A prueba de fuego

La aventura americana de Rafael Guastavino, un arquitecto español en Nueva York.

Nueva York 1881: en uno de los barrios más populares malviven el pequeño Rafaelito y su padre, Rafael, un reputado maestro de obras valenciano que lucha por demostrar su talento en la gran urbe. Lo acecha la ruina absoluta. Pero gracias a su genio infatigable, ese hombre alcanzará fama y fortuna al construir los edificios emblemáticos que han dado su perfil a Nueva York. Javier Moro nos presenta al singularísimo Rafael Guastavino, un auténtico genio de la construcción que deslumbró a los grandes magnates norteamericanos, conquistados por las técnicas que empleaba en sus obras para evitar los incendios, el mayor mal de las megalópolis del siglo XIX. Tuvo una vida jalonada de éxitos: de su estudio salieron construcciones tan «neoyorquinas» como la Estación Central, el gran hall de la isla de Ellis, parte del metro, el Carnegie Hall o el Museo Americano de Historia Natural.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2020
402
9788467060256
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Imagen de Azafrán

Javier Moro reivindica la labor del arquitecto valenciano Rafael Guastavino Moreno en los EEUU de la segunda mitad del siglo XIX.

No llega suficientemente a la gente de la calle, los triunfos de los españoles de ciencia o de los grandes ingenieros o arquitectos. Rafael Guastavino Moreno fue un emigrante empujado por su situación personal que desarrolló aplicaciones de la bóveda catalana en América, en una época en la que partes de Boston y de Chicago ardieron en devastadores incendios. El arquitecto español supo hacerse presente con una solución barata e ingeniosa, además de bella. Por si fuera poco, las bóvedas de Guastavino eran ignífugas como el propio arquitecto demostró en New York donde prendió fuego a una de sus construcciones ante numerosos colegas y la prensa americana. El incendio provocado le dio a conocer y empezó a recibir contratos como el de la Biblioteca de Boston.

Javier Moro lleva al lector a través de la vida azarosa de este joven imaginativo, con escasos conocimientos empresariales que vivió la ruina económica en varias ocasiones y que finalmente triunfó. Hay más de mil construcciones abovedadas en los EEUU que se deben a su ingenio y conocimiento del arte de la construcción.

Como en toda vida, en la vida de Guastavino también existió su lado oscuro: una vida desordenada en lo afectivo que le llevó a perder a su mujer y a la primera amante y que también estuvo a punto de dinamitar su relación con su novia mexicana Francisca con la que terminó casándose. Javier Moro describe la situación que padecía la mujer durante el siglo XIX, dependiente del dinero que el hombre pudiera darle. La mujer estaba prácticamente ausente del mundo laboral. Todo lo más aparecía como secretaria en las empresas de los grandes magnates de la industria.

Las mujeres eran poco más que objetos decorativos en las oficinas. De la vida laboral estaban ausentes y su actividad se constreñía al hogar. Guastavino tuvo mujer e hijos con una española adoptada que heredó una gran fortuna. Puso su matrimonio a prueba manteniendo una doble vida con la viuda de uno de sus obreros fallecido en accidente laboral. Se fue a los EEUU con la viuda y sus dos hijas y el hijo habido fuera de su matrimonio. Pronto la viuda retornó a España con las dos hijas y dejó a su hijo, Rafael Guastavino Expósito con su padre en América.

El autor utiliza la voz de ese hijo, Rafael Guastavino Expósito, para desentrañar los secretos de la vida profesional y personal del arquitecto Rafael Guastavino Moro. Así pues, el lector va descubriendo, al mismo tiempo que el niño va creciendo el mundo de su padre. Es un punto de vista que coincide con la realidad pues el padre se llevaba al niño a todas las obras que realizaba con la intención de que adquiriese experiencia en el oficio y además para que le sirviese de intérprete pues el niño aprendió pronto el inglés.

No todos fueron triunfos en la educación del hijo. El desequilibrio afectivo en el que se desenvolvió la vida de Rafael Guastavino Expósito le llevó a vivir experiencias poco gratificantes. Pero todo esto lo descubre el lector a medida que progresa en la lectura de A prueba de fuego.