Quimaira

Volterra es una ciudad de la provincia de Pisa, en la región de la Toscana, Italia. Toscana, Lacio, Umbría y parte de Campania fueron el territorio de Etruria. En todas esta zona existieron doce ciudades confederadas que supieron dominar en el península Itálica desde el siglo VIII al V a. de C. Tenían una lengua ajena al indoeuropeo y se dedicaban al comercio fundamentalmente, aunque también cultivaban la vid y el olivo. La mujer gozaba de mayor libertad y participaba en la vida ciudadana. Podía detentar la jefatura del clan familiar y transmitir la herencia, cosas impensables entre griegos y romanos contemporáneos. El arte etrusco nos ha legado esculturas en bronce tan famosas como la Quimera de Arezzo, la loba que amamanta a Rómulo y Remo y que es el símbolo de la ciudad de Roma, así como epitafios o estelas funerarias, esculturas sobre los sepulcros en las que se representa a la persona o a la pareja reclinados en sus camas, cerámicas… Se trata de una novela histórica, si atendemos a los datos y descripciones de los objetos de arte etruscos sobre los que se trama la acción: una inscripción en lengua etrusca -que tendrá que traducir Fabrizio-, un hipogeo cuya apertura acarreará la aparición de un monstruo (quimera) que matará a seis personas de la localidad.

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Volterra es una ciudad de la provincia de Pisa, en la región de la Toscana, Italia. Toscana, Lacio, Umbría y parte de Campania fueron el territorio de Etruria. En todas esta zona existieron doce ciudades confederadas que supieron dominar en el península Itálica desde el siglo VIII al V a. de C. Tenían una lengua ajena al indoeuropeo y se dedicaban al comercio fundamentalmente, aunque también cultivaban la vid y el olivo. La mujer gozaba de mayor libertad y participaba en la vida ciudadana. Podía detentar la jefatura del clan familiar y transmitir la herencia, cosas impensables entre griegos y romanos contemporáneos. El arte etrusco nos ha legado esculturas en bronce tan famosas como la Quimera de Arezzo, la loba que amamanta a Rómulo y Remo y que es el símbolo de la ciudad de Roma, así como epitafios o estelas funerarias, esculturas sobre los sepulcros en las que se representa a la persona o a la pareja reclinados en sus camas, cerámicas…

En una vitrina del museo de Volterra, se puede admirar una escultura etrusca que representa a un niño. Fabricio, un joven arqueólogo descubrió a través de unas radiografías de la estatua que en su interior había algo extraño, a la altura del hígado. Por eso decide continuar su investigación en Volterra.

En el museo conocerá a Francesca, otra investigadora que le ayudará incondicionalmente.

Se trata de una novela histórica, si atendemos a los datos y descripciones de los objetos de arte etruscos sobre los que se trama la acción: una inscripción en lengua etrusca -que tendrá que traducir Fabrizio-, un hipogeo cuya apertura acarreará la aparición de un monstruo (quimera) que matará a seis personas de la localidad.

También podríamos apuntar que se trata de una novela de acción porque la investigación y el desenlace llevan al lector a desplazarse por la región, en la búsqueda del hipogeo, de una estela funeraria en la que se encontrará la solución para liberarse de una bestia asesina, un palacio en cuyos sótanos se descubrirá una tumba etrusca adornada de bellos frescos y con la escultura sobre el sarcófago del matrimonio que la ocupó. Crímenes y labores policíacas para intentar descubrir al autor de los saqueos ilegales de tumbas etruscas primero y de los asesinatos más tarde.

La quimera es un constructo de la imaginación. Pero el hombre del siglo XXI, tras haber recorrido el siglo XIX en el que el cientificismo y el materialismo han campeado por doquier, no está pronto a admitir, ni en una novela, que pudieran existir estos seres fantásticos, al menos, con la prontitud que otros lectores u oyentes de las composiciones de la antigüedad aceptaban que en dichas narraciones apareciesen, cíclopes, dioses de los cielos, de las profundidades de los mares, etc. Así que la quimera también quedará constreñida al silencio de las personas que fueron testigos directos de los crímenes.

El protagonista, Fabrizio, también sufre la imposición de una concepción hedonista de la vida y de las relaciones entre el hombre y la mujer. No se plantea ni la más mínima duda en cuanto al uso de anfetaminas como medio para superar el cansancio en su tremenda acción para solucionar el conflicto de la novela. Será, tal vez, una concesión al criterio del marketing, pero que podría no mencionarse y la novela mantendría igualmente su nivel de acción e indagación histórica. Y además ganaría en cuanto valor histórico pues hay costumbres que por ineducadas o perjudiciales para el ser humano, no perduran o cambian en el tiempo.

Salvo estas dos concesiones (el hedonismo en cuanto al sexo y la indiferencia moral en cuanto al uso de anfetaminas), la novela resulta atractiva, bien construida. El lector la leerá con gusto y se sentirá implicado, en cierto modo, en la solución de los crímenes.