Los españoles en la historia

Ensayo sobre los rasgos de carácter del pueblo español y su influencia en la historia. El autor hace un seguimiento a la monarquía hispana desde el reino visigótico de Toledo. La invasión árabe y el largo proceso de Reconquista suponen un antes y un después en la historia de España. Los reinos peninsulares se multiplican e interactúan entre sí durante la Edad Media hasta llegar a su unificación en la Corona de España, con los Reyes Católicos. El autor aborda el posterior proceso de decadencia, las fuerzas disgregadoras de la unidad peninsular y la confontación entre "las dos Españas". Introducción de Diego Catalán.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1982
241
84-239-2101-8

Original de 1947.

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Menéndez Pidal publicó este ensayo en 1947, todavía recientes la II República y la Guerra civil. El autor elabora una tesis sobre el carácter español y su influencia en la historia. Según él, los rasgos del carácter español son sobriedad, idealismo e individualismo. Su tesis es que el carácter español ha propiciado altas cimas de prestigio (Roma, el reino visigodo y los Reyes Católicos) y momentos de decadencia. El español no es ni mejor ni peor que otros pueblos, lo han sido sus gobernantes en determinados momentos. Fijándose en el modelo de los Reyes Católicos, Pidal hace residir la grandeza de un país en la justicia e idoneidad de sus gobernantes.

El estudio se vuelve doloroso al tratar de "las dos Españas", una religiosa y conservadora, la otra progresista y, en ocasiones, revolucionaria. Ambas se niegan mutuamente el derecho a existir y asumen como programa político la destrucción del adversario. El autor pide abrir paso a las ideas nuevas y a las reformas, así como dejarse penetrar por las ideas de los demás hasta encontrar puntos de coincidencia. Evidentemente, esto es más fácil de decir que de hacer.

Por lo que se refiere a la unidad política, Pidal cita la II República española y la cuestión catalana. El autor afirma la existencia de España como un todo a lo largo de la Historia, y niega hechos diferenciales como la supuesta superioridad de las razas vasca y catalana respeto del español medio. En el aspecto cultural, recuerda como los reinos medievales eran bilingues: gallego-leonés, castellano-vascuence o catalán-aragonés. Nada obstaculiza que un Estado sea plurilingue si existe una lengua vehicular que facilite la comunicación e integración. Inicialmente esta lengua fue el latín y después, debido a las circunstancias históricas, fue el idioma castellano el que alcanzó la denominación genérica de "español" o lengua española.

El autor recuerda el "Compromiso de Caspe" (1412) por el que los reinos de Aragón, Valencia y el principado de Cataluña, de común acuerdo, eligieron como rey a un infante de Castilla. De la misma forma, en la Constitución de Cádiz de 1812 Cataluña, Vascongadas y Galicia manifestaron su voluntad de integración en la Monarquía española. Hoy deberíamos señalar la Constitución de 1978, por la que todas las regiones y nacionalidades de España volvieron a vincularse en una unidad política. Si de algo valen los largos siglos de convivencia y el respeto por la palabra dada, habría que aceptar dicha unidad y la normativa legal derivada de ella como algo que no se pone en duda. Sin embargo, señala Menéndez Pidal, nada empece para que se busquen nuevas formas de relación mutua basadas en las tradiciones históricas españolas.