Un adolescente en la retaguardia

Cuando estalló la guerra civil española, el autor tenía quince años y estudiaba en el monasterio benedictino del Pueyo (Barbastro), con el deseo de ingresar más adelante en la orden. Cayó prisionero y fue testigo del martirio de todos los monjes de aquella abadía. Después estuvo en Barbastro, en Caspe, en Lérida..., hasta que pudo regresar a Lumbier, su pueblo, cuando la guerra estaba a punto de acabar.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
213
978-84-7490-778

memorias de la guerra civil, contadas por un adolescente.

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Imagen de pepo

Relata la interrupción de una carrera vocacional religiosa -entre los años 1936 y 1939 de la guerra civil española- de un joven aspirante benedictino que superando tremendas vivencias, es fiel a su vocación y espera su momento para ingresar en la orden al final de la contienda.

Aunque literariamente hablando no es brillante pues es como un diario escrito a merced de la inspiración, llama la atención el ambiente bélico y sobre todo el religioso.

 

 

Imagen de jtejero

Es un libro impresionante. No llegas a imaginar que la realidad de la guerra es tan tremenda. Te ayuda a entender algunas cosas de la Guerra Civil y a desear no vivir nunca en un país en guerra.
Me ha chocado, o tocado mucho, el espíritu que había antes de crisitanismo. Ahora ya no hay tanto, y la gente rezaba muchísimo.

Imagen de albion

Extraordinario. Leí una crítica de De Prada que terminaba diciendo: "No dejen de leer este libro excepcional; nunca me lo agradecerán suficientemente". Seguí su consejo y, efectivamente, nunca se lo dejaré de agradecer. Una historia sublime envuelta en la sencillez de la vida de un adolescente y en la del estilo literario de su autor (no llega ni a "estilo literario": es mucho más espontáneo, casi unos recuerdos a vuelapluma) .

Imagen de cattus

Este es uno de los relatos más impresionantes que he leído sobre la guerra civil española. Se trata de los recuerdos escritos por un monje benedictino que, cuando estalló la contienda, tenía quince años y estudiaba con otros jóvenes en el monasterio del Pueyo (Barbastro), con idea de ingresar más adelane en la orden. Fue testigo del martirio de todos los monjes de aquella comunidad y del obispo de la diócesis de Barbastro, entre otras víctimas. Estuvo preso en esa ciudad hasta que consiguió trasladarse a Caspe, donde trabajó en el Casino. De allí, huyó con una familia hacia Fraga y Lérida. En Poal, pueblo ilerdense, fue acogido por una familia maravillosa hasta que pudo regresar a su pueblo, Lumbier, y reunirse con sus padres y hermanos al terminar la guerra. Poco después, ingresó en el monasterio benedictino de Valvanera.
El relato tiene la fuerza de lo vivido, pero lo más impresionante es la fe del protagonista, que, a pesar de todo lo que vio y sufrió, jamás odia, siempre trata de perdonar y de comprender, siempre busca cómo ayudar, y encuentra en su calvario a personas realmente maravillosas que tratan de ayudarlo. Le duelen tanto las atrocidades de anarquistas y de comunistas como los bombardeos de la aviación franquista sobre la población civil...
El ejemplo de la heroica muerte de los monjes del Pueyo le arrastra a imitar su caridad hasta el extremo. En estos momentos en que tanto se habla de memoria histórica, éste es un libro imprescindible, que marca la pauta de lo que debe ser la auténtica reconciliación entre unos y otros.