Un árbol crece en Brooklyn

Brooklyn, Nueva York, año 1912. Francie, de once años, es hija de una joven de origen austriaco, seria y trabajadora y de su marido, tan encantador como informal. Escrita con estilo sobrio, lleno de matices expresivos, la obra, muy bella, narra la lucha contra la pobreza de la pequeña y de su madre, dos caracteres bastante parecidos, y la tenacidad con que superan los problemas. La atmósfera narrativa refleja tanto oscuros rincones de sufrimiento y tristeza como ángulos luminosos de esperanza y afecto.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2008
512
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.7
Average: 3.7 (10 votes)
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Imagen de Azafrán

Betty Smith, pseudónimo de Elisabeth Whener, justifica el realismo de su novela valiéndose de su alter ego, Francie Nolan. La niña muestra una gran aptitud para la redacción y por lo tanto recibe varios sobresalientes en lengua inglesa. Pero su maestra no entiende el repentino cambio de temática en sus trabajos: pasó de describir la belleza, el locus amoenus de la retórica renacentista, con la grandilocuencia del modernismo, a la descripción fiel de su sórdida realidad, tras la muerte de su padre, Johnny Nolan. El desconcierto y enfado de su maestra supuso una decepción para la chiquilla quien rompió sus anteriores trabajos y decidió dejar de escribir. (Cfr. Páginas 333-336)
La novela reúne algunas características del realismo decimonónico imperante en Europa a finales del XIX y comienzos del XX: el empleo de un narrador omnisciente que va aclarando las intenciones de los personajes o que permite adelantar acontecimientos o retomar y aclarar la interiorización que los personajes realizaron de situaciones pasadas.
Pero aparecen otras características de nuevas corrientes literarias: el llamado monólogo interior cuyo creador, el irlandés James Joyce, publicó El Ulises en 1922. El monólogo interior consiste en entrecomillar párrafos que se corresponderían con lo que el personaje está pensando. Evidentemente el lector no tendría ninguna posibilidad de conocer el pensamiento del personaje. De esta manera se puede acceder al conocimiento directo del pensamiento de uno o varios personajes, obviando la intervención del narrador omnisciente. En los últimos capítulos de Un árbol crece en Brooklyn, es dónde se concentra esta técnica narrativa.
Otra característica de la novela realista es el maniqueísmo, la división de personajes buenos y malos. Muchas novelas realistas se concebían como una tesis para demostrar al lector que el personaje bueno y el personaje malo obraban siempre de acuerdo a unos parámetros de conducta y, consecuentemente, sufrían o triunfaban.
Un árbol crece en Brooklyn no es una novela de tesis en cuanto a la división de personajes entre buenos y malos. Realmente los personajes son buenos a pesar de sus notorios defectos. Pero sí es una novela de tesis en cuanto presenta a lector la concepción americana de que el trabajo y la vida ordenada conducen al éxito. Por eso podríamos afirmar que es una novela con notables valores didácticos para los jóvenes. Muy aconsejable para el segundo ciclo de ESO.
En la página 181 encontramos la concepción que la autora tiene de lo que debe ser la escuela: Cuando algún niño se portaba mal, no lo enviaban al despacho del director, sino al cuarto de Jenson –el conserje- para que él le diera un sermón. Él nunca regañaba a los niños. Les hablaba de su hijo menor, que era el pitcher del equipo de béisbol de los Dodgers; les hablaba de la democracia y de la mejor manera de ser un buen ciudadano, y de un mundo mejor donde cada uno trataba de hacer todo lo posible en beneficio de todos. Después de la charla con el señor Jenson, se podía contar con que aquel niño no seguiría dando problemas.
El estudio de la evolución cultural y social de los inmigrantes europeos que conformaron la nación en los primeros años del siglo XX es un valor añadido. El árbol, una especie invasiva procedente de Taiwán, resistente a todas las agresiones, inclusos las humanas, refleja la lucha que aquellos inmigrantes tuvieron que mantener por sobrevivir y mejorar sus paupérrimas condiciones de vida.
La fe y el trato con Dios –en este caso católica porque se trata de familias provenientes de Austria e Irlanda- también refleja una evolución social: desde la abuela, Mary Rommely, analfabeta que recomienda la Biblia protestante mientras mantiene una piedad muy firme; la tía Evy, también analfabeta, que lleva a sus hijos a la escuela dominical protestante por el mayor prestigio social, a pesar de ser católicos; hasta Francie, la protagonista, cuyas dudas sobre la existencia de Dios reflejan la rebeldía adolescente ante la dureza de la vida y la realidad de la muerte, y, ante los planteamientos que el conocimiento científico comienzan a plantear al hombre del siglo XX. Francie, a pesar de las dudas, de su rebeldía, sigue manteniendo pidiendo ayuda a Dios hasta el final de la novela.
Las relaciones sexuales y el matrimonio también aparecen a lo largo de la novela, reflejo del amplio abanico que encontramos en la sociedad de principios del siglo XX, en EEUU.
A lo largo de la novela aparecen situaciones de acoso infantil, juvenil y en el mundo de los adultos, tratadas siempre con elegancia. La concepción del matrimonio, tabla de salvación de la mujer soltera con una vida familiar difícil –carencias afectivas, maltrato, serias dificultades económicas- llevaba a muchas adolescentes a creer en la primera oferta de matrimonio. El engaño, la maternidad fuera del matrimonio, la tremenda crítica social, era el destino de muchas de aquellas crédulas jovencitas.
Hay dos verdades –empezó Katie-. Como madre te diré que habría sido terrible que te acostaras con un extraño, un hombre que conocías desde hacía sólo dieciocho horas. Te habrían podido pasar cosas horribles. Tu vida entera habría podido destruirse. Como madre, te digo la verdad. Pero, como mujer… te diré que habría sido maravilloso. Porque sólo una vez se quiere de esa manera. (Cfr. 476)
Un párrafo que plantea la disyuntiva irreconciliable entre el amor humano dentro de un proyecto de vida y una relación pasional momentánea.
La novela comienza con una niña de 11 años, Francie Nolan, que disfruta de la lectura en un balcón de la tercera planta. Un balcón al que también han llegado las ramas del único árbol en un patio, o en una calle de Williamsburg, en Brooklyn. El tiempo de la novela es prácticamente lineal: una vez que el lector se ha situado en el contexto de Francie a los once años, la novela da un salto al pasado y nos enteramos de los orígenes de las dos familias, una alemana y otra irlandesa, que dos generaciones antes llegan a Brooklyn. La narración evoluciona hasta que volvemos a encontrar a esa niña y a su familia y continúa, lentamente hasta que Francie cumple 17 años, momento que se corresponde con 1917 en la historia de EEUU.

