Territorio Comanche

“Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas,  y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando”.

Sinopsis de la  contraportada

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1997
125
978-84-7895-073

Original de 1994.

2017
144
84-845-0263-0
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Imagen de enc

Recuerdos del autor sobre sucesos en los que ha estado presente como corresponsal de guerra. Menciona a los corresponsales españoles y extranjeros que ha tenido ocasión de conocer. El relato comienza y termina mientras espera, junto al cámara Márquez y una intérprete, la voladura de un puente en la Guerra de Bosnia (1992-1995). No es un relato de tesis, ni está innecesariamente dramatizado, pero el autor aprovecha para afirmar que ninguna guerra es digna ni moral.

Su lectura es de interés para aquellos que piensan que la corresponsalía de guerra puede ser una actividad atrayente. Al contrario, de élla decía Manuel Leguineche que se le aplicaban las tres D: "Desequilibrados, divorciados y dipsómanos". No es cuestión de copiarla entera, pero encontramos una excelente síntesis en la solapa del libro que comienza diciendo: "La vida de los corresponsales de guerra está contínuamente amenazada. Pueden ser blanco de un francotirador aburrido, tropezar con una granada de mortero, pisar una mina olvidada, encontrarse con una bala que no tenía destinatario o reventar haciendo una entrevista. Viven al límite, entre cadáveres y niños agonizantes...".

El autor se burla de aquellos que asoman la nariz y se van corriendo a escribir libros o dar conferencias sobre lo que es la guerra, y se indigna con los que preguntan si el ruído que se escucha de fondo son disparos de verdad. El libro se lee de un tirón y, pese a la costumbre que tiene Pérez-Reverte de utilizar solecismos o palabras malsonantes, la rapidez y objetividad de la narración impiden que lo haga con tanta frecuencia como en otras ocasiones. En este sentido es legible.

Imagen de pepo

Un reportero de guerra relata su vivencia en la guerra de los Balcanes y a fe que consigue que el lector se meta en el ambiente. Se trata de una acción muy concreta en un lugar muy concreto y en un relativamente corto espacio de tiempo durante el cual, mientras espera que se desarrolle la acción bélica que interesa para "contar", recuerda otros episodios vividos por él o por otros compañeros. 
Decía que el autor sí consigue ambientar la situación pero creo sobrarían bastantes explicaciones y diálogos detallados con juramentos, groserías e imprecaciones que el lector ya se podría imaginar sin necesidad de tanta precisión.