Las Redenciones

Poemario de Carmelo Guillén Acosta, uno de los mejores poetas españoles vivos. Poesía experiencial o existencial, con un notorio acepto optimista y una pesencia de la misericordia trascendente, que eleva al hombre una y otra vez de su condición de criatura caída.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2017
96
978-84-17266-06
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Imagen de José Ignacio Peláez Albendea

Libro de cuarenta y ocho poemas de particular intensidad y vibración, y de gran poder emotivo...

Ha dicho algún crítico que es un libro “para estar leyendo”, porque vuelves una y otra vez sobre él, y encuentras nueva profundidad en cada lectura, nuevas ideas, nuevas luces. En esta nueva obra el poeta sevillano Carmelo Guillén Acosta ha transparentado su alma como él acostumbra, tomando ocasión de las menudas circunstancias de la vida. La mirada del poeta, podríamos decir mejor, la gracia que recibe el poeta, Gracia con mayúscula, le hace ver con una visión más alta y más luminosa estas circunstancias ordinarias y nos las presenta con una luz nueva, más hermosas, nos atreveríamos a decir, que “con los ojos de Dios”, como Dios mira a las personas y las cosas y ve que son buenas, o las purifica y las hace buenas…

Se nota que es un libro de mucha vida, de muchas horas de oración, y dice lo que dice:  que este mundo es nuestra heredad (ya lo decía san Juan de la Cruz) , que Dios lo dejó en nuestras manos para que lo trabajáramos; que es el lugar ordinario en el que o encontramos a Dios o no lo encontraremos nunca (san Josemaría); que en él nos redimió Dios a través de las obras de su Hijo (esas son las redenciones, a las que nosotros nos sumamos: hechos, obras, acontecimientos buenos y aparentemente menos buenos); que la madre siempre intercede por su hijo y carga ella con todo lo "malo" que haya podido hacer su hijo...

En Las redenciones hay una reflexión profunda sobre el dolor fecundo y redentor, sobre la libertad, sobre la necesidad de darse a los demás, sobre la presencia del demonio, sobre el valor de la vocación... y “todo todo todo ha ido surgiendo como dictado, sin saber yo cómo”, afirma el autor en unas declaraciones.

Desde el punto de vista formal, predomina el verso alejandrino, sobre el que el autor ha adquirido una gran maestría. Versos muy medidos, pero sin artificio ni encorsetamiento, de modo natural y casi sin notarse, cada acento está en su lugar, con una perfección formal de maestro. Hay musicalidad, aliteraciones, imágenes bellísimas…

Los títulos de los poemas son muy ilustrativos de por dónde camina el poeta y cuáles son ahora sus ocupaciones: Salmo 2, Invención del diablo, Escuchar el dolor, El mundo, Invitación al dolor, Madre dolorosa… Los frutos del dolor: Emoción, Fidelidad, Para lo que no valgo, Encuentro con la gracia, Más allá de mí mismo, El hijo pródigo, Imagen de la dicha, Gratitud. Vida de santa, Hodie et nunc, Piedad, Spes nostra, Resurrección, Tiempo nuestro, En frágil soledad, Ofrenda, La acogida, Hay gente mejor que yo, Bendición, Hay que poner el alma, Eucharistía, Donde no supe…

La edición es cuidadísima y de gran belleza plástica, como todo lo que edita Renacimiento: felicidades a los editores y enhorabuena al autor que ha escrito un poemario memorable. 

Imagen de cattus

Excelente poemario, fruto de la experiencia y de la reflexión sobre la existencia humana desde la perspectiva cristiana. La fe vivida, la doctrina de Jesucristo hecha biografía y poetizada a través de los recuerdos del autor, de la contemplación de la naturaleza como regalo del Creador y de los frutos de la relación más íntima del creyente con Dios, por la oración y los sacramentos, pero todo sin salirse de lo cotidiano, sino descubriendo la belleza del detalle, de la aparente monotonía de la vida corriente, y la alegría  de existir. Estilo sereno, en el que abundan los versos alejandrinos, los encabalgamientos y esa facilidad del Carmelo Guillén para introducir de vez en cuando el toque coloquial o popular, lo que da calor y color a sus poemas.