Autobiografía

El autor nos ofrece un relato parcial de su vida, que es simultáneamente un tratado de ética individual y social. Está compuesta de cuatro partes redactadas en distintos momentos.

En el siglo XVIII las siete colonias norteamericanas de la corona británica comenzaban a constituirse como comunidades políticas autónomas. Los recién llegados eran disidentes religiosos del anglicanismo y estaban inspirados por un cierto rigorismo moral. En ese ambiente, Benjamín Franklin se presenta ante sí mismo y ante sus conciudadanos como un paradigma de moral racional y humanística, no religiosa. Simultáneamente se ocupa de su prosperidad personal y colectiva de las colonias.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2012
231
978-84-376-2982-7

Original de 1818. Introducción de Javier Alcoriza.

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El padre del autor, Josiah Franklin, inconformista, emigró a Nueva Inglaterra en 1682. Tuvo diez y siete hijos de dos matrimonios sucesivos y Benjamín fue el antepenúltimo, nacido en Boston en 1706. Josiah Franklin fue fabricante de jabón y de velas. Su numerrosa familia no le permitió proporcionar largos estudios a sus hijos. A los doce años Franklin comenzó a trabajar como aprendiz de impresor, profesión de la que siempre se sintió orgulloso. También le permitiría con el tiempo publicar un periódico con el que difundir sus ideas.

Franklin tuvo una importante ansia cultural que le llevó a leer mucho y a esforzarse por escribir con propiedad. Fundó con otros jóvenes un club al que denominaro el Junto, con la pretensión de alcanzar la verdad sobre cuestiones morales, políticas y de filosofía natural y científica. Durante un viaje a Europa, cuando solo tenía veinte años, -escribe- "elaboré un plan para regular mi conducta futura en la vida" (pág.101). "Me convencí de que la verdad la sinceridad y la integridad eran de la mayor importancia para la felicidad de la vida" (pág.108).

Había recibido formación en el presbiterianismo, pero lo abandonó para convertirse en deista, creyente filosófico no adscrito a ninguna confesión. "Nunca dudé -señala- de que el servicio más agradable a Dios era hacer el bien al hombre y que todo crimen será castigado y toda virtud recompensada aquí o en el más allá" (pág.133). A pesar de su confesado deismo sus principios religiosos son de lo más piadoso; así cuando escribe que "el culto debe consistir en la adoración, oración y acción de gracias" (pág.148). Aun así no frecuentaba el templo y deseaba que su método para adquirir la virtud fuese utilizado por individuos de todas las religiones.

Con el paso de los años -continúa- "concebí el proyecto de llegar a la perfección moral, sin cometer falta alguna". Para ello relaciona ciertas virtudes: 1.Templanza. 2. Silencio. 3. Orden. 4. Resolución. 5. Frugalidad. 6. Industria. 7. Sinceridad. 8. Justicia. 9. Moderación. 10. Limpieza. 11. Tranquilidad. 12. Castidad. 13. Humildad (págs.135-136). Se propone avanzar en ellas, abordando cada una consecutivamente durante una semana, examinándose de las faltas cometidas contra ella. Curiosamente afirma que debe permitirse a sí mismo algunas faltas al tratar con sus amigos, para no resultar ridículo queriendo parecer perfecto (pág.143).

Recomienda hacer de la literatura un trabajo ético antes que estético (pág.43). Durante años su imprenta publicó un almanaque con el que pretendía llevar a los hogares consejos filosóficos y prácticos. El estilo que utiliza el autor es  el llamado estilo llano, fácilmente legible y comprensible. "De mi periódico -añade- excluí cuidadosamente todo libelo que, en los últimos años, han resultado tan dañinos para nuestro país" (pág.151). Da la mayor importancia a no discutir, ya que afirma que "las personas disputadoras, discrepantes, suelen ser desgraciadas en sus asuntos. A veces alcanzan la victoria, pero nunca logran la buena voluntad que les sería mucho más útil" (pág.185). 

En la tercera parte hace una crítica de los partidos y los individuos que los integran, afirmando que cada uno aspira a sus propios intereses, lo cual genera confusión y que "pocos actúan en los asuntos públicos por el mero bien de su país" y "aun menos por el bien de la humanidad" (págs.147-148). Dado su temple y objetividad le fueron encargados a Franklin múltiples servicios en el sector público, alguno tan peculiar como el de general en la guerra contra los franceses al que luego renunció a favor de un profesional.

En conclusión, la Autobiografía de Franklin es un compendio de moral individual y pública poco sistemático, pero útil para los que todavía creen en una ética natural. "Una fe -recuerda el autor- no exenta de cargas y deberes" (pág.41).