituciones políticas propias. Sus gobernantes eran caudillos militares, que se disputaban el poder y lo ejercían en nombre de un Califa lejano o, en último extremo, en nombre de una entidad religiosa supranacional: el Islam. Mientras tanto en Europa se iban desarrollando los Estados-Nación que tanta brillantez iban a alcanzar durante el segundo milenio. Apunta también a los reconocimientos de derechos. Habían de pasar siglos hasta que se extrajesen las enseñanzas que las Cruzadas nos proporcionan en ese ámbito, todavía no suficientemente aprendidas. En el ámbito internacional la renuncia a la violencia como modo de resolver los conflictos, el respeto de los tratados y las fronteras. En el ámbito social e individual el reconocimiento de la libertad religiosa, de tránsito pacífico y de emigración. En el ámbito comercial, la libertad de comercio como vínculo entre los territorios y las culturas. El comercio ha hecho más por la paz y la unidad de los pueblos que la política y la religión. Baste señalar cómo el primero en traer noticias a Europa sobre China fue un comerciante, el veneciano Marco Polo. Otra lección que nos proporcionan las Cruzadas es la de que provocar el desequilibrio de las instituciones de gobierno, por débiles y venales que éstas sean, termina perjudicando a los pueblos a los que se trata -aparentemente- de favorecer. Las recientes guerras del Golfo, de Afganistán, Irak o Siria han causado más dolor entre los pueblos, incluídos los cristianos, que los que pudieran haber causado sus anteriores gobernantes. La solución violenta no ha resuelto nada y ha creado nuevos problemas. Es una lección que se podría haber extraído de las Cruzadas. Como le dice Saladino al monarca inglés Ricardo Corazón de León: "No puedes vencerme porque tú en algún momento te irás, pero yó me quedaré aquí". En cuanto al problema de Jerusalén, motivo teórico de las Cruzadas, ha demostrado ser un foco permanente de tensiones. Las instituciones internacionales preconizan la internacionalización de la Ciudad, como Patrimonio Religioso de la Humanidad; algo parecido a la Ciudad del Vaticano pero tutelado por las instituciones internacionales. Esperemos que algún día se pueda implementar esta solución y Jerusalén sea verdaderamente la Ciudad de la Paz.

Imagen de acabrero

Este es un libro de historia. No es
historia novelada y, sin embargo, amenísimo. Es una visión de conjunto de lo que
fueron las Cruzadas, utilizando fuentes musulmanas. Ciertamente hay que tener
un cierto interés por el tema. Incluso ayuda tener algún conocimiento geográfico
de la zona. En la edición que yo he leído (la misma que aparece en esta ficha)
aparece al final un mapa que facilita mucho las cosas. En algunos momentos el
exceso de nombres musulmanes puede hacer la lectura un tanto engorrosa, pero lo
más prudente es pasar un poco por encima, porque salvo unos cuantos, no tienen
especial relevancia en el transcurso global de lo que se cuenta.

 

Tratándose de una narración histórica,
con multitud de batallas, cercos de ciudades, y salvajadas innumerables, sobre
todo de los cristianos (no hay que olvidar el tipo de fuentes que se usan), el
relato se hace muy ameno por las mil anécdotas concretas de personas y de
acontecimientos. Algunas son verdaderamente jugosas. En general el libro se lee
con interés hasta el final y deja con las ganas de completar la información con
otro tipo de fuentes. Merece la pena dedicarle un tiempo.

Imagen de raranega

A pesar de ser el primer libro publicado por Maalouf, es el último que he leido de este autor. No me ha defraudado. Aunque al principio se hace uno un poco de lío con los nombres, enseguida entra en este relato apasionante, además narrado desde una perspectiva privilegiada. A mi parecer, cuenta de una manera lo suficientemente descriptiva, cómo emperazon las luchas por este terrotorio, y todos los abatares a lo largo de más de dos siglos. Es un libro que merece la pena leer.