Los felices días del verano

En este libro de memorias, que tiene muchos momentos a la altura de 'El Gatopardo', Fulco di Verdura describe su idílica infancia en la magnífica Villa Niscemi en un mundo y un tiempo inolvidables: la aristocrática Palermo anterior a la Primera Guerra Mundial. Fulco nos seduce con divertidas anécdotas de sus familiares (incluido su primo Giuseppe Tomasi di Lampedusa, precisamente el autor de 'El Gatopardo'), de sus excéntricos vecinos o de los animales con los que tanto disfrutaba junto a su hermana. El libro también retrata a la perfección el progresivo desarrollo de la sensibilidad de su autor, incapaz de olvidar sus correrías durante aquellos felices días sicilianos o la primera vez que fue a la ópera, la muerte de sus ancestros queridos, los jardines espectaculares que dora el sol, las lecciones de sus institutrices inglesas con los helados memorables o las fiestas más sorprendentes...

Todo ello perdura en el recuerdo del autor, de prodigiosa memorias, décadas después. Pero esa prosa evocadora sabe narrar a "accion" como el mejor novelista, sí que estas páginas no son sólo de la estirpe de Proust, sino que también nos hacen pensar en el Stendhal de las Crónicas italianas.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2019
249
9788416544998
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Fulco di Verdura, o Fulco Santostefano della Cerda, duque de Verdura y marqués de Murata la Cerda, fue un influyente joyero italiano. Nació en 1898 en Palermo, Italia. Y creció en un ambiente aristocrático. Durante esos años se desarrolló una vívida imaginación, un sentido del humor, y de amor por los animales que influiría en sus diseños de joyas.

Fue el último Duque de Verdura siciliano y primo del prominente príncipe Guiseppe Tomasi di Lampedusa, autor de El Gatopardo.

Los felices días del verano es un libro de memorias en el que Fulco describe a los distintos personajes que poblaron sus años de infancia y juventud: familiares, trabajadores domésticos, animales domésticos, los jardines, las viviendas de los aristócratas de Sicilia y los barrios de Palermo en los que se desenvolvía su vida.

Durante la primera parte el autor adopta un estilo satírico con el que se burla de los defectos de cuantos conviven con él. Poco a poco va suavizando las descripciones, de tal forma, que al final del libro nos encontramos ante un relato que deja en el lector una sensación de nostalgia y tristeza ante la pérdida de esa manera de vida propia de la aristocracia en Sicilia. Despierta en el lector añoranza por la pérdida de una sociedad que había mantenido su estatus durante dos siglos al menos.

El personaje principal, a parte del propio autor, es la abuela en cuya mansión habita Fulco, su hermana y su madre. Su padre vivía en otra finca de tipo agrario.

La abuela es quien organiza las fiestas y los eventos sociales durante el invierno y la primavera. Y quien organiza los viajes por Europa (Suiza, Alemania, Austria, Hungría, Francia) y por algunas ciudades italianas (Florencia, Venecia, Milán, Roma). Así pues, Fulco conoce la cultura y las lenguas como el francés, antes de ir al colegio.

La anciana abuela había perdido la fe católica lo que suponía un gran dolor para la madre de Fulco, su hija. Quizás sea la causa de la acritud con la que Fulco, el autor, describe a alguno de los clérigos que aparecen en la primera parte del libro. Igualmente se muestra crítico con la Iglesia como institución. Esta concepción le lleva a describir las costumbres cristianas de los habitantes de Sicilia, sus celebraciones y manifestaciones culturales influenciadas sin duda por la fe católica desde una perspectiva “pintoresca”, sin profundizar en el contenido religioso.

El libro termina con la muerte de la abuela y todas las implicaciones que tendrá en la familia de Fulco que dejará de vivir como aristócrata por la pérdida económica que supuso el reparto entre los tíos y la madre en el testamento.

No obstante, la educación recibida por el autor durante su infancia será una ventaja que le ayudará a desenvolverse en su vida en París y más tarde, en los Estados Unidos.