Personajes
Familia materna:
Mary Rommely y su satánico esposo
Evy y su esposo Willie el “inútil”
Sissy y su “John”, en realidad Steve, el tercer marido
Katie Rommely Nolan
John Nolan, irlandés, cantante y borracho
Neeley hermano y Laurie hermana nacida tras la muerte del padre
Francie Nolan, protagonista del relato
Señorita Garnder, su maestra quien critica sus sórdidas redacciones
Mc Garrity propietario del bar donde canta John Nolan
Señor Jeson, conserje de la escuela de Francie
Ben Blake, joven inteligente y trabajador que propone una relación de amistad y “algo más en el futuro” a Francie
Lee Rhynor, joven de 21 años que propone a Francie una noche de pasión a las dieciocho horas de haberla conocido
Toda una serie de vecinos y compañeros de escuela y trabajo.

Imagen de Artemi

La familia Nolan es encantadora, Francie una niña cuya vida se desarrolla entre libros, juegos y... trabajos para llevar algunos dólares a casa. Sí, Francie tiene que trabajar y estudiar a la vez. Loa avatares domésticos de esta familia son tan cotidianos y normales como extraordinarios y heroicos. Las tías, el padre, John, un poeta de la vida y... un borracho, Neley, su hermano, y su amigo, Kattie, una madre tan heroica como singular. En fin, una novela fantástica en la que todos los personajes que aparecen, con sus miserias tan evidentes y defectos tan grandes, son maravillosos. ¿El tema del libro? Todo lo resume la cita que hace de pórtico del libro:

"Un árbol crece en Brooklyn. Algunos lo llaman el árbol del Cielo. Caiga donde caiga su semilla, de ella surge un árbol que lucha por crecer. Crece en solares delimitados por tablas, entre montones de basura abandonada. Es el único árbol que crece en el cemento. Crece exhuberante... sobrevive sin sol, sin agua, hasta sin tierra, en apariencia. Podríamos decir que es bello, si n o fuera porque hay tantos de su misma especie".

Imagen de juliana

Es una narración muy detallada de la vida de una familia que emigran a los EEUU. La autora describe la pobreza een la que se desenvuelve esta familia pero también resalta la bondad de cada una de ellas.

Imagen de wonderland

En un momento de esta novela la protagonista, la niña Francie, tiene una entrevista con una de sus maestras a propósito de unas redacciones que la niña ha escrito. La maestra le dice que no se debe de escribir de cosas reales y mucho menos sórdidas; que la belleza está en otros temas mucho más delicados. Francie, que había contado en esas narraciones algunos episodios de su vida en Brooklyn, decide no volver a escribir, pues ella piensa que la auténtica literatura es la que parte de las experiencias más humanas, por muy duras que sean. Francie vive en un barrio humilde de Brooklyn; su padre, excelente personaje, padece un intermitente alcoholismo que hace estragos en su vida; la madre, Katie, una luchadora tenaz, no ceja en su empeño de sacar su familia adelante, a costa de su propio descanso. Pero Katie lo tiene claro: sus hijos asistirán a la escuela y tendrán la posibilidad de cambiar de vida. Esa constancia se transmite a sus hijos, que aprenden con las aristas de la vida, con el hambre y las numerosas dificultades, mientras descubren en la escuela y en la lectura la existencia de otros mundos y sentimientos. Puede pensarse, con estos ingredientes, que estamos ante la típica historia de niña de familia pobre contada con el tono empalagoso de algunos de estos relatos. Y no es así, ni mucho menos. La historia es ésa, pero la narración desprende verosimilitud por todos sus poros. Los personajes principales y secundarios son de carne y hueso; no se ahorran temas espinosos, que son tratados con un eficaz realismo; la autora critica la situación de las escuelas a principios de siglo y la indiferencia de muchas de las maestras; la pobreza provoca a veces deprimentes y deshumanizadas escenas, etc. Pero todo esto junto, más la tranquila descripción de la vida cotidiana del barrio –sus tiendas, entretenimientos, fiestas, oficios...–, entretejen la vida de Brooklyn, lugar que para la autora encierra la clave de aquellas existencias. Casi al final del libro, cuando Francie se dispone a cambiar de residencia, la autora resume así los sentimientos de la protagonista: “Era una muchacha de Brooklyn, con un nombre de Booklyn y la forma de hablar de Brooklyn. No quería convertirse en un mosaico de trocitos de piedra traídos de aquí y de allá”.