Monte Carmelo

Moderador: Ángel Cabrero

Próxima tertulia: 17 de enero de 2020

Septiembre, 2019

Un caballero en Moscú

Towles, Amor

Condenado a muerte por los bolcheviques en 1922, el conde Aleksandr Ilich Rostov elude su trágico final por un inusitado giro del destino. Gracias a un poema subversivo escrito diez años antes, el comité revolucionario conmuta la pena máxima por un arresto domiciliario inaudito: el aristócrata deberá pasar el resto de sus días en el hotel Metropol

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De los comienzos más originales que recuerdo. Y luego la descripción de la cultura rusa desde los años 20, los personajes, las historias vividas por el protagonista, así como su proceso de maduración personal. Toda la obra revestida de un tono de humor que se agradece en una novela no precisamente corta. 

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Me hablaron, en pocas palabras, del argumento de este libro. Si no hubiera sido porque ya había oído varias opiniones muy positivas, no lo hubiera leído. Porque el contenido me parecía demasiado forzado para escribir una novela de quinientas páginas. Pero la realidad es que la novela engancha en todo momento; el protagonista, el conde, recluido de por vida en su hotel, se hace amable y atrayente, aún cuando pueda parecer en algún momento un poco histriónico. Los demás personajes que van apareciendo, los trabajadores más cercanos del hotel y los que terminarán siendo de hecho su familia, son atrayentes, amables. Y la historia -en un principio un tanto absurda- termina apareciendo creíble… en una novela, claro. Entretenido, creo que cuando se conoce ya suficientemente al personaje ya no dejas el libro, bien escrito, y con un planteamiento histórico político de interés, se entiende que haya tenido éxito y no deja duda de que el autor ha construido una historia ciertamente original.

Sugerente, una historia de confrontación de dos modos de vida, con crítica para las dos partes, pero sobre todo para el sistema marxista. Amena e incluso divertida en algunos momentos. Leer atículo 1 >>, leer artículo 2 >>

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Buena novela, bien escrita y bien estructurada. Los hechos transcurren en un hotel de Moscú, salvo el final, y, sin embargo, el autor, con sus descripciones, con un buen cúmulo de personajes variopintos y con algunas sorpresas que cogen al lector desprevenido, logra que ni el interés ni el ritmo decaigan, Además, es un recorrido por la evolución de Rusia, desde la Revolución bolchevique hasta la Guerra Fría, y una crítica inteligente del sistema. También ofrece un buen alarde de detalles gastronómicos.

 

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Estupenda novela. De lo mejor que se ha publicado últimamente. Con fina ironía, ingenio y mucho humor, Amor Towles nos traslada a la Rusia de la primera mitad del siglo XX de la mano del conde Aleksandr Ilich Rostov, un aristócrata al que el Comité de emergencia del comisariado político de asuntos internos conmuta la pena máxima a condición de tener que vivir encerrado, el resto de su vida, en el lujoso hotel Metropol, ubicado entre la Plaza Roja y el Teatro Bolshói; “si vuelve a poner un pie fuera del Metropol, será ejecutado”, le advierten antes de ser conducido hasta allí. La razón de tan “benévola” decisión la encontramos en un poema atribuido al conde, escrito en los años posteriores a la fallida revolución de mil novecientos cinco, y por el que algunos miembros de los estamentos superiores del Partido lo consideran uno de los héroes de la causa prerrevolucionaria, aunque posteriormente hubiese “sucumbido irrevocablemente a las corrupciones de los de su clase”, representando, por ello, en 1922, una amenaza para los mismos ideales que antaño supuestamente había defendido.

Desde ese momento la historia toma como escenario el hotel Metropol, adoptando un tono que recuerda al de las antiguas comedias de enredo; aunque, como se descubre a medida que avanza el relato, sea mucho más que eso. Dado que la novela transcurre a lo largo de más de treinta años, la duda que sus primeros capítulos le pueden suscitar al lector es si Towles podrá mantener ese tono cuando haya de enfrentarse a la represión y la campaña de terror sin precedentes desatada en la Unión Soviética al final de la década de 1930, y en concreto entre 1937 y 1938, durante la llamada Gran Purga o Gran Terror, pero lo cierto es que lo logra y con admirable maestría.

Dos son los consejos que daría el conde a quien se los pidiese. El primero, que si uno no domina sus circunstancias, se expone a que las circunstancias lo dominen a él y el segundo, que la señal más clara de sabiduría es la alegría constante. Consejos que, de forma concienzuda, lleva a la práctica a lo largo de las más de quinientas páginas de la novela. El conde se sobrepone con garbo a las condiciones de vida que se le imponen. La amistad, el amor a la cultura, la entrega a los demás, el desasimiento de todo lo material le ayudan a sobrellevar los años de ese peculiar arresto domiciliario, hasta el punto de que lo que en principio podría haber conducido a cualquier otro a la más absoluta desesperación, a él, sin embargo, lo convierte, como le dijo su amigo Mishka, en el hombre más afortunado de toda Rusia.

Plagada de referencias a la mejor literatura rusa, a la música y al cine clásico (qué presente está Casablanca en los últimos capítulos…), y con unos secundarios que tanto nos recuerdan a los de Dickens, la novela es un canto de amor a la cultura, a la amistad, a los pequeños detalles de cada día, que se convierten para quien sabe valorarlos en pequeños placeres. Y es, por encima de todo, un canto de amor a la libertad, asentado sobre la base de que podrá llegar quien te prive de cuanto tienes e incluso te recluya de por vida entre cuatro paredes, pero que ni en las circunstancias más adversas, nunca nadie podrá arrebatarte, si tú no lo consientes, ese enorme espacio de libertad que todos atesoramos en nuestro interior.

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Una narración agil y profunda con un alto contenido irónco e inteligente que te mantiene con interés a pesar de su medio millar de páginas. Un aristócrata ruso, Alexander Roscov,  vuelve a su país desde Paris cuando ya está instaurada la revolución. Se instala en el hotel más cosmopolita que hay, el Metropol y a los cinco años lo detienen y lo someten a juicio. Debido a un poema revolucionario que escribió no lo condenan a muerte sino a permanecer recluido de por vida en el hotel en una pequeña habitación. A partir de ahí suceden numerosos acontecimientos, anécdotas y aparece una larga galería de personajes que de diversos modos van recreando la vida de Rusia en esos años. Siempre bajo la miradad de un auténtico caballero de la nobleza. Se conjugan la comedia, el drama e incluso la accción con un final que no desmerece en nada todo el relato.