La prisionera de Teherán

No se trata de una novela sino de un hecho hisórico. En el año 1982 se declaró la guerra contra Irak. El nuevo régimen del ayatolá Jomeini transformó al país
en unfruto del Coram, llevado hasta sus últimas causas.
La protagonista católica, se enfrenta en el escuela junto con sus compañeros a la nueva formación y por este motivo son condenados a muerte. Después de pasar por la carcel y ver todo tipo de "penurias"

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2008
256
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Imagen de JOL

La muy joven iraní Marina Nemat maduró con los graves sufrimientos y sobrevivió contra todo pronóstico a la siniestra cárcel de Evin. El cambio de régimen por la revolución de Jomeini no mejoró las cosas en Irán sino que fueron a peor, y peor por poner la religión como tapadera, cosa que todavía sigue allí y en otros países islamistas.

La fuerza de voluntad de Marina y la conciencia de su dignidad le permitieron sobrevivir. Su actitud está apoyada en el sentido cristiano de la persona y de la vida. La salvó a costa de aceptar un matrimonio impuesto a los dieciocho años con Alí, uno de sus carceleros, y de convertirse a la fuerza al Islam. Afortunadamente para ella su vida no se extinguió en esa prisión sino que pudo liberarse -y esta obra cuenta cómo pudo ser- hasta rehacer su vida en Canadá, donde vive actualmente.

En estos tiempos de confusión, de clamor por la falta de libertad religiosa en muchos países, especialmente en los sometidos al Islam, y de convivencia e incluso de matrimonios de cristianas con musulmanes, la dura experiencia de Marina Nemat se suma a otras muchas, para invitar a la reflexión y valorar lo que tenemos como cultura, libertades y religión cristiana. A pesar de los pesares tendríamos que dar gracias, trabajar, ser responsables y apoyar a los que luchan por conquistar la libertad en otros países.

No es una obra furibunda ni rencorosa sino con humanidad y esperanza, escrita para que el mundo conozca el sufrimiento, las torturas y la falta de libertad en países como Irán, Irak, Pakistán, Arabia y otros sometidos al Islam, que eso significa la palabra. Puede abrirnos más lo ojos, apoyar a quienes sufren discriminaciones o la muerte por ser cristianos, y así conquistar cada día nuestra libertad.

Imagen de Azafrán

Quizás ayude recordar que el Imperio Persa, bajo el reinado de Darío, abarcaba la actual Turquía, incluso la Turquía Europea, la parte sur de la actual Bulgaria, la península de Crimea –hoy Rusia-, todos los países que conforman la península de Arabia y la costa norte del continente africano –desde Marruecos hasta Egipto-, así como Afganistán, Paquistán y parte del norte de la actual India. El Imperio Persa controlaba el comercio de la seda y de las especias. Construyó, en el siglo V antes de Cristo, la primera gran carretera que unía el extremo norte de Turquía con el sur del actual Irán. De sus monumentos arquitectónicos quedan los restos de Persépolis, conservados y defendidos por sus habitantes con sus propios cuerpos ante el avance de los carros de combate enviados por los "defensores del Islam".
Una amalgama tan extensa y variada de culturas suponía una variedad casi infinita de formas de vivir y de formas de creer y rezar. Los habitantes del Imperio Persa pertenecían a distintas concepciones de vida y creían en distintos dioses. Hasta que en el siglo VII después de Cristo, los seguidores del Islam comenzaron su "guerra santa" y forzaron conversiones para hacer desaparecer todo lo que no fuese "su credo" en el vasto territorio que el Imperio Persa aunó siglos atrás.
Marina Nemat nos cuenta su propia experiencia. Un testimonio de una joven de instituto que protestó porque en las clases de matemáticas o de biología se explicaba el Corán. Y la directora denunció a Marina y a las amigas que se unieron a su protesta. Como consecuencia, los guardias revolucionarios –Hezbolá- la torturaron para obtener alguna información. Fue acusada de rebeldía y conspiración y condenada a muerte.
Pero uno de los guardias revolucionarios se enamoró de su fortaleza de ánimo y cambió la máxima pena por una "cadena perpetua": debería renunciar a su familia, a su novio, a su fe de cristiana ortodoxa. Se convertiría en la esposa de un musulmán bajo la amenaza de revancha contra su familia.
Marina accedió. No podría haber hecho otra cosa. Su marido le presentó a su familia. Todos la rodearon de atenciones y de comprensión. Su marido empezó a comprender que torturar para defender a Dios no tenía ningún sentido porque "Dios no necesita protección. Solo digo que la violencia no genera más que más violencia. No conozco la solución, pero sé que matar no es la respuesta" (pág. 236)
Porque su marido albergaba bondad en el fondo de su corazón terminó por aceptar la crítica que Marina le hacía y por presentar su dimisión como dirigente de la prisión de Evin, ante el gobierno de Jomeini. El cambio en su manera de pensar le costó la vida y Marina, como viuda de un musulmán no podría casarse con un cristiano, como lo era su anterior novio.
La lucha de Marina por mantener sus creencias y su forma de ver la vida, su gusto por la lectura y su interés por aprender serán la característica que mejor la define.
Quizás resulte un poco difícil creer que Marina pudiera escapar de un régimen tan estricto y tan duro siendo mujer; la fidelidad de su novio y la aceptación de las circunstancias que la rodeaban. Lo realmente cierto es que los habitantes del antiguo Imperio Persa, los iranís actuales, padecen esta realidad. Y sus mujeres tienen que vivir en circunstancias mucho más difíciles que las narradas en esta novela.

Imagen de juliana

Se trata de un retazo de la historia contemporánea que hemos vivido y pensado las brutalidades que se podrían haber cometido. Pero en ningún momento ha habido una persona que haya vivido en esos años y en esas circunstancias que haya contado con tanto realismo, su historia.
Vemos de nuevo el radicalismo y el sufrimiento de tántas gentes.