Los hijos de la luz

En 1778, en una tranquila ciudad de Baviera, una inquietante carta cae en manos del inspector de policía. Este fascinante caso descubrirá un complot nacido en las logias masónicas por la oscura sociedad de los Illuminati, un grupo inspirado por tratados de demonología, brujería y asesinatos. César Vidal deslumbra con una entretenida, trepidante y eléctrica novela ambientada en unos años llenos de claroscuros. Sin renunciar al rigor histórico, es un thriller a caballo entre la aventura y el mundo de lo real, pero sobre todo es un canto a dos de los bienes más preciados que tiene el ser humano: la amistad y la palabra.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2005
344
Valoración CDL
2
Valoración Socios
2.5
Average: 2.5 (8 votes)
Interpretación
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8 valoraciones

Género: 

Comentarios

Imagen de Rubito

Totalmente de acuerdo con las reseñas anteriores, sobre todo con Porto y csegade en cuanto a orientación de la crítica.
Solamente dar una pista al lector para que no empiece perdiéndose ya que el autor utiliza el sistema de intercalar sucesivamente capítulos de distintas épocas que, a lo largo de la obra, van confluyendo.
En 1775 en un pueblo de Baviera aparece un joven asesinado y sodomizado.
En 1787 en el mismo pueblo el comisario Kock recibe un extraño manuscrito que lo firma Espartaco.
En 1793 en Paris un tal Karl es expectador de uno de los sucesos más dramaticos de la historia de Francia.
Estas distintas fechas y lugares se alternan en capítulos sucesivos.

Imagen de JOL

La novela está ambientada en París, en pleno terror de la revolución francesa, y en Baviera. Enlaza dos historias que se siguen con cierta dificultad al principio, con la esperanza de que luego vayan encajando, como así ocurre. Sin embargo, no lo ha logrado con soltura en el primer tercio del libro; luego se puede seguir con más facilidad esta sórdida historia de masones. No creo que les guste mucho porque el autor les da un tratamiento parecido al que ha recibido el mundo cristiano en «El Código da Vinci». Aunque «Los hijos de la luz» resultará sin duda menos popular, porque no cuenta con poderosos grupos de presión ni con sociedades ocultas de bombos mutuos, refleja mejor una realidad oculta que llega hasta nuestros días.

La estrategia de los masones queda clara en la declaración cínica de Espartado que justifica el asesinato, la tortura y la violación: «¿Repugnantes? No, no creo que ésa sea la palabra exacta. Como mucho, se puede decir que fueron errores lamentables. Personalmente, creo que nunca deberían haberse cometido, pero no se puede cocinar con huevos sin romper las cáscaras. Nuestras metas, nuestros objetivos, nuestros propósitos son tan nobles que no quedan empañados, ni siquiera deslucidos, por acciones coyunturales» (389) ¿No suena a lo de que el fin justifica los medios? ¿Y de qué fin se trata aquí? De hacerse con el poder a toda costa engañando a la gente sencilla y forzando a los más preparados ¿Será de ayer o quizá de hoy?

No se puede negar el carácter moralizador o didáctico de esta novela pero es más verídica que otras actuales sobre esoterismo, con la diferencia de que aquí se habla de realidades y no de suposiciones. Para más información se puede leer la obra del mismo autor, titulada «Los Masones»; y para añadir documentación histórica a la obra de M. Introvigne, «Los Illuminati y el Priorato de Sión».

JOL

Imagen de Porto

Absolutamente de acuerdo con csegade. El capítulo XVI es, sin duda, una apología protestante descarada, que invita al enfado por la poca consistencia que tiene: lo mismo podría haber dicho un católico y quizá con más hondura. Ya es chocante que el único erudito del pueblo sea un protestante y que en general se trata con desdén todo lo católico. Muy sagaz la identificación del apellido con Lebeding.